Este artículo se publicó hace 4 años.
La asociación que construye bibliotecas para los niños y niñas del Sáhara
Bubisher nació hace ya catorce años con la intención de que el pueblo saharaui no perdiera su vínculo con la lengua española. Una biblioteca en homenaje a Pilar Bardem es una más de las instalaciones que han construido.

Palma Aparicio, Ricardo Gómez y Gonzalo Moure
-Actualizado a
A la angustia por la reciente traición de la parte socialista del Gobierno y los cada vez más oscuros intereses del Estado, la gente de a pie responde con más solidaridad, aunque sea en medio de una dura crisis económica; una corriente que no ha cesado de crecer desde hace casi medio siglo. Por eso, el nombre de Pilar Bardem, asociado a la quinta biblioteca en el campamento de refugiados del Sáhara de El Aaiún, es un símbolo.
La Biblioteca Pública Pilar Bardem es el remate de todo un milagroso entramado impulsado por Bubisher, una red de bibliobuses y bibliotecas para niños y niñas del Sáhara que nació hace catorce años fruto del voluntarismo de algunos alumnos de colegios de todo el Estado y de un reducido grupo de escritores, bibliotecarias y enseñantes, con la intención de que el pueblo saharaui no perdiera su vínculo con la lengua española, y superpusiera a tiempo la cultura universal a la suya propia, mediante la lectura.
Bubisher es la historia de un fracaso y la historia de un éxito. Fracaso de un país, España, que abandonó el Sáhara Occidental hace 47 años, a cambio de nadie sabe muy bien qué, y éxito de la sociedad civil, la que no olvida y tampoco abandona.
El proyecto zarpó desde El Retiro en septiembre de 2008, con el poeta Marcos Ana como padrino. En el inicio no era más que un camión, donado por el Gobierno vasco y convertido en biblioteca, el primer bibliobús que ese mismo curso cruzó mar y desierto y, por fin, empezó a recorrer los cinco campamentos con la buena nueva de los 1.500 libros donados generosamente por las principales editoriales de literatura infantil y juvenil.
La buena nueva, porque el bubisher es el pájaro que lleva buenas noticias a las jaimas, a las escuelas, a los habitantes del desierto y la hammada; y esa tradición y ese nombre engarzaban como anillo al dedo con una forma nueva de transportar felicidad y horizonte a niños y jóvenes, a través de los libros. Tres años después, los mismos niños saharauis, y la lógica más elemental, pidieron un esfuerzo extra: construir lo que ellos llamaban "un nido para el Bubisher", es decir: una biblioteca.
Y de nuevo fue la gente, los clientes de cuatro grandes librerías de Asturias, Castilla, Cantabria y Andalucía, los que en cada compra pusieron su paletada de argamasa, su adobe, para levantar en 2011 esa biblioteca, en el campamento de Smara, el que se creía que sería el único nido del Bubisher. Pero los niños poco a poco fueron exigiendo otros nidos, otras bibliotecas en cada uno de los cinco campamentos. Primero Bojador, luego Ausserd...
No solo se trataba de construir, porque cada una de las bibliotecas suponía la contratación de una bibliotecaria, una auxiliar, un monitor para visitar las escuelas y los barrios más alejados con el bibliobús (uno por campamento), vigilante, a veces chófer... Toda una organización, cada vez más compleja, que requería al mismo tiempo una coordinación diaria y rigurosa, la formalización legal de la Asociación Escritores por el Sáhara-Bubisher, y todo basado en el voluntariado más absoluto. Y viajando con mucha frecuencia a los campamentos a cargo de cada voluntario o coordinador.
Todo un armazón disperso por todo el territorio que sostiene una comisión bibliotecaria, secretaría, tesorería y edición. Sin más instrumentos que el entusiasmo ni más pago que ver a una niña leyendo a la sombra de una moringa o dibujando su futuro, como persona y como pueblo. Recaudar para hacer posible todo eso era cada vez más arduo, pero los colegios y las bibliotecas de toda España respondieron sobradamente mediante mercadillos, ferias, carreras populares o teatros.
Hasta que surgió el primer libro saharaui editado por Bubisher, Ritos de Jaima, del poeta Limam Boisha, que poco después fue elegido como presidente de la asociación. De ese libro nació otro, El niño de luz de plata, escrito por los propios niños lectores de la biblioteca de Smara, que recaudó lo suficiente para construir otro Nido, la biblioteca de Dajla. Y después vinieron Arena y Agua, Nómadas de acogida... y los que vendrán. Y si no hay tres sin cuatro, en este caso no podía haber cuatro sin cinco, como comentábamos, con la Biblioteca Pública Pilar Bardem, en El Aaiún.
Y si no hay tres sin cuatro, en este caso no podía haber cuatro sin cinco. Como comentábamos, la Biblioteca Pública Pilar Bardem, en El Aaiún, es el último gran esfuerzo de esta asociación, que ha hecho que la sociedad saharaui, al borde del abismo que suponía la ruptura de la tradición oral, reconozca al Bubisher como propio e indispensable, un proyecto saharaui con apoyo español, y no al revés, porque viene a salvar ese legado oral, y al mismo tiempo a construir otro nuevo, conectando el acervo propio con la cultura universal.
Porque las cuatro bibliotecas, antes de fin de año cinco, no son simples almacenes de libros (casi la mitad en árabe); cada una tiene sala de lectura, sala polivalente, foro, jardín interior en el que poder leer o charlar a la sombra de los árboles; son centros culturales en los que se celebran reuniones de jóvenes, conferencias, cursos, charlas, clubes de lectura y escritura, en una actividad cada vez más intensa y fecunda.
Bubisher es una más de las contribuciones de la ciudadanía de aquí y de allá a la memoria, la fidelidad, la solidaridad. Como Vacaciones en Paz, Proyecto Madrasa, Escuela de Cine, Escuela de Música, Escuela de Arte y tantos otros proyectos. Una enmienda a la totalidad de la política de un Estado sometido a los dictados de Marruecos.
La gente: esa es la mejor respuesta, la mejor propuesta. Y entre la gente que hace posible el Bubisher, un nombre: Pilar Bardem, uno de tantos, y tantos nombres anónimos en uno.

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