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La angustia de los migrantes atrapados en Bosnia ante la llegada del invierno

Miles de solicitantes de asilo permanecen a la intemperie a las puertas de la Unión Europea. Ni las autoridades ni las grandes organizaciones aclaran si tienen algún plan para dar refugio y hacer frente a la nieve y el frío balcánico.

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Un niño migrante en una de las protestas ante la frontera de Croacia. - AFP

Lluvias intensas, cero grados por la noche que seguirán bajando día tras día... Miles de personas atrapadas a las puertas de la Unión Europea esperan con angustia la llegada del invierno. Hartos de la falta de respuesta desde Bruselas, los migrantes que malviven en un prado que se inunda con cada gota de agua en Bosnia, la última frontera antes de llegar a territorio comunitario, han decidido levantar la voz para, al menos, recordar que existen.

Durante más de una semana, hasta el pasado miércoles 30, cientos de personas repartidas en diferentes enclaves fronterizos acamparon día y noche frente a Croacia, su puerta de entrada a la UE, como medida de protesta. Las concentraciones se disolvieron de forma pacífica y muchas familias fueron trasladadas a un campamento de refugiados nuevo. Los hombres solteros y aún algunas familias continúan en los refugios de plástico que abarrotan el prado de Velika Kladusa o en los edificios abandonados de Bihac.

En Bihac y Velika Kladusa, a los pies de Croacia, viven miles de personas llegadas de diversos países, varios de ellos en conflicto

En agosto, el Parlamento Europeo envió seis millones de euros al Gobierno bosnio para que hiciera frente a varias tareas: mejorar las capacidades para la identificación y el registro de los migrantes, y asegurar el alojamiento y las necesidades básicas de los refugiados y solicitantes de asilo. Sin embargo, el dinero también estaba destinado a "reforzar las capacidades de control y supervisión de las fronteras y la prevención y la lucha contra el tráfico de personas”, una afirmación que en la práctica ha aumentado el bloqueo de las fronteras comunitarias y un encarecimiento de los servicios de los traficantes.

Ante el inminente invierno, ni las autoridades bosnias ni las grandes organizaciones han aclarado si cuentan con algún plan concreto para garantizar refugio a todo el mundo. Los campamentos tienen menos plazas disponibles que necesitados de refugio. Y, mientras, los migrantes miran desesperados hacia el frío que está ya sobre sus cabezas. 

Protesta en las cercanías del cruce fronterizo de Maljevac, cerca de la ciudad de Velika Kladusa, en el norte de Bosnia. - AFP

De la violencia de las guerras, a la violencia de Europa

En las localidades de Bihac y Velika Kladusa, situadas a los pies de Croacia, viven miles de personas llegadas de diversos países, varios de ellos en conflicto o con gobiernos dictatoriales: desde Bangladesh a Marruecos, pasando por Afganistán, Irán, Kurdistán, Irak, Siria, Yemen, Egipto, Libia, Túnez, Argelia, Nigeria o Eritrea. Casi todos llevan años de viaje. Conseguir llegar a Italia desde Bosnia es su objetivo, el último paso de su odisea. El problema es que, cuando son descubiertos caminando por bosques de Eslovenia y de Croacia, son deportados en caliente y, en muchas ocasiones, golpeados por la policía croata.

"Yo no quiero ir a Europa. Yo quiero estar en mi país, con mi familia", cuenta  Saíd, migrante atrapado en Bosnia 

“Por favor, cuéntales a los que están en el Parlamento Europeo que si paran de intervenir con armamento en nuestro países, que volvemos. Yo no quiero ir a Europa. Yo quiero estar en mi país, con mi familia. Una pequeña casa, una mujer, los niños jugando. Y no necesito más, pero por favor, diles que paren de apoyar y alimentar los conflictos”, explica Saíd (nombre ficticio), uno de los migrantes atrapados, con cara agotada. 

Lleva desde marzo en Velika Kladusa y más de un año en la travesía balcánica. Ha intentado en muchas ocasiones llegar a Italia. Ahora habla lento y pausado mientras camina por la carretera de esta localidad, que desemboca en la frontera oficial del pueblo.

Tensión frente a la llegada del invierno

En poco, los días de incertidumbre y espera serán absorbidos por la nieve, la oscuridad y el frío balcánico. Los nervios están a flor de piel entre los migrantes, angustiados sin saber si se crearán campamentos suficientes y ante la posibilidad.de enfrentarse al invierno a la intemperie. Las intentonas por cruzar se han incrementado y, con ellas, los deportados con marcas de las porras de la Policía. 

Al tiempo que aumenta la dificultad para cruzar la frontera, más caro se vuelve el tráfico de personas. Los traficantes se aprovechan de la situación y mientras en verano había quien pagaba 600 por cruzar parte de Croacia en coche, seguir a pie la frontera con Eslovenia y retomar ese coche hasta Italia, ahora ese precio es solo para ir de Eslovenia a Trieste.

Uno de los campamentos a la intemperie en Bosnia, junto a la frontera con Croacia. - AFP

Otro asunto que preocupa a los migrantes es la falta de protección e identificación apropiada. Muchos han perdido su tarjeta amarilla, que les permite permanecer en Bosnia, cuando al intentar cruzar la frontera se cruzan con la Policía croata, que tiene entre sus tácticas favoritas la destrucción de documentos. Eso ha provocado que entre los refugiados se mezclen personas que escapan de la ley.

"No quiero pasar aquí el invierno, hay muchos hombres que dan problemas y me da miedo pensar en estar aquí muchos meses más"

“Me voy en dos o tres días al Game”, sentencia Aziz. “No quiero pasar aquí el invierno, hay muchos hombres que dan problemas y me da miedo pensar en estar aquí muchos meses más”, continúa. Ir a la Policía no siempre es una gran solución, ya que los migrantes no siempre reciben atención por parte de las autoridades.

Han pasado varios meses desde que comenzasen a llegar solicitantes de asilo de forma masiva a Velika Kladusa y a Bihac como ruta alternativa para llegar a Europa. Al principio, los ciudadanos locales se volcaron en ayudar. Ahora, la situación se está complicando. Aunque los bosnios conocen bien qué significa escapar de la violencia en busca de una vida mejor y, por lo general, mantienen su amabilidad, también se están cansando ante los problemas de violencia y de la inacción de las instituciones que mantienen a miles de personas a la intemperie.

Como ejemplo, el hospital de Velika Kladusa ha dejado de atender las necesidades médicas y la única opción que les queda a los refugiados y refugiadas es el acceso a los servicios de Médicos sin Fronteras, tres mañanas a la semana. Al mismo tiempo, como ya pasó en Serbia, la ayuda a las personas en tránsito comienza a penalizarse por parte de las autoridades. Hace unas semanas, una mujer bosnia, de Velika Kladusa, tuvo que pagar una multa de más de 1.000 euros por tener alojadas en su casa a una familia que no tenía documentación