¿Quién fue San Genarín y por qué su entierro se ha convertido en una de las fiestas más populares de León?
La procesión, que fue prohibida durante el franquismo, se celebra todos los Jueves Santos en León y parodia los rituales propios de la Pasión.

Zaragoza-
España es un país muy rico en cultura y patrimonio, también en folclore local. Una idiosincrasia propia que se refleja a la perfección en las fiestas y celebraciones, especialmente aquellas de matriz popular. De todos estos festejos, destaca por su peculiaridad y calado el entierro de San Genarín. Una celebración que estuvo prohibida por el franquismo debido a su naturaleza contestataria, pero que fue recuperada con gran aceptación por parte de los leoneses.
Quién fue San Genarín
San Genarín se llamaba Genaro Blanco Blanco y, evidentemente, no fue santo, sino más bien todo lo contrario: un pecador amante de todos los vicios habidos por haber. Su historia personal es trágica, en realidad, ya que recién nacido, en 1861, fue abandonado por sus padres. Básicamente, a lo largo de su vida sobrevivió como pudo, desempeñando varios trabajos precarios aquí y allá -aunque se le representa como pellejero-. Se casó con María García Pérez y tuvo cinco hijos, a tres de los cuales abandonó por no poder mantenerlos.
En resumidas cuentas, el 'santo borrachín' vivió una vida anodina, producto de la época miserable en la que le tocó existir. Falleció el 29 de marzo de 1929, mañana de Viernes Santo, tras ser atropellado por un camión de la basura en la leonesa carrera de los Cubos. Aunque más o menos se tiene claro cómo sucedió el accidente, lo cierto es que los hechos dan igual. Lo verdaderamente importante en este caso reside en el mito, que sucedió de una manera un tanto azarosa.
El mito de San Genarín nace del cachondeo de un grupo de bohemios del Barrio Húmedo de León. Concretamente cuatro “evangelistas”, llamados Francisco Pérez Herrero, Luis Rico, Nicolás Pérez ‘Porreto’ y Eulogio ‘El Gafas’, que se dedicaron a generar su leyenda por las tabernas de la capital leonesa. La coincidencia de la muerte de Genaro con la Semana Santa les llamó la atención, por lo que al año siguiente, en 1930, decidieron montar una procesión burlona en la noche de Jueves Santo. En torno a él se construyó la figura de un pícaro antihéroe, amante de la bebida, el juego y los lupanares. La génesis de una leyenda que se fue desarrollando con el paso de los años.
Sin duda alguna, en su popularización ha jugado un gran papel el escritor Julio Llamazares, autor de El entierro de Genarín (1984). Obra clave para que se recuperase la procesión, olvidada durante los años del franquismo. El régimen dictatorial la prohibió por su clara vocación hereje y, aunque ya al final de la década de los 70 volvió a celebrarse, no fue hasta mediados de los 80 cuando experimentó un crecimiento exponencial en su popularidad. Hasta el punto de que la Semana Santa leonesa, hierática por lo general, no se entiende sin esta expresión de júbilo popular.
Cómo es la procesión de San Genarín
La procesión del entierro de San Genarín se celebra en la madrugada del Jueves Santo todos los años, haga frío o calor. Su organización corre a cargo de la Cofradía de Nuestro Padre Genarín y da comienzo en torno a la media noche, si bien previamente los miembros de la organización celebran una última cena.
El recorrido se encuentra repleto de feligreses, que reciben a la comitiva con el cántico de “Genaro es cojonudo”. La procesión se compone de tres pasos. El primero corresponde a Genarín, que se representa como un pellejero abrazado a una farola y con una botella de orujo en la mano. El segundo paso corresponde a La Mocha, la prostituta que supuestamente fue a socorrerle nada más suceder el accidente. Finalmente, el tercer paso es la muerte. También forman parte de la comitiva cuatro cabezudos, uno por cada uno de los evangelistas que expandieron la palabra del Bendito Canalla.
La salida se produce cerca de la plaza del Grano y el final está situado en la carrera de los Cubos, donde murió el homenajeado. Entre medias se realizan una serie de rituales, como la lectura de textos satíricos sobre la vida y milagros de Genarín. "Y antes de ser declamadas para gloria de este mundo,/siguiéndote en tus costumbres, pues nunca ganasteis lujos,/Bebamos a tu memoria una copina de orujo,/Que fue lo que más chupaste antes de ser difunto...".
Sin duda alguna, el momento central sucede en la muralla, donde se realiza la ofrenda de orujo, una rosca de pan, queso y unas naranjas. En resumen, se trata de una fiesta única y llena de picaresca que contrasta poderosamente con el tono solemne de la Semana Santa.


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