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Argentina Cristina Fernández sorprende a Argentina al postularse a la Vicepresidencia

La exmandataria y actual senadora altera el escenario político al anunciar su decisión de ocupar el segundo lugar de la fórmula que encabezará su exjefe de gabinete Alberto Fernández en las elecciones presidenciales de octubre.

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Cristina Fernández, en Buenos Aires. / UNIDAD CIUDADANA

La expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) logró desconcertar este sábado a un país acostumbrado a los eventos políticos inesperados. Cuando se especulaba si se presentaría a las elecciones presidenciales del próximo 27 de octubre o si renunciaría a todo tipo de candidatura, la senadora desveló que su apuesta electoral será la vicepresidencia de una fórmula liderada por Alberto Fernández, hombre de confianza del fallecido expresidente Néstor Kirchner, que lo tuvo como jefe de gabinete durante los cuatro años que duró su Gobierno (2003-2007).

“Ese principio siempre remanido y repetido y tantas veces incumplido del peronismo de: 'Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres', bueno… Es hora de hacerlo realidad de una vez por todas. No solo con palabras, sino también con los hechos y, sobre todo, las conductas”, explicó la exjefa de Estado en un mensaje de voz de casi trece minutos difundido en las redes sociales.

Debido a la actual gestión del presidente Mauricio Macri, que atraviesa su cuarto y último año de mandato, “nunca (hubo) tantos y tantas durmiendo en la calle; nunca tantos y tantas con problemas de comida; nunca tantos y tantas desesperados llorando frente a una factura impagable de luz o de gas”, sostuvo.

La legisladora hizo especial énfasis en la deuda externa en dólares contraída durante los últimos tres años, que “es más grande que la que Néstor recibió defaulteada”. Con un agravante: “casi el 40% es con el Fondo Monetario Internacional”, observó. Ante este panorama, es preciso anteponer “los nombres y las ubicaciones personales al desafío de construir una coalición electoral no sólo capaz de resultar triunfante en las próximas elecciones, sino también que aquello por lo que se convoca a la sociedad pueda ser cumplido”.

Cuando esta semana Fernández de Kirchner acudió por primera vez desde 2003 a un encuentro del Partido Justicialista, la histórica formación peronista de Argentina, ya advirtió que era necesario una coalición de Gobierno que superara la electoral. En ese contexto, la expresidenta se puso a disposición para integrar esa iniciativa “en el lugar que sea", según confirmaron a Público fuentes de la exmandataria en ese momento.

Un operador político hacia la presidencia

Al comenzar su Gobierno en 2007, la entones mandataria mantuvo al frente de la jefatura de gabinete a Alberto Fernández, un peronista que siempre estuvo más abocado al armado político que a la disputa por los cargos públicos y que, sin embargo, apenas resistió seis meses más en su puesto. El fiel escudero de Néstor dimitió después del conflicto del Ejecutivo con el sector agropecuario tras su intento de aumentar los impuestos a las exportaciones. Sólo tiempo después, este hombre, que hoy tiene 60 años, desvelaría sus desavenencias con la exjefa de Estado al punto de ser uno de sus principales críticos, sobre todo con su segunda legislatura, entre 2011 y 2015.

La dirigente opositora con mayor intención de voto en las encuestas electorales, con un caudal incluso mayor que el de Mauricio Macri, es también consciente de que dentro de una sociedad polarizada genera aversión en una franja considerable de la ciudadanía. Para superar esa brecha confía en Alberto Fernández, con el que estuvo peleada durante una década. El exjefe de gabinete, que ayudó a gestar el kirchnerismo como fuerza nacional, vuelve ahora para intentar ampliar una alianza que había quedado limitada a sus adeptos más acérrimos.

La fórmula Fernández-Fernández establece así una nueva estrategia al tratar de seducir al electorado que se sitúa en el centro y que no se siente identificado con la denominada grieta que polariza entre Macri y su predecesora.

El momento elegido por la expresidenta para sacudir el tablero político tampoco es casual, a sabiendas de un lastre que arrastra su candidatura. El próximo martes la senadora será fotografiada cuando se siente por primera vez en el banquillo de los acusados para ser juzgada por corrupción en los tribunales federales de Buenos Aires. El juicio dilucidará sus responsabilidades por el supuesto direccionamiento de la obra pública concedida al detenido empresario Lázaro Báez en la provincia de Santa Cruz (sur) durante su Gobierno. Éste será el primero de otros debates orales que afrontará la exmandataria, pero no el único, pues otras causas ya han cerrado su etapa de instrucción y han sido elevadas a juicio.

Macri descolocado

Este giro político obliga al actual presidente a meditar sus próximos pasos. Mauricio Macri, que ha manifestado su intención de revalidar su cargo en las urnas y cuya táctica electoral consistía en rivalizar con la exmandataria, descubre de repente que su principal adversaria hace exactamente lo que dentro de la coalición gobernante algunas voces disonantes le piden a él: que dé un paso al costado, lastrada como está su imagen por la crisis económica, y abra el espacio a una opción más competitiva.

Al conocer la noticia, sin embargo, el mandatario no dijo nada muy distinto de lo que ya repite como una letanía en sus actos. "Volver al pasado sería autodestruirnos", dijo, un mensaje en el que reincidieron con variaciones monocordes otros funcionarios de su administración.

Del otro lado, un peronista que había anunciado su intención de postularse este año a la jefatura de Estado, el exgobernador de Buenos Aires Felipe Solá, celebró la decisión de la expresidenta. Otro de los precandidatos presidenciales para los comicios de octubre, Sergio Massa, reconoció su respeto por la figura de Alberto Fernández, que fue su jefe de campaña cuando en 2015 compitió contra Macri y contra el candidato designado por la entonces mandataria para sucederla en el cargo, Daniel Scioli.

Todavía faltan cinco meses para las elecciones, y eso es mucho tiempo en Argentina. Éste es un país testigo de algunos cambios que se producen de manera vertiginosa y de otras vicisitudes que tardan más en aparecer en el horizonte. Sí es evidente que la próxima administración tendrá por delante una situación económica y social nada amable de gestionar, con recursos económicos limitados, y dependiente de una coyuntura internacional impredecible.