Más allá de Venecia y Ámsterdam: cinco ciudades donde sus canales dictan la vida
El acceso al agua es fundamental en el asentamiento de toda ciudad, aunque en estas cinco adquiere un protagonismo incluso mayor.

Zaragoza--Actualizado a
El agua dota de una personalidad única a las ciudades. Ya sea el mar, un río o un lago, por norma general estas se articulan en torno al líquido elemento y hacen de él su principal bandera. Algo que todavía queda más marcado en el caso de los canales, que pasan a convertirse en la columna vertebral de las mismas por ser, al mismo tiempo, vía de transporte y un método para controlar el agua.
Sin duda alguna, no hay ciudades más asociadas a los canales que Ámsterdam y, sobre todo, Venecia. De hecho, cuando otra localidad cuenta con estas infraestructuras, rápidamente se le bautiza con el sobrenombre de la Venecia de X (sustitúyase por el país o área geográfica). Sin embargo, la realidad es que existen otros muchos municipios que se caracterizan por la presencia del agua junto a sus calles, y que tienen un encanto y personalidad tan propias que merecen ser reseñados.
Brujas (Bélgica)
De hecho, Brujas es una de las ciudades europeas más bonitas que existen. Su casco urbano medieval, perfectamente conservado, hace que sea objeto de visita de millones de visitantes al año. Hasta el punto que, eso sí, comparte con Venecia la condición de estar tremendamente masificada. No obstante, si nos ceñimos únicamente a su disposición urbana, no se puede negar que los canales son el elemento que le otorga un carácter especial.
De hecho, como suele ocurrir, su centro histórico de estilo gótico se construyó alrededor del agua, ya que los canales eran utilizados en la Edad Media como vías de comercio. Es por ello que, en la actualidad, la mayoría de edificios más fotogénicos se encuentran bañados por el líquido elemento. Así, el eje de la ciudad es el canal Dijver, que atraviesa el corazón del casco antiguo y conecta con rincones emblemáticos como el famoso muelle del Rosario. Además, en sus orillas se encuentran, entre otros, el museo Groeninge o el museo Arentshof.
Hamburgo (Alemania)
La ciudad libre y hanseática de Hamburgo vive de cara al mar. De hecho, cuenta con el mayor puerto de Alemania y el tercero en Europa en tráfico de contenedores. Pero más allá de su carácter portuario, que sin duda alguna está incrustado en su ADN, el agua forma parte intrínseca de su fisonomía. No en vano, está asentada en la unión de los ríos Elba, Alster y Billey. Por ello, cuenta con más de 2.400 puentes, más que Londres, Venecia y Ámsterdam juntas. También, claro, numerosos canales.
Concretamente, Hamburgo cuenta con 17 canales históricos, esto es aquellos que dependen de las mareas, a los que se han de sumar más de 20 que son artificiales. Esto es, una omnipresencia del líquido elemento que no se puede disociar de la fisonomía de la ciudad. Especialmente en la zona de Speicherstadt, el barrio de los canales por excelencia. De hecho, su nombre se puede traducir como ciudad de almacenes y dice mucho de su papel histórico. Concretamente, se construyó entre 1883 y 1927 como una zona franca dentro del puerto para almacenar y comerciar mercancías. De ahí que la presencia de los canales fuese tan importante. Actualmente se trata de una de las zonas de la ciudad más visitadas, pues en 2015 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Suzhou (China)
Suzhou, situada en en la provincia de Jiangsu, al este de Shanghai, es una ciudad marcada por sus canales. Lo es desde hace más de 2.500 años, cuando comenzó a desarrollarse la extensa red que actualmente le da forma. De hecho, ya en el 514 a.C. se desarrollaron una serie de canales paralelos a las calles terrestres, en lo que se conoce como diseño de doble cuadrícula. Aunque, sin duda alguna, si hay un elemento que vertebra la metrópoli es el Gran Canal de China, finalizado en el 618 d.C. y que actualmente atraviesa la ciudad a lo largo de 96 kilómetros.
Como no podía ser de otra manera, la gran mayoría de estos canales se encuentran en el casco histórico de la ciudad. Concretamente a la zona aledaña a la calle Pingjiang, la cual discurre de manera paralela al canal principal y es la zona más representativa de cómo fue Suzhou atrás en el tiempo. No en vano, se encuentra flanqueada por casas tradicionales de paredes blancas, tejados grises, puentes de arco y sauces llorones. El otro gran punto de interés es el canal Shantang, conocido como la primera calle de Suzhou y que actualmente destaca, sobre todo, por el continuo tránsito de barcas durante el día y su iluminación con farolillos rojos por la noche.
Xochimilco, Ciudad de México (México)
Xochimilco, dentro de la inabarcable Ciudad de México, es un rincón que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987 como reconocimiento a su intrincado sistema de canales. Uno de los últimos vestigios de la ingeniería agrícola prehispánica, sobre la que se fundó la antigua Tenochtitlan. Concretamente, se ordena a través de chinampas, unas islas artificiales rectangulares tremendamente fértiles gracias a la constante disponibilidad de nutrientes y humedad. Los espacios de agua entre chinampa y chinampa dieron origen a la red de canales, que mantenía la tierra irrigada por capilaridad constante y permitía obtener hasta cinco cosechas al año.
Actualmente, Xochimilco resiste como uno de los lugares más pintorescos gracias a la presencia de las trajineras, las barcas tradicionales de la zona las cuales suelen estar decoradas con colores vivos. Además, es el hábitat natural endémico del ajolote, un anfibio caducado que se ha convertido en uno de los grandes símbolos de México. De todos los lugares que se pueden visitar, destaca la llamada isla de las muñecas, una chinampa repleta de muñecas viejas colgadas de los árboles como ofrenda según la leyenda popular local.
Estrasburgo (Francia)
Estrasburgo es una ciudad fronteriza, con todas las particularidades que ello supone. En sus calles conviven el legado germánico con el francés, creando un ecosistema único cuyo resultado se asemeja mucho a la estética de la que bebió Walt Disney para crear su imaginario. Y en el corazón de la ciudad, como no podía ser de otra forma, el agua posee un gran protagonismo. De hecho, su red hidrográfico-urbana es parte troncal por el que su casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
De hecho, el centro monumental de la ciudad se encuentra en la llamada Gran Isla de Estrasburgo, una isla urbana rodeada por el río Ill por un flanco y por el canal de Faux-Rempart por el otro. No obstante, el gran barrio emblemático es Petite-France, un entramado de canales fluviales salpicado por construcciones tradicionales de madera y calles empedradas. Sin duda alguna, la zona más icónica de la ciudad, por ser la viva representación del imaginario alsaciano. Actualmente, se trata de un área completamente peatonal y que destaca por su amplia oferta gastronómica.



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