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Afganistán, la primera piedra en el camino de la política exterior de Joe Biden

El 1 de mayo las tropas de EEUU tienen que abandonar Afganistán, pero Biden da por hecho que esto no será posible y que incumplirá los acuerdos de Doha. Se arriesga así a que las tropas americanas sean atacadas de nuevo por los talibanes y a que la guerra vuelva a enquistarse tras 20 años de conflicto.

Joe Biden
El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, durante una alocución en la Casa Blanca, el 6 de abril de 2021. Brendan Smialowski / AFP

En 2001, tras el 11-S, Estados Unidos empezó en Afganistán una guerra contra los talibanes que se ha prolongado durante 20 años y que ha costado la vida de 2.300 militares estadounidenses. Para acabar esta "guerra sin fin", como la calificó Trump, Estados Unidos firmó en febrero de 2020 en Doha, Catar, un acuerdo con los talibanes y se comprometió a sacar las tropas del país el próximo 1 de mayo. El pasado enero, Joe Biden, que en campaña prometió acabar las guerras interminables, ocupó la Casa Blanca y recibió con ella esta herencia envenenada, que se antoja ya como su primera mancha en política exterior. El pasado 25 de marzo, en la hasta ahora única rueda de prensa que ha ofrecido esta legislatura, Biden adelantó lo que era un secreto a voces: "Va a ser difícil cumplir con la fecha del 1 de mayo por razones tácticas", dijo, "no puedo imaginar que haya tropas americanas en Afganistán el año que viene. Nos iremos, no vamos a estar mucho tiempo, la cuestión es cuándo".

Biden no tiene salida posible a este dilema. Si saca a todas las tropas del país el 1 de mayo, los talibanes acometerán una dura ofensiva contra el actual gobierno afgano, aliado de Estados Unidos, que no podrá aguantar el embate y caerá. Si permanece, habrá incumplido el acuerdo de Doha y las tropas americanas serán atacadas por los talibanes en la anunciada ofensiva de primavera. Esta situación obligaría a Biden a llevar a más tropas al país para defenderse y la guerra contra Afganistán pasará a ser la primera guerra de Joe Biden, justo lo que el presidente quiere evitar a toda costa.

Cuando Trump firmó el acuerdo con los talibanes había en el país unas 13.000 tropas de Estados Unidos (8.000 bajo el paraguas de la OTAN y 5.000 en operaciones de contraterrorismo y apoyo al ejército afgano). En estos momentos quedan 2.500 soldados estadounidenses. En los 20 años de guerra en Afganistán han muerto 2.300 militares americanos, los últimos de ellos, Javier Gutiérrez y Antonio Rey Rodríguez, el 8 de febrero de 2020, justo antes de los acuerdos de Doha. Los talibanes se comprometieron a ello y cumplieron. Es lo único que han cumplido de aquel pacto.

La estrategia de Trump a partir de la firma de Doha fue simplemente irse y dejar ante los leones al débil gobierno afgano de Ashraf Ghani. Los talibanes controlan la mitad o más del país y son militarmente mucho más fuertes. Si el gobierno de Ghani está en pie es por el sostén de Estados Unidos. Ésta es la herencia envenenada que ha recibido Biden. Si saca las tropas de Afganistán el 1 de mayo sin buscar un relevo, los talibanes volverán al poder; si se queda, Estados Unidos vuelve a encasquillarse en una guerra de 20 años que Biden dijo que terminaría. Los talibanes han anunciado una ofensiva de primavera que empezaría, supuestamente, a partir del mismo 2 de mayo. Después de 20 años, están deseando recuperar el poder del país como lo tuvieron hasta 2001.

Biden busca un pacto internacional

La estrategia de Biden pasa por un término medio: marcharse de Afganistán pero dejando un revelo que cumpla con las funciones del ejército americano (defender al gobierno afgano y dar apoyo a las tropas afganas contra los talibanes), y todo ello con la implicación de actores internacionales como Rusia, China, Turquía, Pakistán e Irán. Precisamente, el 18 de marzo, representantes de todos esos países y de Estados Unidos celebraron una conferencia sobre Afganistán en Moscú y en algún momento de este mes de abril está prevista otra cita en Turquía.

El objetivo de Estados Unidos para por marcharse de Afganistán y que su función pudiera hacerla un país tercero como India, aliado de Estados Unidos. Sin embargo, quedan menos de tres semanas para el 1 de mayo y aquí aparece el otro elemento del que Biden no dispone: tiempo. Si nada de esto llega a buen puerto, el 1 de mayo habrá tropas americanas en Afganistán, los talibanes darán por hecho que Estados Unidos incumple el acuerdo de Doha y serán atacadas.

Entretanto, el ministro de Exteriores estadounidense, Anthony Blinken, ha remitido una carta al presidente afgano en la que le plantea una hoja de ruta para el futuro. Según informa The New York Times, que ha tenido acceso a la misiva, Blinken expresa en la carta su preocupación por la situación del país a partir del 1 de mayo puesto que "la seguridad empeorará y los talibanes podrían recuperar territorios rápidamente".

Ante esto, Blinken asegura que Estados Unidos está "realizando un esfuerzo diplomático de alto nivel" para "acelerar las conversaciones de paz" entre el gobierno afgano y los talibanes, negociaciones que comenzaron tras los acuerdos de Doha de febrero de 2020 y que han fracasado en todo momento.

A partir de ahí, la propuesta de Estados Unidos para Afganistán pasa por tres pilares: impulsar un gobierno de transición entre los actuales aliados afganos y los talibanes, establecer una hoja de ruta sobre seguridad y gobernanza con apoyo internacional para que dicho gobierno promueva una nueva constitución, y, por último, negociar las condiciones para un alto el fuego permanente en el país.

La gran incógnita en todo esto es la implicación de los talibanes, sobre todo si a partir del 1 de mayo hay tropas de Estados Unidos en el país, incumpliendo el acuerdo de Doha de febrero de 2020.

Los talibanes han incumplido el pacto de Doha

Sin embargo, aquí surge también otra baza de la administración de Biden: también los talibanes han incumplido el acuerdo. En Doha los talibanes se comprometieron no sólo a no asesinar a militares de Estados Unidos, extremo que han cumplido, sino también a cortar lazos con grupos terroristas como Al Qaeda y a rebajar la violencia general en el país, dos puntos estos últimos que han incumplido flagrantemente.

Biden podría apelar a este incumplimiento para, con el acuerdo de otras potencias, tratar de obtener una prórroga al 1 de mayo. La única contraindicación de este movimiento sería que los talibanes acepten dicha prórroga y no ataquen las tropas estadounidenses en el país, lo que podría reavivar la guerra americana en Afganistán tras 20 años de conflicto.

El general retirado que comandó las tropas de la OTAN en el país de 2009 a 2013, James Stravidis, ha señalado a la red de cadenas de radios públicas de Estados Unidos, la NPR, que no sería muy inteligente retirar las tropas americanas de Afganistán deprisa y corriendo. "A veces no tomar una decisión se convierte en una decisión, lo que parece ser el caso de la fecha límite del 1 de mayo. La acción más prudente en este caso parece ser una prórroga de seis meses y un intento de que los talibanes cumplan realmente sus promesas, lo que permitiría", añade, "una retirada legítima en otoño basada en unas ciertas condiciones negociadas".

Quedan menos de tres semanas para ver cómo Biden ejecuta esta cuadratura del círculo que le permita evitar la reactivación de un conflicto interminable. Si no lo logra, Afganistán será la primera guerra de su administración, la primera guerra de Joe Biden. Y sucedería justo un día después de cumplir sus primeros cien en la Casa Blanca.

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