Crónicas desde la Flotilla. Día 30“Tengo miedo a Israel pero tengo más miedo a que perdamos la batalla de la impunidad”: así vive Ada Colau su travesía a bordo de la Flotilla
La Global Sumud Flotilla entra en su etapa final, a tres días de las costas de Gaza y apenas uno de la zona de potencial interceptación israelí.

A bordo de la Flotilla--Actualizado a
Su sonrisa disimula, pero no esconde las ojeras por falta de sueño. "Tengo miedo porque sé que Israel es un estado psicópata, pero me da mucho más miedo permitir que salga impune de este genocidio". Ada Colau habla con serenidad, se confiesa "feliz" y "llena" tras abandonar la política institucional. "Siento que he recuperado mi vida", confiesa desde el corazón del Mar Mediterráneo, a escasas 360 millas náuticas de Gaza.
La exalcaldesa se unió a la Global Sumud Flotilla que zarpó el 31 de agosto desde Barcelona. "Estaba harta de sentirme impotente. Cuando me enteré que podía poner el cuerpo y que la Flotilla salía de mi ciudad no me lo pensé", asegura. Para ella, la decisión fue natural: "Si tienes un cargo o un nombre público que puede ser más escuchado o tener más incidencia, tienes que ponerlo al servicio de las causas más urgentes". "Un mundo que permite tanta crueldad no merece la pena, y por eso hay que cambiarlo", dice la ex alcaldesa de Barcelona.
Lo que iba a ser una travesía de dos semanas por el Mediterráneo se ha convertido en una odisea de más de un mes. Un mes que ha incluido ataques contra el barco en el que viajaba y, sobre todo, un mes lejos de sus dos hijos y de su familia. "No tuve ninguna duda, pero no fue fácil", admite. Tiene dos hijos de 8 y 14 años, custodia compartida y el apoyo cotidiano de su madre. "Entonces se lo planteé: que quería ir a la Flotilla después de dos años de sentirnos impotentes viendo cómo masacraban a niños y niñas en las redes sociales… necesitaba poner el cuerpo".
Pero esta vez su madre le dijo que no. “Ella ya me conoce y sabe cómo soy desde que tengo uso de conciencia, pero esta vez me dijo: 'Ada, no. Estoy harta de sufrir y me da demasiado miedo porque Israel es un psicópata'". La frase la descolocó. "En un primer momento pensé en hacerle caso porque ella me ha sostenido y ha sido un pilar fundamental para mi salud mental", recuerda. Sin embargo, consultó con sus hijos y con el padre de éstos: "Ellos me dijeron que fuese. Y como me dijeron que sí, me lancé para adelante".
Su compromiso con Palestina no nació en la cubierta de esta Flotilla. Colau recuerda que en su último año como alcaldesa de Barcelona -antes de que comenzase la actual fase de genocidio- decidió romper relaciones con Israel y con el hermanamiento que la ciudad mantenía con Tel Aviv. "Intentamos que fuese una decisión de todos los grupos de izquierda, pero ERC y el PSC no quisieron, y asumí la decisión como alcaldesa", explica. Aquel gesto la convirtió en pionera: "Fuimos la primera institución de toda Europa en romper relaciones con Tel Aviv". Defiende esa fórmula de "boicot institucional, cultural y político" como una herramienta necesaria para "acabar con la impunidad israelí".
Colau ya había querido unirse a la Flotilla que debía zarpar desde Estambul en abril de 2024, pero la iniciativa quedó varada en puerto por presiones diplomáticas. Meses antes, en octubre del mismo año, había viajado a Cisjordania con una delegación internacional. Allí, dice, pudo "ver el apartheid con mis propios ojos".
Colau no oculta su decepción con los gobiernos, a los que acusa de mirar hacia otro lado. Pero recuerda que, históricamente, los cambios no han venido desde arriba. "La humanidad ha salvado a la humanidad en varias ocasiones, y los grandes cambios vienen de cambios culturales impulsados por la gente", subraya.
Ve en Palestina ese ejemplo. "Israel tiene toda la tecnología, el dinero, el apoyo de EEUU y de la UE, lo tienen todo; y enfrente, Palestina solo tiene el amor por su tierra y su resiliencia. Y es espectacular cómo resisten, cómo siguen defendiendo la cultura de la vida, y no caen en la cultura del odio y del rencor que Israel quiere". Para ella, esa población sometida a condiciones extremas de vulnerabilidad y acoso, sin apenas apoyos, representa lo mejor de lo humano. "Son capaces de defender cada día la cultura de la vida. Ese es el ejemplo de humanidad por el que vale la pena luchar".
"Palestina es eso, no es solo un pueblo que tiene derecho a existir, es un pueblo que tiene mucho que enseñarnos, especialmente a nosotros, a Occidente, que estamos perdidos en el individualismo y el consumismo", sostiene.
"Esta Flotilla está cargada de incertidumbre", admite Colau, "algo que hemos hecho de forma autoorganizada, con todo tipo de fallos". Pero lejos de verlo como una debilidad, lo reivindica. "A mí esto me enamora: que sin tener dinero ni poderes fácticos detrás hayamos hecho este milagro de juntar 40 barcos para navegar a Gaza y hacer lo que no están haciendo los gobiernos".
Para ella, el dilema de fondo es claro: "¿Qué quieren los señores de la guerra, esos grandes ricos que cada vez son más ricos? Lo que quieren es que nos sintamos impotentes y nos quedemos en casa. Y somos una mayoría los que queremos la paz, y la mayoría tenemos que juntarnos".
Aun así, Colau se define como "optimista". "Aunque llegamos muy tarde, no nos hemos rendido y hemos encontrado la manera de convertir esa impotencia en esperanza, de hacer que lo que antes era un barco ahora sean 40", explica. Cree que algo está cambiando: "Siento dentro de mí que estamos en un punto de inflexión. Por desgracia llegamos tarde, pero llegamos a tiempo de no permitir la impunidad y salvar aún muchas vidas".
Confiesa que la travesía es dura: "Es una prueba psicológica y moral", y cada noche, cuando sobrevuelan drones o cuando los señalan como "terroristas", el miedo se hace carne. "Siento varios miedos —dice—, no somos héroes, somos personas de carne y hueso y esa es la fortaleza de esta acción".
La Global Sumud Flotilla entra en su etapa final. Tres días separan a los barcos de las costas de Gaza, y apenas uno de la zona de potencial interceptación israelí. El gobierno de Netanyahu ha anunciado un protocolo antiterrorista contra los tripulantes, pero para Colau lo decisivo sigue siendo "la correlación de fuerzas". Aumentar la visibilidad de la Flotilla, dice, reduce el riesgo de una intercepción violenta. "Como mínimo —afirma— los gobiernos deben proteger la misión".
La exalcaldesa mantiene contacto directo con el Ministerio de Asuntos Exteriores y presionó a fuentes gubernamentales para que España emitiera un comunicado de apoyo, que se tradujo en el envío de una corbeta militar destinada a tareas de apoyo. "El aprendizaje principal que fragué como activista y confirmé como alcaldesa es que las cosas solo cambian cuando hay presión social, aunque gobiernen los tuyos. Y si el gobierno de España se ha posicionado es porque hay movilización detrás. Sin esa presión, el PSOE no se habría movido, no tengo ninguna duda", afirma con contundencia.
"Quiero pensar que vamos a ver terminar el genocidio, que será tarde, y que hay toda una generación de palestinos que vivirá en una situación de trauma permanente. Pero creo que lo vamos a lograr. Y solo será posible con una movilización revolucionaria, porque el genocidio está vinculado a una política colonial, neoliberal, de acaparamiento de riqueza y de la tierra", sostiene. "Cada vez más gente tiene claro que son o ellos o nosotros. O los señores de la guerra, o la humanidad salvando a la humanidad".


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