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Mohammad bin Salman

La ambición del heredero de Arabia Saudí complica el futuro del país

Mohammad bin Salman, el hombre fuerte del régimen saudí, se ha embarcado en una serie de empresas gigantescas que están llevando a su país a una situación cada día más compleja e imprevisible. Sus planes cuentan con el apoyo explícito o implícito de Estados Unidos e Israel; pero su capacidad para meter la pata es un peligro latente que pone en riesgo su futuro.

El Príncipe Heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman /  REUTERS
El Príncipe Heredero de Arabia Saudita, Mohammad bin Salman / REUTERS

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Mohammad bin Salman (conocido también por sus iniciales MBS), el poderoso príncipe saudí, no pierde ninguna oportunidad para complicarse la vida, una actividad a la que parece dedicar al completo el tiempo de que dispone. El último episodio de esta larga lista de problemas en los que se ha implicado ha sido el haqueo del teléfono personal de Jeff Bezos, el propietario de Amazon y el hombre más rico del planeta según la revista Forbes.

Pero el príncipe heredero no ha haqueado ese teléfono porque el supermagnate sea dueño de Amazon, o porque sea el hombre más rico del mundo, sino porque Bezos es también el propietario de The Washington Post, el influente periódico para el que trabajaba Jamal Khashoggi, el periodista asesinado y descuartizado dentro del consulado de Riad en Estambul en octubre de 2018.

MBS no apreciaba nada los artículos que escribía Khashoggi criticando el uso de poder por parte del príncipe, de manera que decidió intervenir el teléfono de Bezos, probablemente con la intención de usar el material personal del magnate para presionarle sobre la cobertura de Arabia Saudí en The Washington Post. Esto ocurrió poco antes de la muerte de Khashoggi, aunque lo cierto es que a MBS tampoco le han gustado lo más mínimo los artículos que el periódico ha escrito desde aquel asesinato. 

Conviene recalcar que el haqueo tuvo lugar poco antes de la muerte de Khashoggi, lo que significa que fue en un momento que MBS se sentía fuerte por contar con el apoyo ilimitado de la administración de Donald Trump. De hecho, probablemente MBS sigue contando con ese apoyo, vital para defender la controvertida política saudí en Oriente Próximo.

El virus utilizado para infectar el aparato de Bezos era de una empresa israelí con la que los servicios de inteligencia saudíes mantienen relación

También contaba, y sigue contando, con el apoyo de Israel: el virus utilizado para infectar el aparato de Bezos era de una empresa israelí con la que los servicios de inteligencia saudíes mantienen una intensa y amistosa relación, resultona para las controvertidas actividades de la inteligencia saudí con los disidentes de dentro y fuera del país. 

Lo cierto es que MBS, que solo tiene 34 años y de quien el diario The Guardian ha dicho irónicamente esta semana que probablemente necesita que le pongan un adulto al lado para que lo vigile, se ha creído el rey del mambo. Contando con el apoyo de Estados Unidos e Israel no era para menos. Sin embargo, sus desaforadas ambiciones de grandeza pueden acabar con tanta codicia en cualquier momento.

Para ello, bastaría con que Trump cayera en las elecciones de noviembre. Sin este presidente y sin el denodado apoyo de su yerno, Jared Kushner, MBS se vería en considerables apuros tanto dentro como fuera. La revista The Atlantic ha indicado que el príncipe quiere seguir gobernando su país, también como rey, durante los próximos cincuenta años, es decir durante toda su vida, pero lo visto hasta ahora muestra que se ha levantado con el pie equivocado. 

MBS creyó que el apoyo de Israel, con su desproporcionada influencia en Estados Unidos, sería decisivo, y lo está siendo por el momento. Pero quizás no se ha dado cuenta que Arabia Saudí no es Israel para hacer y deshacer a su antojo con total impunidad. En primer lugar, la influencia de Israel en Washington es única. Este mismo mes de enero Yonit Levy, la presentadora del informativo del Canal 12, recordó que los judíos americanos donan la mitad del dinero que reciben los congresistas y senadores de los dos partidos. 

Su enfrentamiento con Irán no le ha reportado ninguna ganancia

Son dólares y no riales. No parece muy probable que senadores y congresistas estén dispuestos a recibir riales, en principio porque no pueden ya que no son dólares y además porque en el Capitolio el dinero saudí no se considera tan limpio como el de la influyente comunidad judía. En otras palabras, es difícil pensar que algún día el Senado llegue a votar con 100 votos contra cero en cuestiones relacionadas con Arabia Saudí, como suele ocurrir cuando lo que está en juego es Israel, por más controvertidas que estas votaciones sean moralmente. 

El príncipe se ha hecho una composición de lugar equivocada que no se corresponde con Arabia Saudí, quizá sí con Israel pero no con Arabia Saudí, de manera que bien podría seguir el consejo de The Guardian y dejarse aconsejar por un adulto. Su enfrentamiento con Irán no le ha reportado ninguna ganancia y ahora está financiando la costosa presencia de tropas estadounidenses en su territorio aunque Trump no ha movido un dedo para castigar a Irán por sus supuestas acciones hostiles contra los saudíes. Por otra parte, su desastrosa injerencia militar en Yemen debería acabar cuanto antes. 

La táctica de MBS parece consistir en que Estados Unidos olvide pronto la infección del teléfono de Bezos. El príncipe también espera que el tiempo cubra el asesinato de Khashoggi. Es más probable que ocurra lo primero que lo segundo puesto que esta administración no siente ningún aprecio hacia un periódico como The Washington Post, que es sumamente crítico con el presidente y su entorno, y por lo tanto no va a defender al magnate, como de hecho tampoco defendió la memoria del periodista asesinado. 

Pero si Estados Unidos olvidó la masiva presencia de ciudadanos saudíes en el complot del 11 de septiembre, también puede olvidar una minucia como el haqueo del teléfono de Bezos, o incluso el asesinato de Khashoggi. Esta es la carta a la que juega MBS.