Pagar más por ropa de peor calidad: así afecta la guerra en Irán a la industria de la moda rápida
El poliéster, que representa cerca del 60% de las fibras textiles globales, se fabrica a partir de derivados del crudo, cuyos precios han subido hasta un 25% esta primavera.
Los expertos prevén una subida moderada de los precios y una reducción en la calidad del producto.

Madrid-
Pagar más por prendas que duran menos. Ese es el escenario hacia el que se encamina la moda rápida si se prolonga la guerra en Irán. Aunque parezca lejano, la industria textil está más ligada al petróleo de lo que parece. El poliéster -que representa cerca del 60% de las fibras textiles globales- se fabrica a partir de derivados del crudo como el PTA y el MEG, cuyos precios han subido hasta un 25% esta primavera, según las estimaciones del sector.
Los proveedores de marcas como Zara, H&M o Primark ya empiezan a notar el aumento de costes, que golpea con especial fuerza a las fábricas de India y Bangladesh, dos de los principales centros de producción textil mundial. En varias zonas, los centros se han visto obligados a recortar su actividad debido a la subida de precio de este material, trabajando por debajo de la mitad de su capacidad y con dificultades para cumplir con sus pedidos internacionales, según informa Reuters.
La cuestión ahora es si este aumento de costes y escasez de materia prima acabarán sintiéndose en el bolsillo del consumidor. El economista José Manuel Corrales, profesor de Economía Aplicada y Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid, explica que, ante este tipo de shocks, los grandes minoristas no suelen subir los precios inmediatamente, sino que aplican una estrategia gradual. "Lo habitual es que, en un primer momento, las empresas absorban temporalmente el aumento de costes, sacrificando margen a corto plazo. Después trasladan parte de la presión hacia proveedores con menor poder de negociación, especialmente en países como Bangladesh, Vietnam o India", señala.
También hacen cambios en la producción, encargando lotes más pequeños, rediseñando las prendas para reducir el uso de material sintético y sustituyendo parcialmente el poliéster por otras fibras. Sin embargo, Corrales advierte de que este escenario podría ser distinto. "Cuando el shock de costes es persistente, como el actual -con energía, transporte y materias primas subiendo a la vez- una parte del aumento acaba llegando al consumidor, aunque de forma fragmentada y selectiva, no como un alza uniforme de precios", apunta.
En Europa, las estimaciones apuntan a posibles subidas moderadas de entre el 1,5% y el 3% si las tensiones geopolíticas se mantienen durante el segundo y tercer trimestre de 2026, especialmente en prendas con mayor dependencia del poliéster, como ropa deportiva, abrigos o básicos. Sin embargo, el experto advierte de que el coste no siempre se refleja en el precio final. "En muchos casos el consumidor no percibe una subida clara en la etiqueta, pero sí una reducción en la calidad o en la durabilidad del producto, lo que plantea problemas de consumo menos sostenible y más residuos textiles", destaca Corrales.
Pequeñas subidas, pero continuadas
El experto señala que el consumidor, a diferencia de lo que ocurre con la energía o la alimentación, "tolera bastante bien subidas pequeñas pero continuadas en ropa", al tener una baja percepción del precio unitario. "Una camiseta que pasa de 9,99 euros a 10,49 genera menos rechazo que una subida equivalente en bienes esenciales", apunta. A eso se suma la competencia entre marcas, que actúa como mediador, ya que si una sube precios, el consumidor compara y acaba yéndose a otra tienda.
"Históricamente, cuando los precios de la ropa suben de forma sostenida, el consumidor no abandona el consumo, sino que ajusta el volumen de compra", añade. Es decir, compra menos prendas, pero no deja de consumir.
Aunque señala que en los últimos años se observa un cambio progresivo en el comportamiento del consumidor que apuesta cada vez más por la segunda mano, la reparación y reutilización de las prendas. "Crece la sensibilidad a la durabilidad y al valor por uso de las prendas, incluso en segmentos low cost. Este cambio puede leerse como una oportunidad: menos consumo impulsivo, más conciencia material y mayor presión para que las grandes cadenas internalicen costes ambientales y sociales que hasta ahora se trasladaban al Sur global", señala.
Para el economista, el encarecimiento del poliéster podría suponer "el fin progresivo de la ropa artificialmente barata". Y lo enmarca en un escenario más amplio dentro de las actuales tensiones económicas y geopolíticas. "Se adivina una policrisis mundial en la que la industria de la ropa y de la moda será una de sus damnificadas", sentencia.


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.