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La disyuntiva de los árabes tras las elecciones israelíes: entrar o no en el juego político de la Kneset

Los excelentes resultados obtenidos por los árabes en las elecciones del pasado lunes pueden traducirse en una mayor influencia política en la Kneset. Todo dependerá de próxima coalición de Gobierno, si se establece alguna. Una gran coalición entre el Likud y Azul y Blanco les apartaría del juego político, de manera que, aunque divididos, han depositado sus esperanzas en Benny Gantz.

Cartel electoral en Tel Aviv en el que aparecen representados Benny Gantz (i) y Benjamín Netanyahu (d), los dos candidatos a convertirse en primer ministro tras las terceras elecciones en Israel./ Amir Cohen (Reuters)
Cartel electoral en Tel Aviv en el que aparecen representados Benny Gantz (i) y Benjamín Netanyahu (d), los dos candidatos a convertirse en primer ministro tras las terceras elecciones en Israel./ Amir Cohen (Reuters)

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

La euforia inicial de la población árabe tras las elecciones del 2 de marzo ha dado paso a un intenso debate acerca de cuál es la mejor manera de capitalizar los 15 diputados de la Lista Árabe, el mejor resultado de su historia. Tanto entre la población en general como entre los partidos en particular se discute si lo más conveniente es permanecer al margen del juego político o intervenir activamente en la Kneset.

La Lista Árabe es una coalición de cuatro partidos. Durante la última semana ha quedado claro que no todos piensan igual. Tres de los partidos se inclinan por entrar en el juego político mientras que Balad, que cuenta con tres escaños, es en principio partidario de mantenerse a cierta distancia de una hipotética coalición con Benny Gantz, líder de Azul y Blanco, una formación de centro que está luchando por formar un gobierno ahogada en una multitud de problemas.

No existen garantías de que Gantz pueda formar gobierno. El jueves por la noche el primer ministro Benjamín Netanyahu movió ficha invitando a Gantz a un gobierno de "emergencia" para hacer frente a la crisis del coronavirus. Además, en el bloque de centro-liberal existe un buen número de diputados que no quiere oír hablar de la Lista Árabe, y por si esto fuera poco, Netanyahu no para de buscar tránsfugas en la oposición. El voto de solo tres tránsfugas o el voto contrario de los tres diputados de Balad sería decisivo para dar mayoría a Netanyahu.

En medio de esta gran incertidumbre no se descarta la convocatoria de unas cuartas elecciones consecutivas. Dado lo ajustado de los últimos resultados, unos nuevos comicios podrían decantarse a favor de Netanyahu, incluso contando con la alta movilización del sector árabe, que en la Lista Árabe agrupa a comunistas, secularistas, islamistas moderados y nacionalistas.

El 2 de marzo se dio una situación sin precedentes cuando unos 20.000 judíos rompieron un tabú histórico para votar por la Lista Árabe. Es un número modesto pero significativo de judíos que están hartos de los partidos judíos y que se muestran favorables a la paz con los palestinos. Aunque esos votantes judíos no equivalen ni a un escaño, podrían impulsar a otros judíos en una situación parecida a votar por la Lista Árabe en futuras elecciones.

La población árabe está de acuerdo en votar a la Lista Árabe, pero de ahí en adelante se observan discrepancias. Hay sectores amplios que están a favor de apoyar a Gantz a cambio de concesiones que mejoren las condiciones de vida de la minoría árabe, históricamente discriminada por todos los gobiernos israelíes. Otros sectores creen que la prioridad debe ser apartar a Netanyahu del Gobierno y para ello deberían apoyar a Gantz, pero sin entrar en ningún gobierno que no demuestre con hechos que está dispuesto a cambiar la realidad de abajo arriba.

Existe el riesgo de que si los partidos árabes no se implican en el Gobierno, en las próximas elecciones muchos de sus votantes se sentirán frustrados y se preguntarán qué sentido tiene acudir a las urnas si luego los partidos se marginan voluntariamente del juego político. Está claro que la población árabe ha dado poder a la Lista Árabe, de manera que marginarse podría representar un suicidio.

Otros sectores creen que la prioridad debe ser apartar a Netanyahu del Gobierno

El llamamiento de Netanyahu a Gantz representa en potencia un revés para los partidos árabes. En principio parece una jugada maestra que se produce solo unos días antes de que el 17 de marzo se inicie el juicio por corrupción contra el primer ministro. Netanyahu piensa que así debilitará a la oposición y la dividirá, lo que es muy probable. Su mayor ambición es conseguir una mayoría que apruebe una ley de inmunidad a su medida, creándose una situación en la que el político que más veces ha llamado terroristas a los árabes se librara de los partidos árabes.

Hay árabes que consideran que todo lo que en los últimos días se ha hablado de un Gobierno dirigido por Gantz con el apoyo de la Lista Árabe es en realidad un delirio, y que los partidos judíos al final lograrán formar una gran coalición que siga arrinconándolos. El partido Balad, por ejemplo, cree que más tarde o más pronto habrá una guerra en Gaza, con Netanyahu o con Gantz, y que esto deslegitima el apoyo árabe a cualquiera de los dos candidatos.

El sectarismo, el racismo y el odio hacia los árabes que emana de la derecha es tan evidente que incluso el departamento de Estado se ha visto obligado reseñarlo en el informe anual sobre derechos humanos en el mundo en 2019 que ha publicado esta semana, mencionando expresamente al Likud y a su líder, Netanyahu, como claros incitadores de odio.

El departamento de Estado indica que el emplazamiento de cámaras de vídeo en los colegios electorales árabes en las elecciones de abril de 2019, una iniciativa de Netanyahu, violó los derechos del 20% de los votantes, puesto que pretendía "disuadir la participación de los árabes" en las elecciones.

Durante los últimos dos comicios, celebrados en septiembre de 2019 y en marzo de 2020, la incitación de Netanyahu le llevó a acusar a los árabes de "robar" las elecciones. Un examen posterior demostró que las irregularidades en los colegios electorales árabes habían sido mínimas, en contra de lo que sostuvo Netanyahu, y no tuvieron ningún impacto en los resultados.

La incitación de Netanyahu llegó más lejos cuando también acusó a la Comisión Electoral Central, un órgano independiente, de "robar las elecciones", en alusión a unas supuestas maniobras de la CEC en favor de la población árabe, un argumento disparatado pero creíble para los votantes de la derecha.

El informe del departamento de Estado, un órgano nada sospechoso de actuar contra Israel, más bien lo contrario, denuncia que en las elecciones de abril y septiembre de 2019 el Likud distribuyó mensajes "promoviendo el odio contra los ciudadanos árabes", "incluyendo un mensaje en Facebook del primer ministro Netanyahu, en el que se afirmaba que los árabes nos quieren destruir a todos (los judíos), mujeres, niños y hombres". Este mensaje lo envió Netanyahu a cientos de miles de israelíes seis días antes de los comicios de septiembre. Facebook suspendió la cuenta de Netanyahu y éste dijo que no sabía nada del mensaje.

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