¿Cómo usar la inteligencia artificial para planificar un viaje?
Las inteligencias artificiales han llegado para quedarse, pero son modelos imperfectos y el saber utilizarlas es clave.

Zaragoza--Actualizado a
La implantación de la inteligencia artificial en el día a día de las personas es algo ya irrefrenable. Se utiliza de forma banal, pero también para asuntos importantes. Por ello, es importante andar con cuidado a la hora de plantear según qué preguntas, sobre todo teniendo en cuenta sus fallos de diseño. Entre otras cosas, y sobre todo, porque la IA miente. En realidad no hay maldad detrás, por lo que quizá no sean bulos per se. Pero sí que el mecanismo en el que se basa le lleva a hacer suposiciones que son falsas y, a partir de ahí, desarrollar conjeturas que no se ajustan a la realidad.
En un contexto de un viaje conocer las limitaciones de los modelos de lenguaje (LLM) nos puede ayudar a no caer en una trampa que nos arruine la experiencia. De nuevo, la IA puede ser muy útil si se utiliza bien. Sin embargo, por el momento no es el sustituto de los materiales con los que, tradicionalmente, hemos curado un itinerario o buscado alojamientos. De hecho, probablemente nunca lo sea, pues nunca podrá experimentar un viaje de primera mano.
¿Cómo funciona la IA para hacer recomendaciones?
Aunque solamos creer que la inteligencia artificial no es más que la compilación de una búsqueda en Google, la realidad es más intrincada. En realidad, a la hora de responder a una pregunta entra en juego una arquitectura compleja compuesta por modelos de lenguaje grande (LLMs), sistemas de recuperación aumentada por generación (RAG), búsquedas semánticas vectoriales y, en muchos casos, mecanismos de llamadas a funciones o agentes. Aunque esto pueda sonar complicado, quizá se entienda mejor con un ejemplo.
Pongamos que le pedimos una ruta con el siguiente prompt: “Recomiéndame una ruta de cuatro días por Catalunya para amantes de la gastronomía y con un presupuesto medio”. A partir de ahí, el LLM descompone la pregunta en varias variables, tales como: destino, duración, intereses, presupuesto o modo de viaje. Si el modelo está conectado a Internet, para cada una de estas cuestiones actúa como un agente y traduce estas necesidades al lenguaje de código necesario para consultar fuentes externas en tiempo real: APIs de mapas, hoteles, previsión metereológica o bases de datos de guías gastronómicas.
Lo verdaderamente interesante viene a continuación. Una vez que la IA tiene toda la información relevante recopilada realiza un proceso de comparación. Es decir, no lee opiniones o info y hace una valoración racional, como sí podemos hacer las personas, sino que ejecuta cálculos matemáticos sobre representaciones vectoriales y probabilidades. Mide la cercanía semántica entre lo que pediste y los lugares disponibles, descartando lo que no encaja con las condiciones expresadas en el prompt (por ejemplo, de tiempo o presupuesto).
Es así como va conformando lo que parece un criterio propio, pero que no deja de ser un asunto estadístico. Posteriormente, se produce un proceso de refinado. Sin embargo, este mecanismo no es infalible. Cuando faltan datos o las fuentes se contradicen, el modelo tiende a predecir qué palabra sonaría convincente a continuación en lugar de admitir que no lo sabe, dando pie a las conocidas como alucinaciones de la IA (como inventarse el horario de un restaurante o sugerir un trayecto inviable).
Consejos para utilizar la IA a la hora de planificar un viaje
De ahí que siempre que se utilice la IA para planificar un viaje deba ser una herramienta más de las varias que se utilizan habitualmente. Aunque su vocación sea la de unificar todas las posibles búsquedas en una única interfaz, por el momento la tecnología no ha llegado a ese punto. De hecho, hay que tener en cuenta que esa particular forma de proceder hace que cuente con varios sesgos como, por ejemplo, el recomendar los puntos más citados, por lo que termina convirtiendo la mayoría de rutas propuestas en opciones homogéneas.
Por ello, el primer consejo sería no dejar de utilizar aquellas fuentes que se utilizaban previamente y que se habían demostrado fiables, como por ejemplo comparadores de precios, blogs de viajes que se hubieran demostrado alineados con nuestros gustos, plataformas de reviews que consideremos fiables, etc. Además, a la hora de utilizar la IA, es importante tener en cuenta las siguientes sugerencias.
1. Haz una comprobación doble en cuestiones concretas
Hay cuestiones particulares en las que la IA es más tendente a cometer errores. Por ello, es importante realizar una doble comprobación a sus recomendaciones, en lugar de creerlas a pies juntillas. Sobre todo, cuando hablamos de:
Distancias
Tiempos de traslado
Horarios (de atracciones turísticas, restaurantes, etc.)
La necesidad o no de entradas anticipadas
La existencia o no de un restaurante o cafetería
2. Cómo redactar un prompt para que sea eficiente
En el uso de la IA, la redacción del prompt con el que se realiza la consulta lo es todo. La regla de oro es la siguiente: la pregunta debe ser lo más concreta posible. Como hemos visto, el LLM descompone la pregunta en varias cuestiones clave, por ello, cuanto más acotamos nuestras preferencias, más probable es que recibamos una respuesta acorde con nuestros intereses. De esta manera es importante especificar cuestiones como el presupuesto que manejamos, el tipo de viaje que se quiere realizar, el ritmo de las visitas, etc.
Además, siempre es recomendable realizar más de una consulta, por norma general yendo de lo más global a lo específico. De esta manera, si por ejemplo pedimos que nos haga una ruta de cuatro días, después lo suyo es ir preguntándole día a día o, incluso, por ítems concretos dentro del planning.
Un truco que suele funcionar es devolverle a la IA una información que te ha suministrado previamente. Por ejemplo, una vez tengamos el itinerario propuesto, preguntar: “revisa este itinerario y señala posibles problemas logísticos: distancias poco realistas, solapamiento de horarios o lugares propensos a requerir reserva previa”. Esto hace que busque incoherencias y nos devuelva un recorrido mucho más pulido.
3. Piensa en la IA como un optimizador
Lo ideal es no delegar por completo en la IA, sino que sea una herramienta que sirva, bien como punto de inicio a la hora de planear el viaje, bien como una manera de resolver problemas logísticos o para ordenar prioridades.
Por ejemplo, la inteligencia artificial puede ser muy útil para desatascar cuellos de botella específicos, planteándole opciones de enlace entre un plan y otro o cómo aprovechar mejor posibles tiempos muertos, algo muy habitual en todo itinerario. También se le puede pedir que ordene por cercanía o interés algunos checkpoints que queremos visitar. Es decir, la IA funciona mejor cuando somos nosotros los que introducimos el criterio y el contenido, dejando que ella sea la encargada de pulir las transiciones o resolver la ingeniería del itinerario.



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