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Es la hora de Montjuïc

Por El Quinze
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Aunque la ciudad no le preste demasiada atención, Barcelona no se puede desapegar de ese coloso que se erige frente al puerto y que alcanza los 185 metros de altura. Se trata de la montaña de Montjuïc, en la que se han escrito algunos de los pasajes más relevantes de la historia barcelonesa reciente: albergó la Exposición Internacional de 1929 y los Juegos Olímpicos de 1992, pero también asentamientos de barracas y numerosos fusilamientos durante el franquismo, entre ellos el de Lluís Companys, presidente de la Generalitat, en 1940. Desde el castillo, ahora visitable, se bombardeó la ciudad en 1842 bajo las órdenes del general Espartero. Pero, más allá de ser un espacio con un pasado remarcable, Montjuïc tiene también un gran potencial como pulmón verde para la ciudad. El Ayuntamiento de Barcelona lleva años trabajando en un plan que debería rescatar la montaña del olvido de los barceloneses y, si no se tuercen las cosas, ha llegado el mandato en el que deberá ponerse en práctica.
Montjuïc concentra una notable oferta cultural, deportiva y de esparcimiento, pero acceder a ella no resulta fácil para todo el mundo. El reto es romper con esta dinámica en un espacio en el que el ocio convive con usos tan variopintos como el que le dan los coches de prácticas de las autoescuelas –que ya parecen formar parte del paisaje–, las personas sin techo –que se han instalado allí en busca de refugio– o quienes ansían intimidad para sus fugaces encuentros amorosos. Los últimos tres gobiernos municipales –con socialistas, convergentes y comunes al mando, respectivamente– han tratado de ordenar la montaña, pero ninguno ha conseguido ejecutar un plan global. Algún que otro proyecto polémico, como cuando hace una década se quiso instalar allí la nueva perrera municipal, y los intereses contrapuestos tampoco han ayudado.
El Gobierno liderado por la alcaldesa Ada Colau (BComú) prometió presentar un plan de acción antes de que en mayo finalizara el anterior mandato, pero el adelanto electoral de las generales obligó a dejar en el cajón múltiples actuaciones al menos hasta después de las municipales, entre ellas esta. Ahora, Colau gobierna con el PSC. El nuevo acuerdo de gobierno establece desarrollar el Plan de Actuación de Montjuïc, que parte de la Modificación del Plan General Metropolitano (MPGM) aprobada en 2014 con Xavier Trias (CiU) de alcalde y que determina los usos de 338 hectáreas de la montaña como parque equipado. También tiene en cuenta el último proceso participativo sobre la montaña, desarrollado para debatir propuestas ciudadanas y que culminó a principios de este año, después de varios encuentros en los barrios más cercanos a la montaña y de algunas sesiones sectoriales, sobre sostenibilidad o diversidad funcional.
El gerente del distrito de Sants-Montjuïc, Francesc Jiménez, afirma que entre este mes de septiembre y el de octubre debe convocarse el consejo de Montjuïc para presentar las 229 propuestas de actuación que incorporará el plan y, a partir de entonces, será el Gobierno el encargado de priorizar las medidas. Desde el punto de vista técnico, no hay duda: debe ponerse por delante el mantenimiento de los caminos y espacios del parque. "Por el hecho de que no vive nadie allí, a veces no nos damos cuenta del deterioro", admite Jiménez. La otra gran necesidad es mejorar la movilidad. No hay ninguna barrera física, pero sí de percepción. "A Montjuïc vamos los barceloneses, pero sobre todo van los turistas", recalca.
Según datos aportados por el Ayuntamiento de Barcelona, la montaña recibe cada año al menos ocho millones de personas –la mayoría turistas– que acuden a sus museos o participan en alguna actividad. La cifra, sin embargo, no contabiliza a quienes salen a correr a diario por la zona o quedan en alguno de sus tranquilos jardines para merendar, por ejemplo. Entre los vecinos, las entidades y los equipamientos de la montaña, las demandas son recurrentes: quieren, sobre todo, más transporte público y más verde.
Suerte dispar para los museos
Muchos de los museos que están más alejados de la ciudad están sufriendo una caída en el número de visitantes. Esto es especialmente relevante en la Fundació Miró, en el corazón del Parc de Montjuïc: mientras que en 2011 recibió 583.831 visitantes –el récord de la década–, el año pasado fueron solo 352.903 –el registro menor–. En cambio, los centros culturales que hay alrededor –y que están mejor conectados con la trama urbana–, mantienen o aumentan la afluencia. Es el caso del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), el CaixaForum y el Poble Espanyol.
En la Fundació Miró aseguran que se vieron lastrados por el efecto del atentado de la Rambla del 17 de agosto de 2017, así como por el clima de tensión generado con la convocatoria del referéndum sobre la independencia de Catalunya del 1 de octubre del mismo año. En este han empezado a recuperar visitantes, pero han tenido que aplicar un duro plan de ajuste que ha conllevado despidos. Ven en el plan municipal una oportunidad. "Es evidente que ayudará a todos los equipamientos", defiende la subdirectora-gerente de la Fundació Miró, Dolors Ricart, para quien hay que conseguir que "todo el mundo tenga Montjuïc en mente". Y cree que hay que comunicar mejor todos sus atractivos, con una página web si se tercia, además de señalizarlos, facilitar el acceso en transporte público y atender reivindicaciones pendientes, como que llegue el Bicing a la montaña. "Debemos creérnoslo para que sea el pulmón verde de Barcelona que disfruten ciudadanos y visitantes", resalta.
Más verde y priorizar al ciudadano –al barcelonés, pero sobre todo al vecino de los barrios colindantes– es la demanda de Ana Menéndez, que preside la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona (FAVB) y que está muy vinculada a Montjuïc. "Lo que pedimos es decrecimiento, que las intervenciones no se hagan pensando en el turismo", reclama. En su opinión, equipamientos como la Fundació Miró deben centrarse en mejorar su relación con los barceloneses con días de visita gratis o más actividades infantiles. Subraya que la montaña "aún no ha logrado su condición de parque", y que para ello es indispensable eliminar "miles de metros de asfalto de grandes avenidas que tienen un ancho de autovía", como la del Estadi. En la MPGM de 2014 ese aspecto ya se contemplaba, pero no se ha materializado.
Menéndez considera que hay que ser más ambicioso y eliminar aparcamientos. "Gran parte de los problemas se resolverían con más transporte público y con la reducción del vehículo privado", insiste. Recalca que los sucesivos ejecutivos municipales han dejado Montjuïc "siempre aparcado" y, como el Ayuntamiento, sitúa el mantenimiento como algo básico. "La montaña vive un proceso de degradación constante porque no se hacen las inversiones necesarias", advierte, y pide poner más esmero en las zonas ajardinadas.
Este extremo de la ciudad es también relevante en cuanto a la biodiversidad. En él se han realizado actuaciones para preservarla, por ejemplo el reciente acuerdo municipal con las asociaciones Paisatges Vius y Hàbitats para la gestión del pantano de la Foixarda o la recuperación, a iniciativa vecinal y de la entidad ambiental Galanthus, de un torrente natural que había desaparecido por culpa de unas obras del funicular que conecta el Paral·lel con la zona más alta de la montaña.
Más verde y menos asfalto
Para el ambientólogo de Galanthus Sergi García, "la idea de constituir Montjuïc como un parque central de Barcelona implica frenar la construcción de equipamientos". De ahí la polvareda que levantó hace más de un año el proyecto de un polideportivo de cerca de 8.000 metros cuadrados en un solar con zona verde del paseo de la Exposició. El Ayuntamiento dice que el uso todavía no está concretado y que es una propuesta a debatir, pero Menéndez cree que, en lugar de iniciativas como esta, debería apostarse por recuperar espacios "infrautilizados y que están muy mal", como la piscina de saltos. García también reclama un plan integral que incorpore la gestión de los espacios con mayor valor ambiental, como el acantilado que da al puerto –el Morrot– y la parte forestal de la cumbre de la montaña. La FAVB y Galanthus temen por el acantilado por la presión humana que puede multiplicarse si a sus pies se ejecutan proyectos como el de un carril bici.
Una fuente de biodiversidad
El acantilado del Morrot es refugio de muchas especies animales, pero, si su tranquilidad se revierte, estas podrían verse perjudicadas, por lo que Sergi García pide proteger los espacios naturales. Montjuïc destaca por albergar rapaces, como el halcón común y el cernícalo –de estos últimos, el Morrot había llegado a acoger una gran colonia de hasta 20 parejas, una de las más importantes de Europa–; un murciélago de cierto tamaño, el rabudo; algunos anfibios, como la rana común, la ranita meridional y el sapo partero común; varias serpientes, como la blanca y la verde, con ejemplares de esta última de hasta dos metros de largo; reptiles, por ejemplo diversas especies de lagartijas, además de erizos, musarañas, pájaros acuáticos, libélulas y mariposas. Incluso se ha llegado a ver jabalíes, que se fueron por donde vinieron: las vías del tren que conducen al puerto.
La lista de entidades que hacen uso de la montaña es interminable. Una de ellas es el Club Arc Montjuïc, que, pese a que en algún momento se planteó desplazarlo, se mantiene en el foso del castillo desde hace más de 60 años. Con más de 500 usuarios, es el club de tiro con arco más grande del Estado. Jordi Falgueras, su presidente, opina que cuesta sacar adelante un plan de Montjuïc porque "es muy difícil que todos los agentes implicados estén de acuerdo". Pero confía en que el plan se aplique y se aborden otras necesidades acuciantes, como la de la vivienda. "Aprecio mucho lo que se ha hecho", recalca, haciendo referencia a la reflexión que se ha llevado a cabo sobre Montjuïc, en cuyas reuniones participaron 530 personas y que suscitó más de 11.300 visitas a la web de la plataforma participativa Decidim. El historiador Oriol Granados, del Centre d’Estudis de Montjuïc, cree que hasta ahora se ha actuado de forma demasiado puntual y "sin ir en función de la idea de parque de ciudad". Como los demás, espera que por fin haya llegado el momento de acercar la montaña a los barceloneses.
DE MONTJUÏC AL LLOBREGAT
Es sabido que varias especies de animales han encontrado en distintos puntos de la ciudad un refugio en el que establecerse. Menos conocido es que la biodiversidad de la montaña de Montjuïc ha servido para repoblar algún que otro espacio natural del área metropolitana. El ambientólogo Sergi García, de Galanthus, relata que la montaña "mantiene poblaciones muy buenas, mucho mejores de las que hay fuera de la ciudad". En el año 2010, el sapo partero común –tòtil en catalán– se reintrodujo con 2.000 renacuajos en el delta del Llobregat, donde "prácticamente se había extingido", recuerda. Su origen no era otro que las balsas ornamentales artificiales de la montaña de Montjuïc y que están prácticamente naturalizadas. "Desde una ciudad se dieron animales a un medio natural; es increíble", afirma García, quien añade que aquellos ejemplares acabaron reproduciéndose. La experiencia no se ha repetido por ahora.
¿UN BARRIO DE VIVIENDA SOCIAL EN LOS TERRENOS DE LA FIRA?
El plan municipal de Montjuïc no abarcará todos los espacios que forman parte de la montaña. Uno de los que quedará al margen será el recinto de Montjuïc de Fira de Barcelona. Aunque este también tiene su plan. Fira y las Administraciones implicadas –Generalitat, Diputació y ayuntamientos de Barcelona y L’Hospitalet, además de la Cambra de Comerç– rubricaron a principios de año un protocolo que incorpora el proyecto Univers Montjuïc, que se prevé concluir en 2029 –coincidiendo con el centenario de la Exposición Internacional de Barcelona– y que supone remodelar el recinto y peatonalizar la avenida Maria Cristina. En paralelo, se ha puesto en marcha la ampliación del recinto Gran Via en L’Hospitalet, con una inversión entre ambos emplazamientos de unos 380 millones de euros. Falta por ver cómo se financian.
El proyecto de Fira en Montjuïc ha estimulado la creación de la plataforma La Fira o la Vida, que reclama habilitar en las 27 hectáreas de propiedad municipal un barrio de vivienda pública, equipamientos y bajos de protección oficial para coworking y comercio de proximidad. El arquitecto David Bravo, uno de los impulsores, defiende que los usos del espacio en la actualidad "son poco coherentes con el interés general de Barcelona", una ciudad "devastada" por la especulación inmobiliaria y con un gran déficit de vivienda pública.
Medio centenar de entidades apoyaron la iniciativa cuando se lanzó en primavera. No lo ha hecho la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona (FAVB). En lo que sí coinciden es en criticar la "opacidad", ya que el texto del protocolo no se ha hecho público. Bravo también censura que, según él, Fira paga solo 34.000 euros de alquiler anuales al Ayuntamiento por 140.000 metros cuadrados, lo que él equipara con un piso de 80 metros cuadrados cuyo alquiler no alcanzaría ni los 2 euros. La dirección de Fira asegura que el dato no es correcto, si bien tampoco detalla cuál sería el bueno, y reivindica que, aparte, en cinco años ha invertido más de 10 millones de euros en mantenimiento y mejoras del recinto ferial.
Despierta interés en EE. UU.
El Ayuntamiento asegura que por ahora no se ha posicionado sobre el proyecto del recinto ferial de Montjuïc y en Fira recalcan que este se halla en una fase "muy inicial", cuyos trámites ahora dependen del Consistorio. La tibieza de la Administración contrasta con el hecho de que la reflexión de La Fira o la Vida llegará a la Bienal de Arquitectura de Chicago (Estados Unidos), que se inaugura el 19 de septiembre, de la mano del urbanista Miguel Robles-Durán. Confrontará con un diagrama interactivo "los beneficios de la derecha" con las demandas que se proponen desde la base, explica Robles-Durán. "Queremos dar voz y proyección internacional a conflictos como los de Barcelona", agrega.