Rutas por el norte de España para hacer en autocaravana
Viajar con la casa a cuestas tiene sus ventajas: entre ellas aprovechar las infinitas posibilidades que ofrece el norte de la Península Ibérica.

Zaragoza-
La autocaravana es prácticamente un rasgo de la personalidad. Existe una serie de personas para las que este método de transporte es su preferencia absoluta a la hora de hacer un viaje. Una forma de vida, prácticamente, cuyos beneficios son muchos y variados. Eso sí, sobresale uno de entre todos ellos: la libertad de movimiento casi absoluta que ofrece. Sobre todo si se compara con otras formas de viajar mucho más encorsetadas. La legislación actual permite pernoctar en cualquier lugar en el que esté permitido estacionar dicho vehículo, siempre y cuando no se acampe allí. Por ello, el margen de maniobra que otorga es tremendo.
Evidentemente, eso no es óbice para que no exista una planificación de base sobre la que poder realizar pequeños cambios sobre la marcha. Es decir, no se trata de pura improvisación, sino de contar con una ruta prefijada que sea maleable según las circunstancias o, simplemente, lo que más nos apetezca hacer en cada momento. A ese respecto, el norte de España reúne varias de las características que hacen a un viaje en autocaravana ideal: alternancia de playa y montaña, una belleza paisajística sin paragón, gran oferta gastronómica y cultural y, además, unas carreteras de las que se disfrutan conduciendo. Por ello, aquí van algunas de las rutas más interesantes en esta zona de la Península.
El Pirineo aragonés a través de sus cuatro comarcas
La provincia de Huesca ha sido elegida como el mejor destino de aventura por los World Travel Awards. Un reconocimiento que se explica, en gran parte, por la presencia de los Pirineos, el gran patrimonio natural de la zona y una frontera natural con Francia. Administrativamente, la parte aragonesa de la cordillera se reparte en cuatro comarcas: Jacetania, Alto Gállego, Sobrarbe y Ribagorza. Por ello, la mejor manera de descubrirlas es recorrerlas en autocaravana, en un viaje donde la carretera se convierte en hilo conductor del paisaje. Hay que tener en cuenta que, en los meses de invierno, gran parte de la zona permanece nevada, por lo que la primavera, el verano y el inicio del otoño son las épocas más adecuadas para disfrutar plenamente de sus parajes evitando la temporada de esquí.
De esta manera, comenzamos el recorrido en Jaca, capital oficiosa de los Pirineos. Se trata de una ciudad con una amplia historia y un notable patrimonio, donde destacan la Ciudadela y la catedral de San Pedro, de estilo románico. Además, a pocos kilómetros, todavía dentro del término municipal jaqués, se encuentra el monasterio de San Juan de la Peña, enclavado bajo una enorme formación rocosa. Con unos 14.000 habitantes, la capital de la Jacetania es también una excelente opción para pernoctar, especialmente por su oferta gastronómica y su ambiente de montaña.
Desde aquí, la ruta continúa hacia Ansó, un pintoresco pueblo pirenaico que actúa como puerta de entrada a la Selva de Oza. Se trata de un entorno natural privilegiado, ideal para actividades como rutas de senderismo o salidas en mountain bike. La carretera gira después hacia el este en dirección al Alto Gállego, donde el paisaje se abre entre embalses y cumbres afiladas. Localidades como Biescas funcionan como transición hacia el valle de Tena, donde destacan paradas imprescindibles como Lanuza y Sallent de Gállego (cuna del celebrado festival Pirineos Sur). Desde aquí, el desvío hacia el balneario de Panticosa permite combinar alta montaña con rutas a ibones y ascensiones de distintos niveles.
Continuando hacia el este, el viaje entra en el Sobrarbe, donde la naturaleza alcanza una de sus expresiones más intensas. La base ideal se sitúa en Torla-Ordesa, puerta de acceso al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, uno de los grandes iconos del senderismo en España. Más al sur, la localidad medieval de Aínsa aporta el contrapunto histórico, con su plaza porticada y su castillo dominando el valle, ideal para pasear al atardecer tras una jornada de montaña.
El tramo final avanza hacia el este en dirección a la Ribagorza, donde el paisaje se vuelve todavía más alpino en torno a Benasque. Este valle, rodeado de algunas de las cumbres más altas del Pirineo, es el punto de partida perfecto para adentrarse en el Parque Natural de Posets-Maladeta, un auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza. La ruta concluye descendiendo suavemente hacia Graus, ya en un paisaje más abierto propio del Prepirineo. Su plaza mayor porticada y el cercano santuario de la Virgen de la Peña ofrecen un final perfecto para el viaje.
Itinerario propuesto:
Día 1: de acceso al Pirineo hasta Jaca
Día 2: de Jaca a Ansó (o entorno Hecho/Selva de Oza)
Día 3: de Ansó a Sallent de Gállego (Valle de Tena / Panticosa)
Día 4: de Sallent de Gállego a Torla-Ordesa
Día 5: de Torla-Ordesa a Aínsa
Día 6: de Aínsa a Benasque
Día 7: de Benasque a Graus
Ruta (casi) circular a través de Euskal Herria
Euskal Herria es un concepto cultural e histórico que aúna a las tres provincias de la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra y las tres regiones del País Vasco francés. Una vieja aspiración nacionalista dividida en dos estados. Afortunadamente, la ausencia de fronteras en el espacio Schengen nos permite conectarlas en un viaje en autocaravana que ofrece una visión global de todo el territorio.
Un viaje que comienza en Bayona, puerta de entrada de Iparralde y una ciudad caracterizada por su mezcla de elegancia con la arquitectura tradicional vasca. Desde ahí el viaje comienza hacia el oeste, con una parada en la pictórica Biarritz antes de adentrarnos en pueblos como Espelette, famoso por sus casas decoradas con pimientos, y Saint-Jean-Pied-de-Port, una joya medieval en el Camino de Santiago, donde podemos hacer noche. De ahí nos dirigimos al Parque Natural de Aralar, donde podemos disfrutar de la naturaleza. Una opción es hacer noche en Lekunberri, ya en la zona navarra y que fue distinguida por la Organización Mundial del Turismo como uno de los mejores pueblos del mundo.
Con la misión de abarcar el máximo territorio posible, una buena opción desde ahí es bajar hasta Laguardia, en la Rioja Alavesa y famosa por sus vinos y arquitectura medieval. Un camino que, además, pasa por Pamplona. Después de pasar la noche en la zona, es el momento de volver hacia el norte. Concretamente a Bilbao, una ciudad con mucho que ofrecer desde un punto de vista cultural y gastronómico. Un día de turismo urbano antes de volver en busca del mar, más concretamente en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, que combina marismas, bosques y playas. De ahí pasamos a Gernika, localidad repleta de historia y donde, por ejemplo, podemos pasar la noche.
Para el último día quedan las visitas a San Juan de Gaztelugatxe, imprescindible para todos los fans de Juego de Tronos, y un viaje hacia el este para adentrarnos en Gipuzkoa, la última provincia que nos queda por explorar. El final se puede establecer en San Sebastián, o en cualquiera de los pictóricos pueblos que rodean la costa atlántica, tales como Zarautz u Hondarribia, o incluso con un regreso al País Vasco francés para visitar San Juan de Luz
Itinerario propuesto:
Día 1: de acceso a Bayona
Día 2: Bayona a Saint-Jean-Pied-de-Port
Día 3: de Saint-Jean-Pied-de-Port a Lekunberri (entorno del Parque de Aralar)
Día 4: de Lekunberri a Laguardia
Día 5: de Laguardia a Bilbao
Día 6: de Bilbao a Gernika
Día 7: de Gernika a San Sebastián/Hondarribia
Ruta por la cornisa cantábrica: de Santander a Oviedo
Comenzamos la ruta en Santander, una ciudad abierta al mar cuya elegancia atlántica nos invita a pasear por sus calles y su bahía antes de arrancar el viaje. Aunque la idea es unir Cantabria con Asturias, de manera quizá poco intuitiva iniciamos el recorrido hacia el este. Nos dirigimos hacia la costa quebrada, con paradas en localidades como Santoña o Laredo, que pueden servirnos como base de pernocta. Esta zona es perfecta para disfrutar del mar en estado puro, con actividades como kayak o surf.
Después de una noche en el entorno de Laredo, desandamos el litoral para adentrarnos en el interior en dirección a Potes, uno de los pueblos más bonitos de España. El paisaje cambia por completo al atravesar el desfiladero de la Hermida, que actúa como puerta natural a los Picos de Europa. Desde aquí se abren múltiples posibilidades de senderismo, desde rutas hacia el teleférico de Fuente Dé hasta travesías más exigentes por el macizo central.
Nos despedimos de Cantabria para adentrarnos en Asturias, de nuevo junto al mar, en un paisaje abrupto y salvaje como el de Llanes. Acantilados, bufones y playas escondidas como Gulpiyuri o Torimbia nos ofrecen un entorno ideal para el senderismo costero o los deportes acuáticos. Desde allí, la ruta se adentra hacia el interior hasta Cangas de Onís, puerta de entrada a los Picos de Europa asturianos, donde podemos acceder a rutas como la del lago Enol o disfrutar de actividades de aventura en el río Sella.
Continuamos hacia el oeste siguiendo la costa asturiana, con paradas en Ribadesella y Lastres, dos de los pueblos marineros más fotogénicos del Cantábrico. El mar vuelve a ser protagonista absoluto, acompañándonos entre acantilados, miradores y cascos históricos que miran directamente al Atlántico. Terminamos la ruta en Gijón, una ciudad vibrante donde combinamos vida urbana, playas y la senda litoral del Cervigón, antes de poner el broche final en Oviedo, una ciudad de enorme valor histórico y cultural, con su casco antiguo, su catedral y su papel clave en el arte prerrománico asturiano.
Itinerario propuesto:
Día 1: de Santander a Laredo
Día 2: de Laredo a Potes
Día 3: de Potes a Llanes
Día 4: de Llanes a Cangas de Onís
Día 5: de Cangas de Onís a Ribadesella
Día 6: de Ribadesella a Gijón
Día 7: de Gijón a Oviedo
Del interior al mar: ruta entre León y Vigo
La ruta arranca en León, una ciudad con un enorme peso histórico donde merece la pena detenernos en su catedral gótica y en el ambiente del Barrio Húmedo antes de poner rumbo al oeste. Pronto el paisaje se transforma al entrar en la comarca del Bierzo, con parada en Ponferrada, una localidad dominada por su impresionante castillo templario.
Desde aquí, la ruta nos adentra en uno de los paisajes más singulares de España: Las Médulas, antigua explotación minera romana hoy convertida en un paraje de formaciones rojizas y bosques de castaños. Es un lugar perfecto para recorrer a pie o en mountain bike. La jornada continúa hacia Villafranca del Bierzo, conocida como la pequeña Compostela, donde merece la pena pasear por su casco histórico antes de continuar hacia Galicia.
El viaje cruza entonces a O Cebreiro, uno de los enclaves más emblemáticos del Camino de Santiago, famoso por sus pallozas y su atmósfera de montaña. Desde aquí, la ruta se interna en el interior gallego más auténtico, atravesando sierras y bosques hasta llegar a Lugo, cuya muralla romana perfectamente conservada nos permite un paseo único. Un break urbano antes de poner rumbo al próximo gran destino del viaje: la Ribeira Sacra.
Entre cañones excavados por el Sil y el Miño, monasterios románicos y viñedos en terrazas, este territorio ofrece miradores espectaculares y actividades como rutas en kayak, senderismo o incluso paseos en catamarán. Localidades como Monforte de Lemos sirven como base para explorar la zona.
Finalmente, el viaje continúa hacia el interior de Ourense, donde el agua vuelve a ser protagonista. No en vano, Ourense es famosa por sus termas al aire libre, perfectas para relajarnos tras varios días de ruta. Desde aquí, se puede optar por un final que se abra tímidamente al Atlántico, descendiendo hacia Vigo o subiendo dirección A Coruña. El mar ejerce de broche final a una ruta que, hasta la fecha, ha discurrido por zona interior.
Itinerario propuesto:
Día 1: de León a Ponferrada
Día 2: de Ponferrada a Villafranca del Bierzo
Día 3: de Villafranca del Bierzo a Lugo
Día 4: de Lugo a Monforte de Lemos (Ribeira Sacra)
Día 5: de Monforte de Lemos a Ourense
Día 6: de Ourense a Vigo / A Coruña
Evidentemente, lo que popularmente englobamos como el norte tiene mucho más que ofrecer. Sin embargo, estas cuatro rutas engloban paisajes preciosos con la oportunidad de realizar deportes al aire libre y, sobre todo, explotar las posibilidades de una autocaravana al máximo. Al fin y al cabo, como hemos dicho, solo se trata de una base sobre la que diseñar una aventura única.





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