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Heridas de la historia a la vista de todos

Por El Quinze
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La madrugada del 19 de febrero de 1939, dos camiones cargados con una veintena de personas partieron del centro de Olesa de Montserrat (Baix Llobregat). Las habían hecho prisioneras días antes, coincidiendo con la entrada del ejército franquista en la localidad. Los detenidos creían que iban a ser trasladados a Barcelona, para ser juzgados allí, pero en la vecina Abrera, al llegar al paso sobre el Llobregat, los ocupantes del primer vehículo, entre ellos el último alcalde republicano de Olesa, Fèlix Figueras Aragay, y varios de sus ediles, fueron obligados a bajar, llevados hasta una tapia del cementerio y fusilados. Según parece, al oír los disparos, los que esperaban en el segundo camión, escoltado por militantes falangistas del pueblo, intentaron emprender la huida. Empezó así una caza humana entre viñedos y escondites en masías abandonadas que duró varios días, y de la cual al menos uno de los detenidos consiguió escapar con vida.
El testimonio de esta persona, Juan Antonio Martínez Moreno, recogido en una carta escrita muchos años después desde su exilio francés, fue una pieza clave para reconstruir este episodio olvidado. A través de su relato se atestigua el simulacro de juicio al que fueron sometidos los fusilados días antes, en la sede del Círcol Federal Democràtic Obrer, ateneo republicano incautado por los vencedores, del cual parece que no se tomaron actas y cuyas únicas transcripciones se perdieron en la Transición, cuando la sede local de Falange fue desmantelada, según relata el historiador Oriol Dueñas, que ha estudiado los hechos. "Fue una mera venganza de unos vecinos contra otros", resume. El caso ha quedado en la memoria de Olesa marcado con el nombre del Judici de les vídues, pues fueron algunas de las mujeres que perdieron a sus compañeros a causa de la violencia incontrolada en los primeros días de la guerra, tres años antes, quienes ejercieron de improvisada acusación, teatralmente vestidas de riguroso luto. Dueñas cree que es difícil que alguno de los fusilados fuera responsable de los hechos de sangre que les imputaron: "Los miembros del comité revolucionario y de las patrullas de control habían huido mucho antes al exilio", mantiene.
Hasta 1995 no se descubrió una placa en el lugar donde fueron sepultadas las víctimas, con los nombres de las que se conoce su identidad. En 2004 se realizaron excavaciones arqueológicas en el foso. Ahora, cuando se han cumplido 80 años de este y de otros tantos episodios que dejaron heridas de guerra en la memoria colectiva de casi todos los pueblos y ciudades de Catalunya, Olesa ha decidido integrarse en la Xarxa d’Espais de la Memòria que gestiona el Memorial Democràtic de Catalunya. Gracias a esta colaboración, se colocarán sendos paneles donde estuvo la sede del Círcol y en el cementerio de Abrera, que explicarán lo sucedido a quienes pasen por allí.
El Memorial Democràtic es un organismo de la Generalitat, dependiente de la Conselleria de Justícia, creado por ley durante el Gobierno tripartito, en 2007, para recuperar y vindicar el recuerdo de las personas que sufrieron represalias por sus ideas, conciencia o forma de ser durante el periodo que abarca la Segunda República, la Guerra Civil y la dictadura franquista hasta la recuperación democrática. "Hablamos de memoria porque tratamos hechos que aún tienen un impacto en el presente, porque aún quedan testigos directos vivos. A menudo se trata de casos no resueltos desde el punto de vista político o ético, y por lo tanto acarrean pasiones y emociones", explica su director, Jordi Font Agulló, que añade que la labor del Memorial "se debe complementar con un trabajo historiográfico y de otras ciencias sociales que imponga distancia crítica".
Entre las numerosas actividades que desarrolla el Memorial –simposios, publicaciones, exposiciones, etc.–, quizás la más llamativa para el público no especializado sea la Xarxa d’Espais de la Memòria, que se extiende por casi todas las comarcas catalanas para visibilizar lugares simbólicos de la resistencia republicana durante la Guerra Civil, el movimiento obrero, la represión franquista y la oposición a la dictadura. "El objetivo es dejar constancia en el territorio de la tarea del Memorial y colaborar con el trabajo de recuperación que realizan previamente otras administraciones, principalmente ayuntamientos, o también entidades privadas", detalla Font.
La red cuenta con unos 70 lugares visitables y señalizados, todos ellos con un protocolo unificado, pero de tipologías muy variadas. Hay recintos museísticos más o menos tradicionales, como el Museu Memorial de l’Exili de la Jonquera o los centros de interpretación de la batalla del Ebro en la Terra Alta –los dos grandes buques insignia de la red– o el Museu d’Història de la Immigració de Catalunya, en Sant Adrià de Besòs. Pero también se pueden visitar vestigios de aeródromos, centros de reclutamiento o arsenales de armas utilizados por las tropas republicanas.
"Tras el impulso inicial, entre 2008 y 2010, la ampliación de la red quedó paralizada por la crisis y los recortes. Hace un par de años que se está volviendo a reactivar", reconoce Font. Asegura que queda "mucho trabajo por hacer, sobre todo en el periodo del tardofranquismo, en Barcelona y su área metropolitana", ya que "la Guerra Civil ha sido tradicionalmente más estudiada". La mayoría de espacios de la red, de hecho, corresponden a esta época.
Entre los puntos que gestiona la red en el área metropolitana son reseñables algunos refugios subterráneos usados contra los bombardeos principalmente de la aviación fascista italiana, como los de Calella o la plaza Macià, en Sant Adrià. En Barcelona y otras ciudades del entorno existen otros refugios visitables, que gestionan los entes locales.
Algunos espacios de la red se hallan en lugares muy turistificados. Como los restos en Barcelona de la batería antiaérea del Turó de la Rovira, donde un pequeño centro de interpretación recuerda también el poblado de barracas erigido allí mismo por los migrantes de la posguerra. Otro caso similar es el del Camp de la Bota, en la desembocadura del Besòs, que acogió hasta los años 80 una fortificación militar y un foso usado como lugar de prácticas de la Escuela de Artillería del Ejército, durante años rodeado por barracas. Este lugar, hoy sepultado en la gran masa de cemento del Fòrum de les Cultures, fue utilizado como lugar de fusilamiento ocasional antes y durante la Guerra Civil. Tras la contienda se erigió en el epicentro de la maquinaria de destrucción de cualquier elemento desafecto al nuevo régimen: entre 1939 y 1952 –cuando dejó de usarse– se ha documentado la ejecución de 1.706 personas, después de pasar por consejos de guerra sumarísimos. Entre ellas, mujeres como Carme Claramunt, militante de Estat Català que, como tantos otros condenados, fue sentenciada a la pena capital por "apoyo a la rebelión" sin que se le pudiera imputar ningún delito de sangre. En febrero, por iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona, se inauguró un panel de unos 60 metros de ancho con los nombres de las víctimas, fotos, fragmentos de cartas y otros documentos.
El artista conceptual Francesc Abad, quien concibió la presentación del parapeto por encargo del comisionado de la Memoria de Barcelona, Ricard Vinyes, ha abordado varios proyectos relacionados con lo que denomina la "memoria de los perdedores", siempre a medio camino entre el trabajo documentalista y la presentación multimedia. Su vínculo con el Camp de la Bota se remonta a 2004, cuando las obras del Fòrum arrasaron los vestigios del muro, testigo silente de tantas muertes. "Se apostó por un uso del espacio privatizador y turístico. Nadie quiso acordarse de lo que sucedió allí. Me pareció espantoso", explica. El parapeto original, visible en los años 90 entre restos de barracas, quedó sumergido bajo las aguas y los yates de lujo del nuevo puerto. En colaboración con la Associació Pro-memòria als Immolats per la Llibertat de Catalunya, Abad empezó a recoger materiales, que plasmó en una exposición itinerante que fue enriqueciendo con relatos orales, documentos y fotos. La muestra no se pudo ver en Barcelona hasta 2009, cuando el artista la donó a la fundación del Macba. Ahora puede verse en parte en el lugar de los hechos.