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Una herida de hierro que desangra Montcada

Por El Quinze
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El 13 de marzo de 2014, Montcada i Reixac descubría la escultura menos celebrada en la historia de la población: un monolito que, por aquel entonces, contaba con 159 muescas en homenaje a cada una de las víctimas mortales del paso de las líneas R2 y R11 de Cercanías de Renfe por el centro de la ciudad. Hoy, la obra cuenta con 173 agujeros, el último de ellos, añadido tras la muerte de un vecino de la localidad a principios de febrero de este año.
La ubicación de la escultura marca uno de los puntos negros más sangrientos en el mapa de infraestructuras del Estado. Situado en el cruce de las calles Bogatell y Colón, el paso a nivel en cuestión zurce una ciudad partida en dos por las vías del tren. Una herida que los vecinos conocen como "la cicatriz de piedra y hierro", que piden cerrar con el soterramiento total del tramo.
El flujo de transeúntes por este cruce es constante –también por un segundo paso a nivel situado a algo más de 200 metros–. No en vano las vías separan a los vecinos de sus lugares de trabajo, escuelas y centros de salud. Centenares de personas transitan por encima de los mismos railes por los que cada día circulan más de 200 trenes. Algunos de ellos, a toda velocidad, como los de la R11, que no tiene parada en la población. El resultado es un macabro contador que, cada pocos meses, suma nuevas víctimas, casi siempre por las mismas causas: suicidios, gente que pasa con las barreras bajadas o que intenta colarse en la estación a través del espacio abierto entre las obsoletas vallas.
Los vecinos denuncian desde hace años la parálisis que vive la ciudad por culpa del paso a nivel. "Si respetas las barreras, puedes estar hasta 20 minutos esperando, por lo que la mayoría de personas acaban cruzando", explica el ciudadano de Montcada i Reixac y portavoz de la plataforma Tracte Just Soterrament Total, Antoni Mollet, que define el paso a nivel como "el cáncer de la ciudad".
Para alertar del peligro, el Ayuntamiento de Montcada i Reixac ha instalado carteles que rezan: "No seas la próxima víctima". También ha puesto informadores en la zona. Pero, a pesar de las advertencias, la presencia de vecinos en las vías es constante, en parte por la necesidad de regatear ese tiempo de espera excesivo, en parte por haber hecho rutina del peligro. "Hace tantos años que convivimos con esta vía, que hemos perdido la sensación de miedo y hemos normalizado el hecho de cruzar con las barreras bajadas", denuncia la alcaldesa de la ciudad, Laura Campos (ICV-EUiA-E).
Las primeras voces en favor del soterramiento de la vía del tren se alzaron en 1989, pero hasta noviembre de 2007 no se empezaron a vislumbrar posibles soluciones. El Ministerio de Fomento y el Ayuntamiento de Montcada i Reixac firmaron en aquellas fechas un convenio que vinculaba la construcción del túnel del AVE, que pasaría por la ciudad con el soterramiento de la R2 de Cercanías. "Nuestra sorpresa llegó cuando, después de la primera obra, la tuneladora desapareció de Montcada", recuerda Campos. Desde entonces, llevan más de diez años de retrasos e incumplimientos.
Contactos entre vecinos y Administraciones
El Consistorio impulsó en 2015 la Taula pel Soterrament y, junto a las plataformas vecinales, reactivó los contactos con los gobiernos autonómico y estatal. "La clave estuvo en la presentación de un proyecto que no contemplaba el uso de tuneladora y que reducía el presupuesto previsto en el primer convenio en un 50%, dejándolo en unos 200 millones de euros. Fomento y Adif aceptaron la propuesta y reiniciamos las negociaciones para el soterramiento de un tramo de cuatro kilómetros", resume la alcaldesa.
En paralelo a la acción política, las agrupaciones vecinales han desempeñado un papel relevante en el avance de las negociaciones. Desde su fundación en 2005, la plataforma Tracte Just Soterrament Total ha combinado cortes de vía con campañas que han unido a todos los grupos municipales del Consistorio bajo la misma reivindicación, y que han llevado a representantes políticos catalanes y estatales a comprobar la realidad de la ciudad. "Hemos vivido una situación de menosprecio y chuleo por parte de Adif y de Fomento. Pero, después de ver en persona la situación y ante el número de víctimas, estos han tenido que actuar", denuncia Mollet.
En mayo de 2017 se formalizó, al fin, el plan para el soterramiento de las vías, en un acto en el que el exministro de Fomento Íñigo de la Serna se comprometió a "estar a la altura y cumplir los compromisos y plazos adquiridos". Esto implica iniciar las obras en 2020 y finalizar el proyecto en un plazo de 38 meses. Y hay motivos para el optimismo. En diciembre de 2017 se licitó la redacción del proyecto, y una UTE (Unión Temporal de Empresas) ya trabaja sobre el terreno para adaptar el plan inicial según los informes geotécnicos. Adif, que no ha atendido las peticiones de El Quinze, ha cursado la instancia para llevar a cabo el estudio de afectación de las obras sobre los edificios colindantes.
Temor ante un posible nuevo retraso
A pesar de los avances, tanto los vecinos como la Administración se muestran precavidos por los antecedentes y las constantes interrupciones en el diálogo con el Gobierno central. Tras un periodo de reuniones regulares con Fomento y Adif durante el último gobierno del PP, el tiempo de reconfiguración administrativa provocado por el último cambio en el Ejecutivo ha hecho que, en los ocho meses de Gobierno de Pedro Sánchez (PSOE), solo se haya celebrado una comisión político-técnica para tratar el soterramiento de las vías de Montcada. "Ahora nos preocupa que haya un nuevo cambio de Gobierno y por eso hemos pedido en el Congreso que los proyectos prioritarios aprobados con una proposición no de ley, como es el caso, sigan su camino sin depender de los resultados electorales", explica Campos.
Montcada i Reixac sigue con interés el avance del proyecto de soterramiento, pero, hasta su inicio en el año 2020, el municipio debe gestionar un paso a nivel que sigue cobrándose víctimas. Además de prevenir sobre el peligro de cruzar las vías con las barreras bajadas, los vecinos siguen denunciando la peligrosa convivencia entre paseantes y vehículos cuando se abre el paso. "Cuando empiezan a bajar las barreras, todos aprovechan para pasar, y se genera un caos entre las personas y los coches que quieren cruzarlo", describe Mollet.
La principal preocupación, sin embargo, son las vallas, en evidente estado de deterioro y que presentan aperturas por las que algunos vecinos tratan de colarse en la estación; un foco de accidentes que debería estar en proceso de solución desde que en 2016 Adif aprobó el cambio de todos los muros que bloquean el acceso a las vías de la R2. Hasta ahora, lo único que se ha hecho con las barreras es pintarlas. "Es su método de trabajo, repasarán todas las vallas hasta que empiecen las obras", predice indignado Mollet. La alcaldesa de la ciudad comparte esta perspectiva. "Desde 2016 se nos dice que se está haciendo un expediente administrativo para el cambio de vallas. Mientras no mejoran la seguridad, lo que nos ofrecen es una acción de maquillaje y estética. Es surrealista", denuncia Campos. A finales de enero, Adif volvió a confirmar al Ayuntamiento que tramitará un expediente de urgencia para mejorar los dos pasos a nivel conflictivos.
A pesar de la indignación por las actuaciones de la compañía en el paso a nivel, la plataforma Tracte Just Soterrament Total ha rebajado la presión, siendo consciente de los avances en el plan previsto para 2020. "Hasta que no se inicien los trabajos, no nos creemos su realización, pero es al Ayuntamiento a quien corresponde hacer un seguimiento del calendario. Nosotros haremos como los búhos: mirar y escuchar atentamente", indica Mollet. La alcaldesa recoge el encargo de los vecinos, con quienes comparte escepticismo hasta el inicio de las obras. Ante posibles tentaciones de nuevos retrasos, Campos lanza un aviso a Adif y a Fomento: "Montcada no renunciará al soterramiento y no aceptará ni un retraso más. Nos jugamos la vida, literalmente".
CINCO ESTACIONES PARA 36.000 HABITANTES
Montcada i Reixac, con cerca de 36.000 habitantes, está ubicada en la comarca del Vallès Occidental, pero comparte frontera con Barcelona. La población cuenta con una parada de la L11 del metro de la capital catalana (Can Cuiàs). Pero si por algo destaca su red de transporte público es por sus cinco estaciones de tren. Numerosas vías atraviesan el municipio para llevar la línea 2 a Portbou; la 3, a Puigcerdà; la 4, a Manresa; y la 7, a Cerdanyola. Además, dos grandes carreteras pasan por el municipio: la C-17
y la C-33. Un complejo entramado de infraestructuras para un territorio pequeño.