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Corrupción La situación legal de Netanyahu y el futuro político de Israel, en el limbo

Benjamín Netanyahu y el futuro político de Israel parecen más ligados que nunca. El veterano primer ministro ha decidido no renunciar al cargo tras las imputaciones de corrupción y el persistente bloqueo político ha abierto un sinfín de especulaciones. A día de hoy no está claro cómo evolucionará una crisis que parece grave según todos los parámetros.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha sido imputado por cohecho, fraude y abuso de confianza. / Reuters

eugenio garcía gascón

Solo unas horas después de que el jueves por la noche el abogado del estado Avichai Mandelblit anunciara la imputación de Benjamín Netanyahu por cohecho, fraude y abuso de confianza, el líder laborista Amir Peretz comunicó que elevará al Tribunal Supremo una petición para forzar la dimisión del primer ministro.

Es posible que en los próximos días se sumen otras peticiones a la Peretz, pero es incierta la decisión que adoptará el Supremo, máxime si se tiene en cuenta que Netanyahu ha atacado con mucha dureza a sus magistrados repetidamente en los últimos años. Los considera tendenciosos y desde el Likud se ha señalado que no solo no representan la voluntad de la Kneset, sino que combaten sin descanso las leyes aprobadas por los políticos elegidos por el pueblo, a quien tampoco representan.

El mismo jueves por la noche, en su respuesta a Mandelblit, a quien nombró el mismo Netanyahu, el primer ministro desacreditó de nuevo a todo el “sistema” policial y fiscal israelí, incluyendo a Mandelblit, de corrupción. Repitió la palabra “sistema” en un montón de ocasiones en apenas unos minutos, y se presentó como una suerte de supermán dispuesto a combatir a los enemigos del pueblo en todos los frentes, aunque le cueste la vida.

Y en eso está desde hace una década, luchando contra el “sistema”, contra los enemigos del pueblo, que básicamente son los liberales. Viene a cuento el último libro de Amin Maalouf, donde se afirma que en nuestros días los verdaderos revolucionarios son de derechas porque quieren acabar con el “sistema”, mientras que los de izquierdas son conservadores, puesto que quieren conservar el progreso conseguido por el “sistema” en las últimas décadas. En este sentido, Netanyahu es uno de los mayores revolucionarios del siglo XXI, al lado de su amigo Donald Trump, y han superado con creces a sus maestros Theresa May y Ronald Reagan.

Ninguna ley obliga a Netanyahu a dimitir. Casi puede continuar indefinidamente en el cargo ya que es muy probable que pronto se convoquen otras elecciones que tampoco serán resolutivas, y así sucesivamente. Para sacar a Netanyahu de la presidencia del gobierno sería preciso contar con un terremoto de grandes dimensiones, ya que no da la impresión de que él mismo se aparte a un lado.
Y cuenta con el respaldo de toda la derecha en bloque, que no es poco. La extrema derecha, que es la única derecha que hay en Israel, y los ultraortodoxos, han cerrado filas en torno al primer ministro y, dada la composición del electorado, es capaz de bloquear el parlamento y la vida política en general.

La situación judicial de Netanyahu es compleja. Tiene derecho a pedir inmunidad durante los próximos 30 días

Su situación judicial es compleja. Tiene derecho a pedir inmunidad durante los próximos 30 días. Sin embargo, en estos momentos todo parece una nebulosa. En circunstancias normales, Mandelblit tendría que presentar la acusación a la Kneset, lo que automáticamente congelaría la imputación. El Comité de la Cámara examinaría la acusación y decidiría si le da luz verde, y después el pleno de la Kneset adoptaría la decisión definitiva.

Pero la vida política está paralizada. No existe un Comité de la Cámara y no está claro cómo se va a resolver esta cuestión, máxime si se tiene en cuenta que las elecciones pueden estar a la vuelta de la esquina. En la eventualidad de que pida inmunidad al parlamento y el pleno la vote, hay que considerar que Netanyahu, en principio, no cuenta con el apoyo de una mayoría de diputados. En fin, nos encontramos en un laberinto que permite numerosas especulaciones.

Mientras tanto, el reloj de las elecciones saltará dentro de menos de tres semanas si nadie obtiene una mayoría suficiente en la Kneset. Tras la imputación del jueves, es imposible que el líder de Azul y Blanco, Benny Gantz, se avenga a formar una coalición con Netanyahu, de manera que, o el Likud cambia de líder, o se produce un milagro bíblico, o no habrá manera de formar una coalición, con lo que iríamos de cabeza a los terceros comicios en menos de un año, a celebrarse probablemente en marzo, y sin que esto represente necesariamente una solución para el bloqueo.

Si el Likud y el bloque de la derecha en general siguen con las filas cerradas alrededor de Netanyahu, no habrá ningún candidato alternativo a menos que Netanyahu lo apruebe. Podría aprobar a un candidato alternativo, pero esta posibilidad es contraria a su enorme ego. Como todo buen nacionalista, es de derechas e identifica al conjunto del pueblo con su persona, y no parece que esto vaya a cambiar a corto plazo.

Uno de sus principales rivales en el Likud, el exministro Gideon Saar, dijo el jueves que está en situación de formar una gran coalición. No obstante, Saar ha sido maldecido en innumerables ocasiones por Netanyahu y, además no cuenta con un respaldo mayoritario dentro del partido, de modo que sus ambiciones son prácticamente irrealizables.

Estas consideraciones muestran que nos hallamos ante un problema irresoluble. Naturalmente, la presión sobre Netanyahu, una enorme presión, podría forzarlo a dimitir. Sin embargo, el país está tan dividido que Netanyahu siempre contará con el apoyo de sus seguidores, de manera que a día de hoy no se ve ninguna salida.

Por supuesto, pueden ocurrir cosas imprevistas y de ellas dependerán el futuro de Netanyahu y el futuro del país, aunque una cosa está clara: ni la política interior ni la política exterior de Israel experimentará grandes cambios ocurra lo que ocurra.