Si Noruega es tu próximo destino, estos son los imperdibles que no salen en las guías
Noruega es el destino deseado de muchos viajeros, aunque los circuitos turísticos solo muestran una parte.

Madrid-
Noruega es un nombre habitual en la lista de destinos pendientes de muchos viajeros. Sobre todo, por sus paisajes salvajes. Una mezcla de agua y naturaleza que dibuja una tierra inhóspita en sus puntos más septentrionales. De hecho, el 98,6% del país se encuentra deshabitado. Así, su particular fisionomía hace que, eso sí, la visita no sea sencilla. De ahí que el típico pack siempre sea el mismo: crucero por los fiordos y, como mucho, paradas en Oslo y Bergen como ciudades más importantes.
Visitar los fiordos desde el agua posee su sentido, pues es la mejor manera de observar toda su magnitud. De hecho, es la única manera de tener una perspectiva real de su escala, así como de acceder a algunos puntos de interés como glaciares o grandes cascadas. Al fin y al cabo, el moverse por tierra no siempre es posible, por lo que el agua se convierte en el medio de transporte predilecto, también, para los propios noruegos. Aun así, la mayoría de circuitos turísticos se saltan algunos puntos de interés que bien merecen una visita. Aunque antes, un pequeño disclaimer.
Cuándo viajar a Noruega: ¿invierno o verano?
Visitar a Noruega en verano o en invierno implica plantear dos tipos de viajes muy distintos. Por ello, antes de elegir fecha, es importante saber qué se quiere ver. Básicamente, el verano (de junio a agosto, aproximadamente) es el momento ideal para hacer senderismo. También para explorar por carretera y, sí, los consabidos cruceros por los fiordos. Así, existen varios puntos de interés que solo son accesibles durante los meses más cálidos, pues es cuando se producen los deshielos y gran parte del país queda expuesto. Además, los días son prácticamente interminables debido a la latitud en la que se encuentra.
Por contra, el invierno restringe severamente la movilidad en Noruega. La temperatura promedio es de -6,8 grados centígrados, aunque varía sensiblemente según la zona, y en la zona del círculo polar Ártico apenas sale el sol. No obstante, son muchos los que deciden viajar en estas fechas por un único motivo: la aparición de auroras boreales. Todo un espectáculo de la naturaleza que potencia aún más lo que es ya un paisaje de cuento.
Una vez realizado el disclaimer, y teniendo en cuenta que la mayoría de parajes naturales solo son accesibles en los meses más cálidos, estos son los puntos de interés en Noruega que suelen quedarse fuera de los circuitos multitudinarios.
Senja
Senja es la segunda mayor isla de Noruega y en ella se concentran la mayoría de atractivos del país, por ello se la apoda Noruega en miniatura. Destaca, sobre todo, su perfil montañoso, compuesto por auténticas murallas de roca oscura que contrastan con sus aguas turquesas y playas vírgenes. Entre sus atractivos imprescindibles figuran el ascenso a la afilada cresta de Segla, el mirador geométrico de Tungeneset sobre la cordillera dentada de Okshornan y tranquilas aldeas marineras como Husøy o Mefjordvær. En esencia, se asemeja enormemente a las célebres Islas Lofoten, pero con la ventaja diferencial de no sufrir la misma masificación turística.
Aunque no es un destino únicamente veraniego, la época del año en la que se visita condiciona la experiencia de sobremanera. No en vano, los senderos de altura solo son accesibles en verano, además de ser los únicos meses en los que su paisajística carretera nacional se puede transitar con facilidad. En invierno, la isla permanece abierta y se convierte en uno de los mejores santuarios del Ártico para avistar auroras boreales, hacer esquí de travesía y contemplar paisajes nevados sobre el mar.
Fiordo Hjørund (Hjørundfjorden)
Hjørundfjorden es un brazo de 35 kilómetros del Storfjorden que se adentra de forma abrupta en el corazón de los Alpes de Sunnmøre, considerado por muchos geólogos y montañeros como uno de los fiordos más imponentes y puros de la costa occidental. Destaca por estar flanqueado por paredes de roca casi verticales y cumbres que rebasan los 1.500 metros sin apenas bancales habitables en sus orillas. A diferencia del célebre y concurrido Fiordo de Geiranger o del masificado Nærøyfjord, Hjørundfjorden ha quedado prácticamente al margen de las rutas de megacruceros turísticos. Por ello, conserva una atmósfera de aislamiento que retrotrae al viajero hasta el siglo XIX.
El fiordo se puede visitar durante todo el año, aunque como es evidente solo durante el estío se puede maximizar todo su potencial senderista. No en vano, en los meses más cálidos es cuando funcionan los ferris de pasajeros que conectan las pequeñas orillas, que el resto del año se encuentran aisladas. En invierno, el fiordo es accesible por mar y presenta una belleza sobrecogedora debido a la nieve que se acumula en sus altas cumbres.
Archipiélago de Vega
El Archipiélago de Vega está formado por más de 6.500 islas, islotes y arrecifes situados frente a la costa de Helgeland, en el norte del país. Se trata de una zona declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Destaca por preservar la tradición ancestral de construir pequeñas casetas y refugios de madera para que los patos eíder salvajes aniden protegidos de los depredadores, a cambio de recolectar de forma respetuosa su valioso plumón cuando abandonan el nido. Este paisaje cultural recuerda al aislamiento costero de las islas Shetland o las Orcadas, ofreciendo un entorno llano salpicado de aguas poco profundas, faros solitarios y ricas colonias de aves marinas.
A nivel turístico, se trata de un destino estrictamente veraniego. Durante estos meses los ferris desde el continente tienen frecuencias diarias constantes, los centros de visitantes, cafeterías y museos locales abren sus puertas y las condiciones meteorológicas permiten navegar con seguridad entre islas. Además, cuenta con varios atractivos para los aficionados a la aventura tales como espectaculares vías ferratas, que incluyen un impresionante puente colgante sobre el océano, senderos litorales que discurren entre playas vírgenes de arena blanca o unas aguas calmas perfectas para deportes acuáticos como el kayak.
Carretera costera Fv17 (Kystriksveien)
La posibilidad de hacer un road trip por paisajes casi alienígenas es otro de los grandes atractivos de Noruega. Entre las muchísimas posibilidades que ofrece el país, una de las menos comunes es la carretera costera Fv17, también llamada Kystriksveien. En total, 650 kilómetros entre las localidades de Steinkjer y Bodø a través de la costa de Helgeland. Se trata de un recorrido para realizar a un ritmo pausado, pues incluye seis travesías en ferry para poder esquivar los fiordos. En concepto se asemeja a la famosa Carretera del Atlántico (Atlanterhavsveien), pero mientras esta última es un tramo corto de puentes de apenas ocho kilómetros, la Fv17 es una expedición de varios días que cruza en mar abierto la línea imaginaria del círculo polar Ártico.
A lo largo del camino se descubren maravillas naturales como el glaciar Svartisen (el segundo más grande del país), la cadena montañosa de Las Siete Hermanas y Torghatten, la famosa montaña de granito perforada de lado a lado por una colosal cueva natural accesible a pie. Aunque la carretera está abierta todo el año, no es recomendable recorrerla con fines turísticos en invierno. El tiempo estándar para hacer todo el recorrido, con sus paradas pertinentes para disfrutar del paisaje, es de cuatro a seis días.
Røros
Røros es una histórica ciudad minera de cobre fundada en el siglo XVII, enclavada en una meseta del interior montañoso cerca de la frontera sueca y protegida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Destaca por conservar de manera intacta su trazado urbano original con cerca de un centenar de casas, talleres y granjas de madera oscura construidas hace tres siglos, muchas de ellas cubiertas con tejados de turba viva sobre los que crece hierba.
Curiosamente, Røros es una visita más interesante en los meses de invierno que en verano. No en vano, el manto de nieve que la cubre durante la época más fría le ofrece un halo mágico extra, ofreciendo una postal tradicional nórdica a quienes se atreven a visitarla (las temperaturas pueden llegar a rondar los -20 grados). Durante el mes de febrero se celebra la histórica feria tradicional Rørosmartnan, a la que campesinos y comerciantes llegan en trineos tirados por caballos.




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