Por qué deberías hacer un diario en tu próximo viaje (y cómo empezar hoy)
En un mundo acelerado, parar y reflexionar sobre lo que está ocurriendo en el momento siempre es una buena idea.

Zaragoza-
¿Qué es viajar? En una época en la que las distancias se han acortado sensiblemente y la exposición en redes sociales se ha convertido en un asunto central, la pregunta es más pertinente que nunca. Para muchas personas, el hacer las maletas se convierte en un acto performativo. La búsqueda eterna de la foto perfecta para Instagram o el short idílico de Tiktok. En realidad, su óptica no es muy diferente de la de quienes hace años viajaban con la Lonely Planet en mano tratando de tachar el máximo de ítems posibles, sin importarles muy bien el cómo. En ambos casos, se toma como un trabajo o una obligación.
Es curioso porque, para la gran mayoría, viajar es algo que solo se hace de vacaciones y, por ende, debería servir de desconexión de la rutina. Un paréntesis mental de las preocupaciones del día a día. Una actividad que, encima, entronca con uno de los grandes anhelos humanos histórico: conocer qué hay más allá. En este caso, poder experimentar de primera mano paisajes, culturas y gastronomías que nos son ajenas.
Por qué llevar un diario de viajes: los beneficios según la ciencia
Por ello, más allá del imán ocasional, de un viaje lo que se atesoran son experiencias y recuerdos. Momentos únicos que intentamos capturar para siempre. Aquella fue la razón de ser que impulsó a los turistas a inmortalizar vivencias en forma de fotos, sobre todo a raíz de la democratización de la fotografía que supusieron las cámaras compactas. La evolución tecnológica permite ahora acaparar cientos de imágenes en el teléfono móvil, también vídeos. Es por ello que, quizá, ha llegado el momento de echar la vista atrás.
Se dice que una imágen vale más que mil palabras, pero no es verdad. Los beneficios terapeúticos de la escritura están muy bien documentados por la ciencia, habiéndose probado que ayuda a lidiar con la depresión, reduce los síntomas de la ansiedad, alivia el estrés y es útil para aquellas personas que sufren estrés post-traumático. Pero, además, aplicado a un viaje, escribir es la mejor manera de solidificar lo vivido e integrarlo en nuestra memoria como una experiencia mucho más personal.
Cómo escribir nos ayuda a recordar mejor nuestro viaje
Los psicólogos Fergus Craik y Robert Lockhart explicaron en su obra Niveles de procesamiento (1972) que la retención de un recuerdo depende de la profundidad con la que se procesa el estímulo. En ese sentido, el escribir sobre el viaje es un ejercicio que exige de por sí una reflexión que permita estructurar ideas y, en definitiva, poner palabras a lo vivido. Un esfuerzo cognitivo activo que ayuda a que la huella de memoria sea mucho más duradera.
De hecho, la neurociencia ha descubierto que los recuerdos no funcionan como archivos inmutables guardados en un disco duro. Aunque con salvedades, el cerebro funciona más como la memoria RAM de un ordenador. Esto es, cada vez que recordamos algo, en realidad se está haciendo un proceso dinámico de reconstrucción de lo ocurrido. Es por ello que, el escribirlo, es una manera de intervenir en ese proceso, añadiendo matices emocionales con las palabras que elegimos volcar en el papel.
Esto encaja con lo que Norman J. Slamecka y Peter Graf denominaron en 1978 el efecto de generación. Su investigación demostró que la información producida activamente por la propia mente se recuerda de forma notablemente superior a aquella que se recibe o consume de manera pasiva. Por eso, el diario convierte al viajero en el creador activo de su propia memoria. No es el gesto automático de tomar una foto con el móvil, sino que exige un esfuerzo generativo que fija el recuerdo de forma profunda.
Generar momentos únicos
De hecho, escribir el diario del viaje puede convertirse en un recuerdo en sí mismo. Al fin y al cabo, cuando se está fuera de casa no siempre se cuenta con las condiciones idóneas para llevarlo a cabo, ya sea por falta de tiempo o de un espacio idóneo. Generar ese momento que permita ordenar los pensamientos y volcarlos sobre el papel supone, entre otras cosas, echar el freno en una actividad, los viajes, que en muchas ocasiones se ha convertido en un sprint perpetuo.
Hay tantas cosas que ver, tanto sentido de urgencia por aprovechar el tiempo al máximo que, en ocasiones, hacer un paréntesis es imprescindible. No solo eso, sino que poder pasar unos 20 minutos en una cafetería local, simplemente observando a la gente mientras se escribe lo que ha sucedido en el día, genera una perspectiva única del lugar que se está visitando. Quizá, porque es la única manera de romper la paradoja del viajero, que quiere sumergirse en la cultura local pero termina aislado en una burbuja para turistas.
Cómo empezar un diario de viajes paso a paso
El diario de viajes no tiene un formato específico, aunque es mejor si se puede llevar en papel. Está probado por la evidencia científica que escribir a mano activa redes neuronales y procesos cognitivos más complejos que pulsar teclas en un teclado. Esto es porque, al ser un proceso más lento y menos mecánico, la escritura manual nos suele obligar a sintetizar mejor, lo que al mismo tiempo nos ayuda a solidificar los recuerdos mejor.
Además, desde un punto de vista terapéutico, tambén está probado que la escritura manual genera una mayor regulación emocional. Algo que no es baladí en un contexto estresante como lo es en muchas ocasiones un viaje, sobre todo aquellas rutas itinerantes que incluyen varios cambios de localidad (y de país) en pocos días.
Pero, por si fuese poco, el llevar un diario físico también permite añadirle mayor fantasía y, por ende, explorar la creatividad. Porque un diario no solo son palabras en un papel, también pueden ser fotos pegadas, billetes del tren que tomaste para ir a ver no sé qué, subrayados de colores, un dibujo de un momento específico vivido… El límite es la imaginación, aunque si se va a ir más allá, siempre es mejor contar con un cuaderno con papel de gramaje alto que pueda soportar nuestros experimentos artísticos.
Qué escribir antes del viaje
Todo viaje comienza días (o meses) antes de tomar el tren o el avión: cuando se elige el destino. Es en ese momento cuando se desata la planificación, que ya forma parte del ritual. Este también es el tiempo idóneo para iniciar el diario, siendo la decisión del lugar al que vamos a ir una perfecta primera entrada. En ella se puede desarrollar, entre otras cosas, por qué hemos seleccionado ese sitio, qué objetivos tenemos en el viaje, nuestro estado anímico respecto al mismo, etc.
Otras posibles entradas en el diario, antes incluso de partir, pueden ser la lista de equipaje, aquello que hemos aprendido sobre el destino, qué rutas o itinerarios pensamos seguir…
Cómo mantener el diario mientras estamos de viaje
Una vez en faena, el diario de viaje debe ser el lugar en el que reflexionar sobre cómo ha ido el día estando en ruta. Para asegurarse la constancia, una buena práctica es incluirlo junto a algún tipo de ritual diario ya establecido, como por ejemplo: escribir el diario junto al primer café de la mañana, en la pausa de después de comer o al llegar al alojamiento por la tarde, después de haber realizado todas las visitas programadas por el día.
Además, en caso de que se produzca algún hueco, es importante aceptarlo. En muchas ocasiones es mejor que queden uno o dos días sin reflejar, que intentar llenarlos a posteriori sin recuerdos frescos en la memoria.
Los estilos de escritura son muchos y variados, e incluso se puede experimentar con uno u otro dentro de un mismo diario. La clave aquí es la libertad y, sobre todo, poder expresar las vivencias. Tan válido es quien decide reflejar unos pocos puntos de lo que más le ha llamado la atención como quien necesita volcar párrafos y párrafos en escritura automática. Las entradas en el diario, eso sí, deberían ir precedidas por la fecha y el lugar en el que se escribió. Sobre todo para contextualizar mejor cuál era el momento del viaje en el que nos sentíamos de ese modo.
Un asunto clave es mostrar sinceridad en el diario, lo que incluye añadir también los pasajes negativos. Un viaje también es cansancio, frustración y alguna mala experiencia acumulada. Negar esa parte para intentar para intentar construir un relato idílico no solo desvirtúa la experiencia, sino que le resta autenticidad. Al fin y al cabo, lo que en el presente se vive como un contratiempo o un mal trago suele convertirse, con el paso del tiempo y un poco de perspectiva, en la mejor anécdota del viaje y en el recuerdo más imborrable.
Al terminar el viaje
Una vez en casa, llega el momento de escribir el epílogo: una última reflexión para contrastar cómo empezó la aventura. Es también el espacio para rematar collages, pegar entradas olvidadas en los bolsillos y ordenar las últimas notas. En un mundo donde miles de fotos se pierden en la nube y acaban sepultadas por el algoritmo, ese cuaderno físico permanece como un testimonio honesto, palpable y único de lo que de verdad significó aquel viaje.







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