Este artículo se publicó hace 7 años.
El mercadillo resiste en el extrarradio

Por El Quinze
-Actualizado a
Cuánto valen estos?
–60 euros, señora; son de marca.
–Carísimos.
–60, señora, ni un euro más ni uno menos. No le voy a vender los zapatos de baratillo.
Así empieza un martes cualquiera en el mercadillo de Ciutat Cooperativa, en Sant Boi de Llobregat. Mujeres y hombres, todos del barrio, transitan entre puestos. "Quiero un body de tirantes", dice una señora. "Qué presumida ha salido", apunta el marido. Aquí no se venden zumos detox ni batidos con espinacas. Tampoco hay casacas de segunda mano ni grupos de música indie amenizando la mañana. Aquí hay churros y bragas, tres por cinco euros. Y joyas de acero quirúrgico. "Los sujetadores se cambian, las bragas no", reza un cartel en una parada. Asoman nubarrones, pero todavía luce el sol.
Los mercadillos de barrio del área metropolitana de Barcelona resisten y se adaptan a la moda. En los puestos se pueden ver las últimas tendencias a precio asequible, pero también el género de siempre. En los pasillos confluyen vecinos y vecinas de perfiles bien variados, como si de un gran experimento sociológico al aire libre se tratase. Jesús, que tiene un puesto de zapatos, se queja: "La cosa está fatal. Mira, son las 11 de la mañana, hora punta en todos los mercadillos, y casi no he vendido nada. Las ventas en los mercaíllos han ido cayendo, por la crisis y por la competencia desleal de las grandes superficies". Él tiene su teoría: "Cuanto más alejados estén los mercaíllos de un centro comercial, más se vende". Jesús, que tiene 28 años, asegura que todo el género que vende es producido en España y que los productos que vienen de China son "pan para hoy y hambre para mañana". Su padre también tiene un puesto de zapatos.
Conscientes de lo mucho que las grandes superficies perjudican a estos pequeños y modestos mercados del extrarradio, el Ayuntamiento de Sant Boi de Llobregat, gobernado por el PSC, otorgó en abril 80 nuevas licencias para vender en los mercadillos semanales que se organizan en el municipio: la Muntanyeta, Sant Jordi, Torre de la Vila y Ciutat Cooperativa. Entre todos suman ahora 385 puestos en activo, lo que supone casi el 100% de las licencias disponibles.
Relación, dinamización y comunidad
Javier López (PSC), concejal de Ciutat Cooperativa, da una vuelta por el barrio. Todo el mundo lo conoce y lo saluda. "Los mercadillos son lugares referenciales en los que los vecinos confluyen, pasean, compran y se relacionan", reconoce. "La Coope no se entendería sin sus dos mercadillos semanales. Salir al mercadillo es un ritual: miras cosas, tomas un café, haces petar la xerrada y, si te convence algo, compras. Además, al mercadillo viene también gente de fuera, del resto del pueblo o de la Colonia Güell o Santa Coloma de Cervelló", añade López.
A solo unos metros del mercadillo está la tienda de Antonio, Pasarela. Vende ropa de señora y complementos. El mercadillo, en realidad, es su competencia, pero él lo ve con buenos ojos. "También atrae gente y me ayuda a ser más competente: miro qué es lo que no se encuentra en el mercadillo y lo ofrezco yo", explica Antonio. Si se le pregunta si sus prendas son de mejor calidad, sonríe. "Sí. Y, además, aquí en la tienda, te puedes probar las cosas con comodidad y tranquilidad. Yo ofrezco un trato personalizado y abro cada día, mientras que el mercadillo viene un par de veces por semana", apunta.
Pasarela hace 30 años que viste a las vecinas de la Coope, pero Antonio asegura que la proliferación de centros comerciales se ha notado. "Entiendo que comprar allí es cómodo: hay sitio para aparcar, puedes pasear, el súper está allí mismo y tienes todas las tiendas que necesitas. Pero, ¿qué pasaría si desapareciesen las tiendas y los supermercados de los barrios? Las tiendas de barrio tienen varias funciones: dar trabajo a la gente del barrio, fomentar el consumo local y hacer masa social. Los centros comerciales son de capital extranjero y los beneficios se los llevan los de fuera", mantiene Antonio.
Natalia, de 29 años, también ha notado los efectos negativos de las grandes superficies y de la crisis económica. "En casa siempre hemos vivido del mercado: mis abuelos y mis padres ya tenían un puesto", recuerda la tendera. "Antes, del mercadillo podía vivir una casa de seis personas, sin problemas, y ahora es imposible. Mi marido trabaja fuera; no podríamos vivir solo del mercado", añade. Natalia está en Ciudad Cooperativa los martes y los sábados. Los jueves, en Torrelavila. "El Primark y el Lefties nos han hecho daño: venden de todo y muy barato", dice. Asegura que nunca se ha planteado poner una tienda porque el puesto en el mercado le permite conciliar mejor su vida familiar y laboral.
Encarni, una institución
El mercadillo de la Coope tiene una parada –valga el juego de palabras– obligatoria: la de Encarni, la churrera. Tiene 53 años y lleva 30 regentando este negocio. Su padre ya plantaba la tienda en 1976, cuando ella tenía 10 años. Encarni lo hace todos los martes y todos los sábados. Y asegura que vende más los martes que los sábados: "El hospital [se refiere al Parc Sanitari de Sant Joan de Déu, estrenado hace unos años] me ha venido muy bien: vienen las enfermeras, los médicos, los familiares... Además, ahora, en verano, los fines de semana la gente se va a la playa o al campo... ¡Oye! Tomad un churrito", y ofrece uno con mucho azúcar. Se queja de la crisis y de los políticos, y en cinco minutos se monta allí mismo una tertulia sobre la situación del país con un par de clientas. "Hemos tenido una década muy mala, los ricos se han hecho más ricos y los pobres nos hemos hecho más pobres", sostiene Encarni. "Di que sí. Los programas electorales los tendría que hacer el pueblo. Los políticos tendrían que ser como los trabajadores: si no cumples, a la calle, como todos. Yo te voto, Encarni. También la justicia está muy mal. Pero primero tenemos que cambiar nosotros, ser más honestos. La política es el reflejo de lo que es la sociedad de cada país", apunta una clienta. "¿Tú te crees que es normal que los abuelos tengan que pagar 2.000 euros para estar en una residencia?", añade otra. Una lección de dignidad, contundencia y empoderamiento. Las tres terminan la charla con un "en fin" y las clientas se marchan cargadas de churros.
Cornellà Centre, punto neurálgico
Como el de Ciutat Cooperativa, el mercadillo de Cornellà Centre, en Cornellà de Llobregat, se convierte en punto de referencia para vecinos y vecinas todos los martes por la mañana. Mariángeles, de 72 años y valenciana de nacimiento, ha acudido en busca de unas sandalias. "Hoy he venido al puesto de los zapatos; hace unos meses me compré este par y me han salido tan bien que he venido a por otro. Es que llevo plantillas y me cuesta encontrar zapatos cómodos. Pero justo he dado con este puesto que tiene muy buen género", dice contenta Mariángeles.
Carmen tiene 46 años y es de Sant Boi, pero hoy está en el mercadillo de Cornellà. "He venido a pagar la hipoteca y, de paso, doy una vuelta, a ver si encuentro algo. No lo compro todo aquí, sólo algunas cosillas", confiesa. Suele ir al mercadillo de la Coope una vez por semana. "Mira estos sujetadores, es una marca de corsetería buena", avisa.
En otro puesto, Susana, de 42 años, vende productos de limpieza e higiene personal y cosmética. Sus precios son unos céntimos más baratos que los del supermercado. Lleva nueve años al frente del negocio y durante la semana visita Cornellà, Esparreguera, Viladecans, Sant Feliu de Llobregat y el barrio de Bellvitge, en L’Hospitalet de Llobregat. "A mí me han hecho mucho daño las ofertas de las grandes superficies: la gente, por veinte céntimos, te deja de comprar", dice Susana, entristecida. "¿Te llevas dos colonias, ¿verdad? Mira, te doy el cambio en pequeño", dice atendiendo a una clienta.
El cielo se ha tapado y la lluvia empieza a caer tímidamente. Los nubarrones que a primera hora de la mañana parecían inofensivos han decidido dar por terminada la jornada. Los comerciantes se apresuran a tapar el género con lonas de plástico. Algunos, menos optimistas, recogen y se van para casa.
Pero, a pesar de las adversidades, hay quien mantiene la esperanza intacta. "Yo llevo dos meses en este mercao, pero toda una vida vendiendo. Y mira: no subestimes los mercaíllos. Porque yo tengo una tienda en La Llagosta, en el Vallès, y vendo más en el puesto que en la tienda. En el mercaíllo también hay calidad", concluye un vendedor.
MÁS CENTROS COMERCIALES
Los centros comerciales no son un fenómeno nuevo en el área metropolitana de Barcelona. Pero en la última década han proliferado. Nuevas grandes superficies se han sumado a otros centros con más solera. Sant Boi, por ejemplo, cuenta con el complejo de Alcampo, ubicado en el polígono industrial Les Salines. Cornellà, con Cornellà Centre y Splau, junto al estadio del RCD Espanyol. En L’Hospitalet está La Farga y Gran Vía 2; en Castelldefels, L’Ànec Blau; y en Gavà, Barnasud. En Viladecans se inauguró hace un par de años un outlet con primeras marcas a precio casi imbatible y funciona también el centro comercial Vilamarina. A finales de 2018 se abrió uno en Esplugues, Finestrelles. Y todo eso sin contar los de Barcelona capital.