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La ciudadanía decide, el Ayuntamiento invierte

Por El Quinze
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En menos de dos meses, la ciudadanía acudirá de nuevo a las urnas para elegir a su alcalde. Y en estos días los ayuntamientos se apresuran a finalizar los proyectos a los que se habían comprometido con sus vecinos y vecinas, a menudo a través de presupuestos participativos. Una tendencia al alza en los últimos años y que consiste en dejar que sean los habitantes del municipio quienes decidan en qué debe invertirse parte del dinero del que dispone su Consistorio.
El número de ayuntamientos que ponen parte de su presupuesto en manos de sus ciudadanos se ha multiplicado. En 2017 hubo en Catalunya más de un centenar de presupuestos participativos, mientras que hace cuatro años estos se podían contar con los dedos de las manos. Según la consultora sociopolítica Neòpolis, el número de municipios con presupuestos participativos ha crecido un 71% en este período. En la provincia de Barcelona, sólo en 2017, 56 localidades realizaron este tipo de proyectos. La mayoría son pueblos pequeños, de menos de 20.000 habitantes, pero también se han dado en ciudades grandes, como Badalona, que impulsó la iniciativa más ambiciosa de Catalunya: en 2016 puso a disposición de la ciudadanía 14 millones de euros del plan de inversiones municipal.
Proyectos de ciudad y en los distritos
En Badalona votaron solo 7.839 personas, el 4,31% del censo –entonces pudieron votar los mayores de 16 años–. Eligieron 35 proyectos de ciudad a los que destinar el dinero: mejoras en equipamientos, parques y zonas infantiles, una red de caminos escolares o la adquisición de mobiliario urbano. Entre todo, ocho millones de euros. Los seis restantes se distribuyeron entre los seis distritos de Badalona, en proyectos elegidos por los vecinos, la mayoría para mejorar la accesibilidad de las calles, el pavimento o la iluminación.
"Queríamos transmitir un mensaje de democracia participativa. No solo los políticos deben tomar decisiones. Y la ciudadanía no debe votar solo cada cuatro años", afirma Dolors Sabater, alcaldesa de Badalona entre 2015 y 2018 por Guanyem Badalona en Comú. Sin embargo, desarrollar un mecanismo de participación ciudadana de tal envergadura cuando no se ha hecho nunca no es tarea fácil. Badalona se inspiró en otros municipios pequeños donde se había hecho e impulsó un potente engranaje para llevarlo a cabo. Los vecinos propusieron, el Ayuntamiento validó los proyectos a través de un proceso de revisión técnica y la ciudadanía votó. "Fue un éxito, teniendo en cuenta que era la primera vez y que Badalona no tenía una cultura participativa", asegura Sabater.
Tanto las administraciones como los expertos en participación reconocen lo difícil que es implicar a la ciudadanía en estos procesos cuando no se han hecho nunca. "Las experiencias más exitosas son aquellas en las que no necesitas una gran campaña publicitaria, sino que funcionan por el boca a oreja", explica Joan Font, investigador en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC). Por ello el proceso es más sencillo en poblaciones pequeñas. "En casi todos los casos europeos, las cantidades son limitadas. Se trata de adopciones experimentales. En parte es razonable, ya que supone un aprendizaje y se generan grandes dificultades", detalla.
"Siempre es positivo poder poner en marcha un proyecto participativo con un importe de 14 millones de euros, pero tendremos que mejorarlo entre todos", asegura Julio Molina, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Badalona (FAVB), que apunta que la falta de costumbre fue lo que provocó que los vecinos no se comprometiesen como hubieran debido. "Al ser algo nuevo, no fue nada fácil", dice Molina. "Se necesita un mayor grado de implicación por parte de la Administración, de los vecinos y de las entidades representativas", reconoce.
Lastrados por la moción de censura
Uno de los reproches que la FAVB le hace al Ayuntamiento es que el mandato está a punto de terminar y muchos de los proyectos aún no se han iniciado. Tiene su lógica, teniendo en cuenta que en junio de 2018 una moción de censura de PSC, PP y Cs desbancó al Gobierno de Sabater. A principios de ese año se había finalizado el 3,6% de las inversiones previstas por Guanyem, ERC e ICV-EUiA. El 15,3% estaban en ejecución. Y la mitad, en fase de redacción del proyecto –no era extraño que esta se sometiese también a participación ciudadana–. Los vecinos desconocen en qué punto se encuentran los proyectos pendientes. Fuentes municipales reprochan al anterior Gobierno que "las obras no han empezado porque en muchos casos ni si quiera existía un proyecto redactado". El actual Gobierno del PSC cree que "hacer un presupuesto participativo es positivo si finalmente se lleva a cabo".
"Muchas propuestas se quedan en el camino", reconoce Joan Font, el investigador del IESA-CSIC. "Comparado con otros mecanismos de participación, este es uno de los que tiene niveles de implementación reales más altos, pero a veces aparecen argumentos de inviabilidad técnica y esto genera frustración entre los participantes", explica.
Sabater lo tiene muy claro: "Lo volveríamos a repetir, sin ninguna duda; pero con mejoras". Y es que la participación ciudadana en los presupuestos parece que ha llegado para quedarse. "Los datos demuestran que el número de municipios seguirá aumentando, o por lo menos, no se reducirá", afirma el politólogo Gerard Quiñones, de la consultora Neòpolis. Él y el sociólogo Daniel Tarragó han analizado 89 de los 107 presupuestos participativos realizados durante 2017. Han podido constatar las dificultades de los Ayuntamientos a la hora de trabajar de manera transversal y explicar el proyecto. "Queda mucho camino por recorrer por lo que respecta a la promoción de la participación", asegura Quiñones, que destaca el enriquecimiento del contenido de las decisiones que se toman, la generación de complicidades y el aumento de la transparencia como las tres grandes virtudes de los presupuestos participativos.
UNA OPCIÓN REAL PARA INVOLUCRAR A LOS VECINOS
Los presupuestos participativos "son un invento de las izquierdas". Lo dice Joan Font, investigador del IESA-CSIC, que recuerda que su impulsor fue el Partido de los Trabajadores, en Brasil, en los años ochenta. En Europa, la izquierda postcomunista ha sido la más activa al implantar el modelo.
En el área metropolitana –y más allá del ejemplo de Badalona–, ayuntamientos de distinto color político han llevado a cabo en los últimos años presupuestos participativos. La capital catalana, gobernada por Barcelona en Comú, ha experimentado en dos distritos con metodologías distintas: mientras en el Eixample el proceso se desarrollaba de manera informatizada, en Gràcia fue presencial a excepción de la votación final. Barcelona hizo esta prueba piloto distribuyendo el presupuesto en función de factores como la densidad de población o los indicadores de desigualdad social. En el Eixample se escogieron 17 proyectos para un total de 486.000 euros y votaron 328 personas. En Gràcia, votaron 296 personas y se eligieron ocho propuestas, valoradas en 150.000 euros.
"Los resultados confirman varias hipótesis: hacer un presupuesto participativo no es fácil, ya que se deben adecuar estructuras internas para ser eficientes. Y ejecutar las propuestas supone una dificultad, porque los tempos administrativos no son los mismos que los de la ciudadanía", afirma Laia Forné, asesora de la Concejalía de Participación del Ayuntamiento de Barceloma. "No hicimos una gran campaña de comunicación", reconoce Forné, que se siente orgullosa de un proyecto que ha logrado implicar a ciudadanos que habitualmente no se movilizan.
Las experiencias en otros municipios catalanes rondan entre el 3% y el 6% de participación. En Terrassa votaron 7.640 personas en el año 2011; en Girona, en 2015, lo hicieron 4.989; y, en Sabadell, 6.154 en 2016. Sant Cugat del Vallès ha realizado ya dos ediciones de presupuestos participativos. El proceso que impulsó el Gobierno, liderado por el PDeCAT, obtuvo el 8,3% de participación en 2016, una de las más elevadas en Catalunya. En el de 2018, sin embargo, la participaron fue sólo del 6,21%. "No creo que sea difícil, pero necesitas que la ciudadanía se involucre con firmeza", afirma Joan Puigdomènech, teniente de alcalde de Participación Ciudadana del Ayuntamiento vallesano. "Los resultados fueron espectaculares si nos comparamos con otras ciudades", añade.
La mayoría de los ayuntamientos repetirían. Coinciden en la dificultad de implicar a la ciudadanía, pero reconocen que es la manera más transparente de acercarse a sus vecinos.
DEBATE Y VOTO POR INTERNET
Algunos procesos participativos se han desarrollado a través de Decidim, una plataforma en línea que permite a los impulsores del proceso debatir, hacer encuestas, proponer proyectos y, después, proceder a la votación y comprobar los resultados. De los procesos llevados a cabo en 2017 analizados por Neòpolis, el 5,26% se hicieron a partir de esta plataforma. En el 43,86% de los casos, se recurrió a una plataforma ideada por el Consistorio, mientras que en el 50,88% de los procesos se contrató a una empresa para desarrollarla.