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Damasco: la ciudad que sobrevive sin agua y sin luz

La falta de agua desde hace semanas está provocando una de las mayores catástrofes humanitarias desde que comenzara la crisis siria en 2011. Más de cinco millones de personas malviven atrapadas entre el fuego de morteros y frecuentes atentados suicidas.

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Habitantes de Damasco llenan bidones de agua en un suburbio controlado por el régimen de Al Asad. - REUTERS

DAMASCO (SIRIA).- Damasco está viviendo una de las peores crisis desde el comienzo de la guerra en 2011. La falta de agua desde hace semanas está provocando una situación de emergencia y ha endurecido considerablemente la ya de por sí complicada vida cotidiana de los más de cinco millones de habitantes. Una crisis que deja imágenes curiosas, como por ejemplo la de dos soldados bebiendo de una manguera en un checkpoint mientras, amablemente, se encargan de ofrecer agua a sólo algunos de los viandantes que pasean bajo el lujoso hotel Dama Rose, uno de los pocos sitios donde no se siente la escasez. La crisis, como siempre, no afecta a todos por igual.

En la calle Hugo Chávez se repite otra llamativa estampa: dos mujeres se apresuran a llenar varios bidones de 10 litros para luego cargarlos en un vehículo y transportarlos hasta casa. Una imagen que se repite en varios puntos de la capital y que responde a un plan de emergencia que el Gobierno sirio ha puesto en marcha con el fin de distribuir agua en sitios públicos y que prevé atender las necesidades más básicas de la población.

En los hogares y establecimientos más modestos apenas llegan a recibir un hilo de agua durante dos horas cada
tres o cuatro días

A escasos 25 kilómetros de la capital, en el enclave montañoso de Wadi Barada, grupos yihadistas armados sabotearon hace varias semanas la principal fuente de agua que abastece a aproximadamente al 70% de la población de Damasco. Este pasado fin de semana el Ejército sirio habría recuperado el manantial de Al-Fija. Los vecinos de la zona esperan confiados en que la crisis pueda solucionarse en "cuestión de días". En Kura Al-Assad, a escasos cinco kilómetros de Wadi Barada, son perceptibles los intensos combates que en los últimos días "no han cesado ni un solo minuto", según testigos locales.

La falta de agua ha dejado en situación extrema a millones de habitantes de la capital. UNICEF ha alertado sobre "las negativas consecuencias" que la falta de agua tendrá en la población más vulnerable, especialmente en la infancia. En la misma linea, varias organizaciones humanitarias han condenado con dureza la situación, exigiendo que el agua "no sea moneda de cambio" en la guerra.

Una mujer pasea con su bebé por las ruinas de la ciudad sitiada de Douma, al este de Damasco. - REUTERS

"Es cuestión de días que se restablezca el suministro en la capital", declara a Público con optimismo Linovar Alaan, que trabaja como recepcionista en un modesto hotel en el centro de la ciudad y también víctima de la escasez del bien preciado. Sujetando la foto del presidente Al Asad reza y da la gracias a la milicia Hezbolá y al Ejército sirio. "Confío en ellos, recuperaremos Wadi Barada a la fuerza", asegura. Al igual que en el hotel de Alaan, encontrar agua ─especialmente potable─ es una tarea prácticamente imposible en toda la ciudad. En los quioscos, por ejemplo, hace semanas que se agotaron todas las existencias ─no en cambio otras bebidas refrescantes─ y sólo en algunos establecimientos hosteleros puede conseguirse esta preciada bebida.

"Antes de la guerra Damasco era una ciudad maravillosa: teniamos luz, agua y paz. Ahora no tenemos nada"

La escasez de agua ha provocado además que sea casi imposible asearse. En los hogares y establecimientos más modestos apenas llegan a recibir un hilo de agua de dos horas de duración cada tres o cuatro días. Un momento que desata una verdadera euforia. Al restablecerse el suministro, hay quien aplaude y hay quien incluso derrama alguna lágrima. "¡A llenar los bidones y recoletar para otros cuatro días!", exclaman los clientes de un modesto local. Un gesto que se vive con total normalidad en una ciudad donde la guerra dejó de ser hace mucho tiempo algo ajeno. 

Para quién dispone de recursos, en cambio, todo puede resultar mucho más sencillo. Existe la posibilidad de adquirir depósitos de 2.000 litros de agua ─no potable─ por 50.000 liras (unos 100 dólares), según explica el responsable de un céntrico hotel. Una regla que siguen casi todos los hoteles de lujo y donde el precio por noche supera el salario mensual de la mayoría de sirios, duplicando incluso el salario de los funcionarios del Estado. Hoteles con agua y electricidad que contrastan con las duras condiciones de vida de una ciudad que, pese a todo, lucha por mantener su actividad cotidiana y donde gran parte de los comercios funcionan con normalidad.

Además, desde hace cuatro años, Damasco padece serias deficiencias en el sistema eléctrico con una serie de restricciones. No hay más de seis horas (o en el mejor de los casos, ocho) de electricidad diaria en cualquier hogar de la capital. Un racionamiento que se efectúa por barrios y que provoca cortes cada dos horas, con su posterior restablecimiento de dos o cuatro horas ─dependiendo del barrio─, aunque normalmente las horas de electricidad suele ser muchas veces inferiores a las establecidas.

Esto provoca, entre otras cosas, dificultad a la hora de calentar las viviendas, dependientes en su mayoría del sistema eléctrico y que complican los duros inviernos sirios, con temperaturas incluso bajo cero en la última semana. "Antes de la guerra Damasco era una ciudad maravillosa: teniamos luz, agua y paz. Ahora no tenemos nada", lamenta Anás con voz entrecortada por el el ensordecedor ruido de uno de los tantos generadores eléctricos que alimentan algunos "afortunados" comercios.

Empleado en una pequeña tienda del barrio de El Hboubi, el sueldo de Anás no supera los 100 dólares mensuales con lo que apenas puede soportar los gastos de la vivienda y de la alimentación. Los alimentos, en algunos casos, cuestan hasta diez veces más que antes del inicio de la guerra. Una subida de precios que afecta especialmente a los alimentos básicos, como frutas o verduras, y que a día de hoy es uno de los principales problemas para la mayoría de los sirios.

"Los opositores deseábamos algunos cambios y pequeñas libertades, no esta guerra cruenta que llevan a cabo hombres armados financiados por Turquía, Qatar o Israel"

"No faltan alimentos, pero falta dinero para complarlos", se queja un joven kurdo que combina su trabajo como filólogo con el de recepcionista de hotel "para cobrar 140 dolares". Para él la guerra cambió el rumbo de "un país próspero", donde "todos vivían bien". Las revueltas de 2011 supusieron un cambio para millones de sirios, incluso para los que en primera instancia se manifestaron contra el presidente Al Asad, como fue el caso de este joven: "Los opositores deseábamos algunos cambios y pequeñas libertades, no esta guerra cruenta que llevan a cabo hombres armados financiados por Turquía, Qatar o Israel".

Ahora, y ante una situación económica extremadamente complicada, muchos jóvenes ven en el dinero que las potencias europeas y las monarquías del Golfo Pérsico invierten en la guerra la única "oportunidad" para salir de su actuales condiciones. Muchos optan por enrolarse a los grupos yihadistas, explica Halid, un vendedor ambulante de la capital: "Lo hacen simplemente por dinero, ni tan siquiera por convicción. Es una auténtica locura y una pena".