¿En qué ciudades de España el carril bici funciona de verdad?
Aunque la movilidad sostenible constituye una prioridad recurrente en las agendas municipales, no todas las ciudades la ponen en práctica.
Madrid-
En contra de la creencia popular, las bicicletas son para todo el año. Pero, eso sí, necesitan una infraestructura acorde para poder ser utilizadas. Sobre todo en entornos urbanos, donde el tráfico rodado y la presencia de peatones hacen que su integración haya resultado históricamente complicada. Al menos en España, un país que durante muchos años miró a los pedales con desdén. Básicamente, reduciendo la bicicleta a un mero juguete infantil; o el medio de transporte de aquellas personas que no podían costearse un coche.
Sin embargo, las dos ruedas se han demostrado un modo ideal para los desplazamientos en ciudades. Es barato, eficiente y sostenible. Además, a diferencia de lo que ocurre en el centro de Europa, dónde paradójicamente está mucho más extendido, la mayoría de España poseen una climatología, a priori, más favorable para ir en bicicleta. Sin embargo, no son muchas las grandes ciudades que han apostado de verdad por este método de transporte.
En 2025, el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología de la Unión Europea decidió recuperar el índice Copenhagenize que evalúa la calidad ciclista de cada ciudad en base a una serie de baremos que se pueden resumir en tres grandes categorías: infraestructura, acceso democrático y apoyo institucional. España no salió especialmente bien retratada en la foto, aunque sí que hay algunas ciudades que han logrado destacar positivamente.
Vitoria-Gasteiz
La capital vasca se precia en ser “la ciudad de las bicicletas”, tal y como dice en su propia página web, siendo su apuesta por la movilidad sostenible una pieza clave que le llevó en su momento a ser nombrada capital verde europea en 2012. Un título del que todavía hacen gala, y que vehícula gran parte del urbanismo vitoriano. En total, Vitoria-Gasteiz cuenta con 180 kilómetros de carril-bici, siendo una de las redes más extensas de todo el Estado, además de más de 16.000 plazas de aparcamiento para bicicletas.
Esta infraestructura le ha llevado a ser la única ciudad española incluida dentro del top-30 del índice de Copenhagenize. Todo ello en un municipio, sobre el papel, poco proclive con este método de transporte, tanto por sus frías temperaturas en invierno como por las colinas que rodean el casco histórico.
Sevilla
En el extremo opuesto se encuentra Sevilla, una ciudad fundamentalmente llana que, además, posee unos inviernos muy suaves en lo climatológico (no durante el verano, eso sí, en el que las altas temperaturas pueden hacer complicado el pedalear). La capital andaluza también cuenta con una extensa red de carril-bici, aproximadamente unos 200 kilómetros, que en su día le colocó a la vanguardia europea. De hecho, dentro del índice Copenhagenize llegó a ocupar el cuarto lugar en 2013.
Sin embargo, desde entonces, ha sufrido un caída libre (en 2025 ocupó el lugar número 52). La asociación ciclista A Contramano ha denunciado en varias ocasiones la degradación que sufre la red sevillana, lo que ha implicado en un descenso notable de usuarios en los últimos años.
Valencia
Valencia ha logrado situarse como la segunda ciudad española según el índice Copenhagenize gracias, sobre todo, a sus 225,7 km de carriles bici, 46,89 km de ciclocalles y 22.958 plazas de aparcabicis. Evidentemente, se trata de una ciudad a priori muy agradable para recorrer sobre dos ruedas, con temperaturas suaves en el invierno, más de 300 días de sol al año y prácticamente llana en toda su extensión.
En el lado negativo, la asociación València en Bici ha denunciado las restricciones que existen a la intermodalidad entre la red de ferrocarriles y la bicicleta, denunciando la escasez de plazas que existen para que los ciclistas puedan montarse en los trenes de cercanías.
Barcelona
Igual que sucede con Valencia, Barcelona es, a priori, una ciudad ideal para moverse en bicicleta. Su condición de ciudad costera, bañada por el Mediterráneo, le asegura un clima agradable durante casi todo el año, además de ser llana en gran parte (obviamente Montjuic es una montaña). Según el Ayuntamiento, la capital catalana cuenta con 268 kilómetros de carril-bici, además de las llamadas zonas 30, esto es calles en las que la velocidad está restringida para favorecer la convivencia entre bicicletas y vehículos motorizados.
En Barcelona está prohibido anclar la bici a árboles o al mobiliario urbano. Por ello, se debe aparcar la montura en uno de los 39.000 puntos de estacionamiento que existen en la calle (que poseen forma de U invertida), o en los establecimientos subterráneos Bicipark (aproximadamente unas 600 plazas que, eso sí, son de pago).
Zaragoza
Zaragoza es una ciudad llana en su gran mayoría, aunque eso sí con un contraste extremo en su climatología. Tremendamente calurosa en verano, y con unos inviernos caracterizados por las bajas temperaturas y un viento que puede dificultar el pedaleo. Aún así, su apuesta por la bicicleta como medio de transporte en los últimos años es notable. Actualmente, la capital aragonesa cuenta con unos 160 kilómetros de carriles-bici, además de unos 60 kilómetros de ciclocarriles y vías pacificadas.
La joya de la corona, no obstante, es su servicio de Bizi, el sistema público de bicicleta compartido que fue renovado en 2025 por una flota 100% eléctrica y asistida. Este posee una gran implantación en la ciudad, con unos 45.000 usuarios con abono anual. El gran pero de estas bicicletas se encuentran en sus neumáticos, no obstante, ya que una gran cantidad de usuarios y asociaciones han señalado que no poseen un agarre óptimo sobre suelo mojado, lo que ha dado pie a varias caídas (incluida la de Jorge Pueyo, diputado de las Cortes de Aragón por Chunta Aragonesista).
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