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La creciente hostilidad hacia Netanyahu le dificultará repetir como primer ministro

La carrera de Benjamín Netanyahu atraviesa por su momento más crítico. Sus detractores en la escena política le han enseñado la tarjeta roja y quieren expulsarlo del terreno de juego. Su partido, el Likud, ha cerrado filas a su alrededor, pero este apoyo puede ser insuficiente para auparlo a la jefatura del gobierno si la oposición no modifica sus intenciones.

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Una imagen del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu junto a papeletas del partido Likud en Tel Aviv. / REUTERS - AMIR COHEN

Un creciente número de motivos auguran que Benjamín Netanyahu tendrá serias dificultades para repetir como primer ministro tras las elecciones del 17 de septiembre. Después de 13 años en el cargo, comienza a observarse el cansancio de muchos ciudadanos, y sobre todo un cansancio de la mayor parte de una clase política que nunca ha estado tan cerca de poner punto y final a su controvertida carrera política.

Esto no significa que las líneas políticas generales que sigue Israel vayan a cambiar con la desaparición de Netanyahu. Al contrario, son líneas que con pequeños matices comparten las élites que gobiernan el país y las que están en la oposición. Además, que Netanyahu se vaya a casa no significa necesariamente que el Likud vaya a verse relegado a la oposición.

En la cuestión palestina, por ejemplo, resolver el conflicto centenario no depende en ningún caso de Netanyahu o de la oposición, puesto que ni el uno ni la otra quieren resolverlo, sino de una intervención directa y ejemplar de Europa, pero los mandatarios europeos prefieren no enfrentarse a un problema que les toca bien de cerca y ante el que actúan movidos por oscuros intereses y no por los intereses de Europa.

El caso es que toda la oposición y hasta el líder del partido de extrema derecha Israel es Nuestra Casa, Avigdor Lieberman, que como aprendiz mamó la política de los pechos de Netanyahu, quieren poner fin a su carrera política. Se debe observar, sin embargo, que el partido del colono Lieberman, de ideología ultranacionalista y al que los sondeos conceden una decena de diputados que serán decisivos, solamente aceptaría entrar en un gobierno de coalición entre las dos mayores formaciones, el Likud y Azul y Blanco.

Toda la oposición quieren poner fin a su carrera política

Lieberman argumenta que la situación económica del país es más grave de lo que parece a primera vista y por lo tanto es preciso formar una amplia coalición que ignore a los partidos pequeños que ponen demasiadas y onerosas condiciones para dar su apoyo a cualquier primer ministro. Ahora bien, Lieberman dijo el sábado que si Netanyahu no es capaz de formar una coalición, el Likud debería buscar a otro candidato, “como por ejemplo Yuli Edelstein”, un ruso que como cualquier otro político del Likud es de armas tomar.

Lo dijo el sábado por la noche en una entrevista con el Canal 12 de la televisión hebrea, y al día siguiente, los 40 nombres que figuran en la lista de candidatos del Likud firmaron como un solo hombre un manifiesto prometiendo que ninguno de ellos sustituirá a Netanyahu, que es el único candidato del Likud, y que si Netanyahu no es elegido primer ministro, no hay recambio posible.

Lieberman ha puesto en entredicho la continuidad de Netanyahu cuando solo faltan seis semanas para los comicios, y este es el asunto más comentado desde el sábado. Recordemos que tras las elecciones de abril, Netanyahu ya fue incapaz de formar una coalición y se apresuró a disolver la Kneset unos minutos antes de que el presidente Reuven Rivlin nombrara a otro candidato, tal como había dicho que haría si Netanyahu no lograba su objetivo.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su esposa Sara, celebran la victoria en las elecciones israelíes. / REUTERS - AMMAR AWAD

Según todos los sondeos, tras el 17 de septiembre, Netanyahu tendrá las mismas dificultades que en abril para formar gobierno, o incluso más, de manera que la historia de abril podría repetirse y al presidente Rivlin no le quedaría más remedio que volver a abrir las urnas. Es una posibilidad que está ahí y que, tal como van las cosas, solo se evitaría si Netanyahu renuncia a ser primer ministro, algo que no contempla.

Netanyahu tendrá las mismas dificultades que en abril para formar gobierno, según los sondeos

Netanyahu le está viendo las orejas al lobo y su entorno da muestras de nerviosismo. Hubo un momento, la semana pasada, que un grupo de periodistas le preguntó al líder de Azul y Blanco sobre esta cuestión. Benny Gantz respondió que haría “lo mejor para Israel”, es decir, no descartaba una alianza con Netanyahu. Los medios de comunicación rebotaron inmediatamente la noticia, y a los diez minutos Gantz salió ante el mismo corro de periodistas para corregirse y precisar que descarta una alianza con Netanyahu, dando a entender que sí la contempla con cualquier otro candidato del Likud.

Netanyahu tiene un serio problema y los más conscientes de ello son sus propios aliados. En mitad de todo este lío, le preguntaron a Ayelet Shaked, la candidata del nuevo partido de la extrema derecha nacionalista y religiosa Derecha Unida, qué pensaba de lo que está ocurriendo, y Shaked respondió: “Netanyahu es nuestro candidato”, y añadió: “por ahora”. La coletilla sentó en el Likud como un tiro.

Un analista de The Jerusalem Post escribió esta semana que Netanyahu sufre de “paranoia” y dio a entender que no le faltan razones para sentirse perseguido. Una prueba de ello sería que recientemente ha nombrado a dos ministros, Amir Ohana en Justicia, y David Amsalem en Comunicaciones, dos carteras vinculadas directamente con los casos de corrupción en los que está implicado, y que para realizar nombramientos se ha guiado por la lealtad incondicional de ambos ministros y no por sus méritos.

Ya puede adelantarse que si los líderes de la oposición y Lieberman mantienen lo que han prometido públicamente en las últimas horas, Netanyahu no podrá formar el próximo gobierno. Si ocurre así, solo habrá dos alternativas, o que Netanyahu se aparte o que se convoquen elecciones otra vez, ya que el centro izquierda no tiene ninguna posibilidad de formar gobierno.