Este artículo se publicó hace 7 años.
Los médicos ya recetan cultura como terapia

Por El Quinze
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Un hombre sin hogar se arregla para ir a un concierto. Otro, que no recuerda la última vez que lloró –el mismo que ingresó en un piso para rehabilitarse de su adicción a las drogas–, estalla en sollozos tras una experiencia musical en un teatro. Gracias a este estímulo, su psicólogo logra acceder a un mundo emocional hasta entonces desconocido y puede empezar a trabajar con él. Este es el poder de la cultura. Y hay muchos más casos, con nombres concretos e historias cercanas.
Laura, una barcelonesa de 49 años aficionada al pop, nunca hubiera imaginado que la ópera podría ayudarla a superar su situación: un infierno consecuencia de la adicción a las drogas que la llevó a ingresar en un centro de rehabilitación. Un lugar en el que su red de socialización ya no tiene cabida, porque sus amigos y colegas de bar, con los que bebía y consumía, pueden perjudicar la senda de su recuperación. Sobre todo después de que los médicos le diagnosticaran un indicio de trastorno límite, dependencia afectiva, tendencia depresiva y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Lo que Laura no hubiera imaginado es que, tras romper con su vida social anterior, podía construir otra gracias a Apropa Cultura, un programa que ofrece ocio cultural en teatros, museos y auditorios a personas en riesgo de exclusión social con el apoyo de entidades públicas y privadas, y que ayudó a Laura a salir adelante.
Laura recuerda cómo la pasión de la bailaora Sara Baras la contagió de energía positiva y le elevó la autoestima. "Generalmente, cuando recibes un diagnóstico de estas características, te crees limitado: ya no puedes ir a trabajar y el primer daño lo sufre tu autoestima", explica esta usuaria del programa, creado en 2006 por Sònia Gainza, que por aquel entonces cumplía unos cuatro años como responsable de Marketing de L’Auditori. "Ir a un concierto o al teatro..., esto yo no puedo hacerlo", se decía Laura a sí misma, antes de empezar la recuperación. Y recuerda con emoción el día en que se atrevió a compartir una experiencia cultural con el grupo de gente con el que, de forma periódica, acude ahora a espectáculos de todo tipo, para salir luego a tomar algo y sociabilizar.
"No estaría igual sin Apropa Cultura. Puedes hacer mucha recuperación con psicólogos y psiquiatras, pero, si no te sientes parte de la sociedad, te falta algo", reivindica Laura. Ella logró reconectar con sus emociones gracias a la danza y la música clásica. Ahora trabaja como voluntaria de musicoterapia en una iniciativa dirigida a personas con alguna diversidad funcional, que se lleva a cabo también en L’Auditori de Barcelona. "Yo venía del mundo de las drogas y, después, del ámbito de la salud mental. Creía que esa ansiedad y ese subidón nunca más lo volvería a vivir, pero gracias a la cultura he vuelto a experimentarlo", explica agradecida.
"He vuelto a la vida", le aseguraban a Gainza algunos usuarios del programa, que trabaja con pacientes con alzheimer, fibromialgia, esclerosis múltiple y adolescentes en riesgo de exclusión –como menores extranjeros no acompañados–, entre otros colectivos, a los que da herramientas para hallar sentido a la vida. La creadora de la iniciativa, que también es coordinadora de actividades sociales participativas de L’Auditori, subraya el papel de la cultura como experiencia de inclusión, como "herramienta de cohesión social". No en vano médicos ingleses han empezado a recetar a sus pacientes conciertos, clases de música, recitales de poesía, listas de música en plataformas digitales y visitas a museos. El proyecto, que estará totalmente desarrollado en 2023 en el Reino Unido, se fundamenta en el hecho de que "el acceso a las artes mejora la salud mental y física de las personas".
"Más felices y sanos"
"Nos hace más felices y sanos", defendía el secretario de Salud británico, Matt Hancock, al presentar la iniciativa. Por las mismas fechas, en noviembre de 2018, los médicos canadienses habían empezado a recetar visitas a museos para tratar algunas enfermedades. Quizá el arte no pueda curarlas, pero sí puede ayudar en determinadas terapias y tratamientos. De ello están convencidos más de 100 facultativos de la Asociación Francófona de Médicos de Canadá, que tienen poder para recetar 50 pases gratis para visitar el Museo de Bellas Artes de Montreal. El objetivo es que el paciente acuda acompañado de su familia o amigos, para potenciar el efecto de la terapia. "Al ofrecer la entrada gratis a museos, un lugar para vivir una experiencia relajante y revitalizadora, un momento de respiro en compañía de tus seres queridos, ofrecemos una buena ocasión para estrechar lazos y facilitar la recuperación del paciente", observan los impulsores de la iniciativa.
El de Canadá no es un caso aislado. En Estados Unidos, sin ir más lejos, algunos hospitales han empezado a habilitar una sala de arte en sus recintos para abordar ciertas enfermedades. Otro caso similar es el de Escocia, donde existe un plan piloto mediante el cual los médicos recetan visitas a la naturaleza.
En la misma línea, el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) y el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona pondrán en marcha a partir de septiembre un proyecto que ha de servir para ver en qué medida el arte puede ofrecer beneficios a mujeres migrantes con estrés postraumático. La idea nació del hospital, que buscaba experimentar nuevas formas con que abordar los casos de mujeres recién llegadas que, a menudo, han sufrido abusos sexuales y situaciones de violencia machista que han acabado por originar cuadros agudos de estrés. "A menudo no acabamos de llegar a sus historias y tampoco ayuda el hecho de acudir a un hospital", explica Josep Antoni Ramos-Quiroga, responsable de Psiquiatría de Vall d’Hebron. Muchas veces, en sus entornos de origen, como el África subsahariana, el hospital constituye el último recurso antes de morir y esto supone una gran barrera, constata el psiquiatra.
En este contexto, el museo y el arte se erigen como un espacio interesante para facilitar la terapia. "El arte es una muy buena excusa para ponerse a hablar, para expresarse", resalta Lluís Alabern, jefe de Mediación y Museografía del MNAC. Y recuerda: "Ante una obra de arte, todos podemos decir algo, no hace falta ser un erudito". Junto al director del MNAC, Pepe Serra, Alabern trabaja para destruir la visión patriarcal y elitista que suele caracterizar a las grandes colecciones y pinacotecas. A su juicio, el museo debe convertirse en un espacio de debate del presente, en un "ágora pública" que permita el intercambio social sin jerarquías ni visiones ilustradas alejadas de la realidad.
Cuando un día un niño migrante señaló a una mujer con un largo vestido negro que había sido pintada por Ramon Casas y exclamó: "Mira, mi madre", en alusión al burka de su progenitora, los educadores del museo se echaron las manos a la cabeza. La pintura de Casas es "absolutamente actual", a pesar de haber sido hecha hace 100 años, relata el jefe de Mediación. En medio de este proceso de refundación, los médicos de Vall d’Hebron llamaron a la puerta del museo, y se les encendió una bombilla cuando, escuchando intensamente a los museólogos, constataron que "el arte sirve para hablar". "Es un elemento catalizador perfecto para hacer aflorar emociones de una forma natural. Puede ser transformador", subraya Alabern.
A la vuelta de las vacaciones, un grupo de entre 10 y 15 mujeres realizará sesiones de terapia en el hospital, mientras que el otro se trasladará al MNAC, para comprobar de forma científica si el hecho de ser tratadas en un ambiente no sanitario y aplicando en las sesiones las ventajas del arte mejora su calidad de vida. A través de imágenes de paisajes agradables, que puedan generar un "espacio de comodidad", y de cuadros que puedan reflejar los roles de la mujer en la sociedad, previamente seleccionados con el museo, un equipo de profesionales del hospital iniciará un diálogo con ellas. "Que el arte tiene efectos positivos sobre la salud no es una novedad", certifica el psiquiatra de Vall d’Hebron, que ahora aspira a certificar su poder en mujeres con heridas emocionales profundas.