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Príncipe de Arabia Saudí Mohammad bin Salman encara con enormes dificultades el futuro de Arabia Saudí

La primera fase de la privatización de ARAMCO que se lleva a cabo estos días resalta los obstáculos por los que atraviesa Mohammad bin Salman para afrontar el futuro del país. El ambicioso plan reformista Visión 2030, choca con indicadores negativos de la economía y con disidentes que critican lo despacio o lo rápido que avanzan las innovaciones.

Mohammad bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí en Londres. / EFE

eugenio garcía gascón

El príncipe Mohammad bin Salman (MBS) juega sus bazas en Riad consciente de que su imagen internacional ha sufrido considerablemente en el último año. Desde que trascendió el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí de Estambul, el príncipe ha recibido un montón de críticas en Occidente, tanto a nivel político como a nivel público, aunque dos países centrales, Estados Unidos e Israel, continúan brindándole un apoyo no exento de generosas contrapartidas. 

Este miércoles ha concluido la primera fase de la venta de ARAMCO, la gigantesca compañía petrolera que se considera la empresa más rentable del mundo, con unos beneficios que en 2018 superaron los 100.000 millones de dólares. El valor total de ARAMCO se ha estimado en torno a los 2 billones de dólares. Hasta ahora era una compañía estatal, pero su inminente venta la convertirá poco a poco en una compañía privada. 

En la primera fase de la privatización solo se venderán acciones por unos 25.000 millones de dólares en Tadawul, la bolsa local. MBS pensó inicialmente salir en las bolsas de Nueva York y Londres pero finalmente se decidió por la bolsa local, quizá porque ahí puede controlar mejor los pasos que se darán en el futuro. 

La idea de MBS es que el país deje de depender exclusivamente de los ingresos del petróleo diversificando la economía

Las ambiciones iniciales de MBS se han moderado a raíz del incidente de Khashoggi. Los inversores de los países del Golfo Pérsico, especialmente los saudíes, han respondido al llamamiento en relación con la venta de ARAMCO, pero los inversores internacionales se lo han pensado dos veces. De hecho, casi la totalidad de las ofertas proceden de inversores saudíes. 

Esto puede interpretarse como un indicador de que los inversores internacionales no ven suficientes garantías en la privatización de ARAMCO. Hay dos razones principales para que exista esa desconfianza: la inseguridad de que el gobierno de MBS vaya a ser estable a corto o medio plazo, y razonables reticencias en lo tocante al futuro del mercado del petróleo. 

MBS ha iniciado una operación para abrir el país, adoptando algunas medidas que han tenido repercusión en los medios occidentales, como la inminente apertura de Arabia Saudí como destino turístico. Su idea es que el país deje de depender exclusivamente de los ingresos del petróleo diversificando la economía, buscando vías alternativas de desarrollo. 

Pero la apertura tiene naturalmente limitaciones. Por un lado, MBS debe seguir adelante por camino que no tiene vuelta atrás, pero al mismo tiempo tiene que acallar las voces de los críticos que desean que todo se haga rápidamente, y de los críticos que quieren que se haga más despacio, o que no se haga nada y que el país continúe siendo una isla como lo ha sido hasta ahora. 

La represión no va a terminar de la noche a la mañana

Esto implica que la represión no va a terminar de la noche a la mañana. Un ejemplo: el grupo saudí de derechos humanos ALQST, con base en Londres, ha identificado a ocho escritores a los que se arrestó a mediados de noviembre en Riad y en otras tres ciudades. A todos ellos ya se les ha puesto en libertad. No obstante, dos escritoras que desaparecieron recientemente, Zana al Shehri y Maha al Rafidi al Qahtani, continúan en paradero desconocido. 

Según ALQST, las autoridades saudíes han continuado deteniendo a mujeres y hombres más o menos conocidos que eran activos en las redes sociales y críticos con el gobierno, “a quienes todavía se les mantiene en cámaras de tortura donde ya se torturó a varias mujeres defensoras de los derechos humanos”. Algunos de ellos se encuentran desde hace tiempo detenidos en confinamiento solitario. 

Estudiantes sauditas caminan en en Riad, Arabia Saudita. REUTERS / Faisal Al Nasser

Muchos disidentes en su momento se manifestaron a favor de las revueltas conocidas como primaveras árabes a partir de 2011 que no fueron capaces de consolidarse y trajeron una mayor represión o unas guerras inacabables que condujeron a una situación mucho peor de la que se pretendía subsanar. Una parte de estas personas son islamistas próximos a los Hermanos Musulmanes egipcios, una ideología que MBS combate sin miramientos. 

Los problemas de MBS no son exclusivamente políticos. La economía está en crisis, como lo demuestra que el déficit anual es más de dos veces superior a los ingresos que se van a recaudar con la primera venta de ARAMCO. El príncipe necesitará mucho dinero para ejecutar su ambicioso plan de modernización conocido como Visión 2030 y algunos dudan de que ese plan sea viable. 

Los problemas de MBS no son exclusivamente políticos

En cualquier caso, MBS dispone de un margen de maniobra que no desaparecerá mientras Donald Trump siga en la Casa Blanca y cuente con el apoyo de Israel. Uno de los peajes que tiene que pagar es conducir una política muy agresiva contra Irán. Arabia Saudí teme la presencia de Teherán en Oriente Próximo y esta debilidad la aprovecha Israel para azuzar a su nuevo aliado. 

Si Trump desaparece en las elecciones del año que viene, MBS perderá a su principal valedor y las cosas se podrían poner muy difíciles para su continuidad. En el último año, desde el asesinato de Khashoggi, el príncipe ha optado por ocultarse detrás de una cortina, y todo indica que esta situación va a continuar durante los próximos meses.