Este artículo se publicó hace 7 años.
La lactancia exige más a la universidad

Por El Quinze
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Cuando Lidia fue a la primera revisión pediátrica con su recién nacido, en un centro de atención primaria del barrio de Sants, en Barcelona, la doctora le dijo que para producir leche materna debía beber "medio litro de leche de vaca al día". A Anna, por su parte, un médico de cabecera de Castelldefels se negó a recetarle un medicamento que necesitaba por ser "incompatible con la lactancia". Ambas disponían de medios para rebatir esos consejos. Lidia, a través de su comadrona, sabía que la recomendación de su pediatra no tenía "ninguna base científica". Y Anna contrastó el comentario de su médico en e-lactancia.org, una página web impulsada por la Asociación para la Promoción e Investigación Científica y Cultural de la Lactancia Materna. Sin embargo, a diferencia de ellas, no todas las madres que quieren amamantar a sus bebés cuentan con los recursos y el apoyo necesario para hacerlo.
La carrera de Medicina no ofrecía, hasta hace poco, formación específica en lactancia materna. En una encuesta realizada a finales de 2017 por el Institut Català de la Salut, para evaluar los conocimientos básicos de los profesionales de la atención sanitaria primaria de Barcelona –sobre todo de médicos de familia, enfermeros, pediatras y enfermeros de pediatría–, una mayoría aplastante respondió que sus nociones acerca de esta práctica procedían, básicamente, de la "experiencia con familiares y amigos".
Justo ahora se empieza a poner remedio a esa falta de información: en este curso la Universitat de Barcelona (UB) ha empezado a impartir, en su campus de Bellvitge, una asignatura monográfica dedicada a la lactancia materna, una iniciativa pionera en el Estado. Pepita Giménez, profesora de Fisiología de la UB e impulsora de estas clases, asegura que crear este curso ha conllevado "un trabajo laborioso" pero necesario, ya que "había un fallo de conocimientos desde la base". La acogida ha sido tan buena que algunos alumnos han acudido como oyentes, sin matricularse.
Pero, ¿cómo se formaban los médicos hasta ahora? El que tenía interés, lo hacía por su cuenta. Así lo explica la pediatra Hortensia Vallverdú, que recuerda que en la carrera apenas estudió media hora de lactancia, en la que, además, recibió pautas erróneas. "En 800 páginas de apuntes de Pediatría, que conservo y revisé, no había ni un solo tema sobre lactancia materna, cuando es la forma ideal de alimento y lo que permite el óptimo desarrollo del bebé", asegura Vallverdú, quien lamenta que algunos profesionales estén dando información "sin saber". "Si no conoces la información correcta, lo más honesto es decir que no estás seguro, que tienes que buscarlo o preguntar", añade.
Carlos González, pediatra y autor de bestsellers sobre lactancia como Un regalo para toda la vida, mantiene que parte del problema reside en que los padres han trasladado a la consulta del pediatra un sinfín de dudas sobre crianza; preguntas que exceden en mucho el ámbito de la patología, que es para el que se han preparado los sanitarios. "Se ha cambiado la función del médico sin formarle para ello", apunta. "Lo normal sería que en los cursos preparto se explicara bien cómo funciona la lactancia, igual que se tratan otros aspectos del cuidado del niño. Y que el entorno de la mujer supiera asesorarla. Pero esa cadena ha fallado porque las dos últimas generaciones han dado muy poco el pecho como consecuencia de la promoción de la leche artificial. Por eso la lactancia ha acabado cayendo en el campo de la medicina", apunta González.
El apoyo de otras madres
La comadrona Encarna López, de la Associació Catalana de Llevadores y responsable de los cursos de actualización en lactancia de la Agència de Salut Pública de Catalunya, lamenta que se olvide "la importancia de los procesos fisiológicos". Y aunque apunta que la formación continuada ha aumentado, recuerda que sigue siendo voluntaria. "Quizás debería haber formaciones periódicas de actualización de obligado cumplimiento para garantizar unos conocimientos uniformes entre todos los profesionales", sostiene.
La cadena de información y apoyo a la que se refiere González ha pasado de las familias a los grupos de apoyo de la lactancia. Gemma Ibáñez es asesora en la asociación Alba Lactancia, una entidad con una decena de grupos presenciales en los que voluntarias como ella atienden de forma gratuita las dudas de las madres. "Vemos que la formación de los sanitarios es pobre y desactualizada, y a veces tenemos que rebatir información incorrecta", afirma. Aun así, celebra que cada vez más sanitarios recomienden a las madres que acudan a los grupos de lactancia: "Nos enorgullece y nos parece leal que sean sinceros y sepan reconocer sus límites, en vez de marearlas con información errónea".
Los grupos de ayuda suelen atender preguntas sobre dolores que a veces se presentan al amamantar, mastitis –la inflamación del tejido mamario–, problemas con la producción de leche por un mal inicio de la lactancia, dudas sobre la frecuencia de las tomas o acerca de pautas equivocadas de suplementos de leche artificial, entre otras cuestiones. Las asesoras de Alba Lactancia son madres voluntarias que realizan, como mínimo, una formación teórica presencial de 40 horas y un año de prácticas en un grupo de apoyo, además de tener que acreditar una experiencia personal de al menos un año amamantando.
Alba Padró, presidenta de la asociación y fundadora de la start-up catalana LactApp, lleva dos décadas atendiendo consultas de lactancia. Ahora llevará ese conocimiento a la universidad: su empresa ha creado junto a la Facultad de Ciencias de la Salud Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull (URL), el primer postgrado en lactancia materna de Catalunya, que arrancará el año que viene. Y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) ofertará próximamente otra especialización. Más posibilidades de formación universitaria para las futuras generaciones de sanitarios.
LEJOS DE LAS RECOMENDACIONES DE LA OMS
La Organización Mundial de la Salud (OMS)recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de vida del bebé; y como sustento principal, combinada con otros alimentos, entre los seis y los doce meses.
La OMS, además, considera beneficioso mantenerla hasta los dos años o más. En España, la tasa de mujeres que amamantan ha aumentado considerablemente en los últimos 30 años, pero continúa lejos de
las recomendaciones. Según las últimas encuestas de organismos oficiales, casi el 90% de las madres desea dar el pecho, pero solo el 39% sigue haciéndolo a los seis meses.