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Aquí el mundo avanza a golpe de remo

Las traineras constituyen el centro de la vida social en el municipio guipuzcoano de Orio

PANCHO TRISTÁN

Aquí los héroes son enormes y visten uniformes del mismo amarillo con el que pintan sus traineras. Aquí los hérores son héroes del mar. Esto es Orio, en Guipúzcoa, donde el remo es un deporte de masas. O más que eso, quizás. Asegura el alcalde de Orio, el peneuvista Jon Redondo Lertxundi, que 'aquí el remo es una religión'. El municipio de Orio está a unos 17 kilómetros de San Sebastián. Tiene unos 4.700 habitantes y una plaza alrededor de la que se urde la vida del lugar y que está pegada al muelle; y los barcos pesqueros allí descansando, como escuchando el susurrar de la vida de Orio.

Esta es una historia vasca como la mayoría de las historias vascas, como la mayoría de las historias de cualquier parte: una historia de pueblos y de personas. Y el amarillo es, en esta crónica, el color de los héroes.

Los oriotarras presumen de ser los mejores remeros del Cantábrico, los del mejor palmarés. Y coleccionan en su memoria otras curiosidades que huelen a salazón: fueron ellos los últimos que pescaron, hace 106 años, la última ballena vasca o ballena franca. Porque hasta ahora, todo giró en Orio alrededor del mar. Y aún es así, pero hay cosas que han comenzado a cambiar, lo mismo que sucede en todos los pueblos pesqueros de España.

La dureza del trabajo en los barcos comenzó a espantar a muchos jóvenes. Habla el presidente de la Cofradía de Arrantzales de Orio, Santi Peiro: 'Como se gana poco en la mar, la gente de aquí prefiere buscarse algo en tierra. Para completar las tribulaciones, al final, hay que contratar a inmigrantes'. Y uno pasea por las calles de Orio y se encuentra con que para leer el pensamiento de los viandantes habría que tener, antes de nada, el don de lenguas.

También hay que tener un buen par de ojos. Aquí, en Orio, porque este municipio tiene un patrimonio arquitectónico más que interesante. Ahí está la Parroquia de San Nicolás, por ejemplo, con su arquitectura renacentista y su barco colgado del techo. En la iglesia. Es un exvoto. Cuentan que era una manera de agradecer el milagro de la salvación en alguna tormenta. Porque aquí todo es mar. Y hasta el alcalde es remero.

Aquí la gente no se extraña de que el alcalde sea un remero', dice el regidor Jon Redondo Lertxundi. 'Aquí en todas las familias hay alguien metido en el club de remo, y si no, ha sido el aita -padre-, el aitite -abuelo-... En ningún sitio como aquí, se celebran las victorias en las regatas. Todo el mundo lleva la bandera amarilla'. Sostiene Lertxundi, y todo el mundo sabe en Orio, 'que aquí el remo está por encima de cualquier diferencia política'.

De aquí salen deportistas olímpicos. Aquí presume de palmarés el Club de Remo de Orio, con su enorme lista de en las principales competiciones de esta disciplina. Y uno no puede hablar sobre Orio sin hablar del Club. El club es el pueblo. El pueblo es el club.

Dice el presidente de la entidad deportiva, Igon Lertxundi, primo del alcalde, que Orio está cambiando, que está comenzando a recibir gente de las ciudades próximas, y que 'eso es bueno'. Aunque le preocupa 'el límite' del cambio, claro, porque Orio es un pueblo de mar y de remeros.

Todo lo que llega de fuera trae siempre cosas buenas. Pero lo del municipio de Orio, el mar de siempre, los remos que mueven al pueblo, es la argamasa de la convivencia en esta hermosa esquina del mundo.

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