Dos modelos de Estado, las ambiciones de Turquía y el volantazo de EEUU: claves de la situación en Rojava
El Kurdistán sirio declaró su autonomía en 2012 durante la guerra civil siria. Tras la caída de Al Asad, el nuevo presidente del país busca la integración de esta región en el sistema político bajo unas premisas que los de Rojava rechazan. El desencuentro ha llevado al asedio del territorio autónomo.

Madrid--Actualizado a
La información que llega desde Rojava, en el noreste de Siria, es limitada y contradictoria. Medios turcos y sirios aseguran que la milicia que controla el territorio, las Fuerzas de Defensa Sirias (SDF) -compuesta principalmente por kurdos, pero también por árabes, yazidíes y otras etnias de la región- ha cometido actos terroristas y discriminatorios contra la población árabe que reside en esta región. Mientras, las fuerzas internacionalistas hacen esfuerzos por contraponer su versión al oficialismo. "Se ha construido un discurso en contra de los kurdos y de las SDF con finalidades sectarias y racistas", explican desde Defend Kurdistan, grupo internacional de apoyo a Rojava.
Estos mensajes "tratan de dividir más a la población árabe y kurda, cuando la realidad es que [en Rojava] se ha construido un proyecto democrático basado en la convivencia de las religiones y las minorías étnicas, que llevan habitando este territorio desde hace mucho tiempo".
Para comprender las claves de la situación actual en Rojava es necesario primero algo de contexto histórico. Este territorio abarca el sur del Kurdistán, una región situada al sureste de la península de Anatolia, cuya población -los kurdos- supone la tercera etnia más abundante de Oriente Medio. Entre el siglo XIII y el XX, los kurdos integraron el Imperio Otomano, dentro del cual vivieron periodos intermitentes de autogobierno. Sin embargo, el auge de los nacionalismos y la descomposición del Imperio tras la Primera Guerra Mundial generaron las condiciones para una independencia del Kurdistán más ambiciosa.
Como se sabe, la caída de los otomanos fue instrumentalizada principalmente por dos potencias europeas: Reino Unido y Francia. Ambas tutorizaron el periodo posterior al fin del Imperio en los territorios que otrora formaban parte de este y calmaron las pulsiones nacionalistas de estos mediante promesas de autonomía que no siempre cumplieron.
Dos territorios fueron los más golpeados por el engaño europeo: Palestina y el Kurdistán (Tratado de Sèvres, 1920). Los primeros fueron abandonados a su suerte frente a los precursores del Estado de Israel, con consecuencias a día de hoy más que palpables. Los segundos, también sufrieron la traición del padre de la nación turca, Mustafa Kemal Atatürk, quien les prometió provincias autónomas que finalmente no se materializaron. Finalmente, a mediados del siglo XX el Kurdistán quedó repartido entre cuatro Estados-nación: Turquía, Siria, Irak e Irán. Pese a todo, los kurdos han insistido en alcanzar el autogobierno.
Los kurdos de Irak lograron su autonomía entre finales de los noventa y principios del nuevo siglo. En Irán, sus aspiraciones de autonomía han sido reprimidas, aunque algunas de sus expresiones culturales, como la lengua, han sido respetadas. En Turquía, donde se concentra la mayor parte de este grupo étnico, la represión ha sido feroz, dando lugar a diferentes grupos armados y políticos que han sido declarados terroristas por varios Estados.
En Siria, la cultura kurda ha contado con la protección de la dictadura de los Asad, aunque su autonomía siempre quedó descartada. El inicio de la guerra civil siria en 2011 cambió esa situación. En 2012, las milicias armadas kurdas proclamaron la independencia de la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria (AADNES). Es decir, de Rojava. Sus milicias han sido uno de los principales responsables del derrocamiento del ISIS.
A finales de 2024, el derrocamiento de la dictadura de los Asad a manos de varios grupos armados de corte islámico, liderados por Ahmed Al Sharaa, han propiciado un cambio de régimen, en el que las demandas de autonomía de los kurdos chocan frontalmente con el proyecto nacionalista de Al Sharaa. A ello se suma el control efectivo de algunas zonas de Rojava por parte de Turquía.
El encaje de las SDF y los dos modelos de Estado
El nuevo Gobierno sirio ha puesto sobre la mesa dos propuestas para la integración de las Fuerzas de Defensa Sirias en un nuevo ejército nacional y ambas han fracasado. La primera, esbozada en marzo de 2025, versaba sobre la integración de las SDF en un reformulado ejército sirio y la inclusión en el nuevo Estado sirio de las instituciones políticas autónomas desarrolladas en Rojava durante las guerras sirias.
Respecto al ejército, las SDF kurdos pedían una integración en bloque, mientras que Damasco era más proclive a una integración individual. Esta opción descomponía el mando kurdo y rebajaba su poder en el estamento castrense, algo que no seducía a las SDF.
Por poner un ejemplo, la inclusión de las guerrilleras del SDF, fundamentales en las conquistas políticas y militares de Rojava, ni siquiera llegó a estar sobre la mesa. En relación a las inclusión de la administración kurda en Siria, el debate resultó estéril. Al Sharaa ambiciona la creación de un Estado centralizado, mientras que las SDF apuestan por un modelo descentralizado que preserve las conquistas sociales y políticas alcanzadas en la región en la última década.
Para el periodista especializado en Oriente Medio Manuel Martorell, son estas "dos concepciones del Estado completamente diferentes" lo que subyace a cualquier desacuerdo entre ambas facciones. "No es que los kurdos quieran tener su propio ejército, sino que quieren mantenerlo hasta que no desaparezcan los otros ejércitos", explica el periodista. Martorell hace referencia a la variedad de grupos armados que se reorganizaron bajo el mando de Al Sharaa para derrotar al régimen de Bashar Al Asad en 2024.
Aquellas fuerzas estaban lideradas por Hay'at Tahrir al Sham (HTS), una escisión de Al Qaeda creada por Al Sharaa en 2017, y contaron con el apoyo de otros grupos armados contrarios al dictador, la mayoría de corte islámico, como los pro turcos de las Brigadas del Sultan Suleiman Shah, o el Faylaq al-Sham. "Al Sharaa ha seguido una evolución hacia la moderación y no dudo de que quiera respetar la diversidad étnica y cultural de Siria", reconoce Martorell. "Lo que pongo en duda", apostilla, "es que esa idea de diversidad pueda llevarse a cabo en el actual sistema político de Siria, compuesto por grupos islamistas sobre los que Al Sharaa no tiene todo el control".
Lo que el periodista quiere decir es que algunos de estos grupos actúan, de facto, como una milicia autónoma. Es el caso de las Brigadas del Sultan Suleiman Shah y otras facciones pro turcas. Según las explicaciones de este periodista conocedor del Kurdistán, mientras estos grupos islamistas tengan independencia para operar e imponer su visión del Estado, las SDF han decidido no ceder.
La distancia entre las SDF y Damasco se evidencia también en la forma de hacer política. La segunda propuesta de integración de las SDF al nuevo ejército sirio fue presentada por Al Sharaa el 18 de enero de 2026. El plan se dio a conocer como la última solución posible al desencuentro entre las partes. "Se presentaba la situación como si hubiese llegado a un acuerdo con las SDF para proceder a un alto el fuego", explican desde Defend Kurdistan. "La realidad es que él [Al Sharaa] había comunicado sus condiciones al mando de las SDF, pero no se habían dado unas negociaciones".
El grupo internacional de apoyo a Rojava aclara que "en el momento en el que se publicó ese texto, las SDF no habían emitido ninguna declaración" y que algunos de sus líderes tuvieron que salir en los días siguientes a aclarar que todavía no se habían sentado a estudiar la propuesta. "Fue un ultimátum unilateral que se vendió como un acuerdo", explican desde Defend Kurdistan. Esta versión se opone así a la difundida por Damasco.
Los intereses de Turquía
"Reafirmamos que no consideramos la seguridad de Siria separada de la nuestra, y que, bajo el principio de un solo Estado, un solo ejército, brindaremos apoyo a Siria en su guerra contra las organizaciones terroristas si lo solicita, sobre la base de la unidad de Siria y la integridad de su territorio". Estas palabras pronunciadas a mediados de enero por Hulusi Akar, ministro de Defensa turco, sirven de brújula para comprender las políticas de Ankara respecto al Kurdistán.
"Desde la creación del Estado-nación turco, con Mustafá Kemal Atatürk, Turquía siempre ha ambicionado una parte de Siria, a la que considera parte de su territorio", explica Martorell. Del mismo modo, el Estado turco se ha opuesto insistentemente a la independencia del Kurdistán. "Como legalmente no puede hacer nada en Siria, está llevando una anexión de facto" de algunas de las áreas fronterizas entre ambos Estados. El periodista pone como ejemplo la situación en la ciudad siria de Afrín, situada en el Kurdistán y de mayoría kurda hasta 2018.
En el verano de aquel año, el ejército turco, con el apoyo de lo que posteriormente se conoció como el Ejército Nacional Sirio (SNA), lanzó un ataque contra Afrín. La intervención provocó el desplazamiento forzoso de la población kurda, saqueos y violaciones de derechos humanos, según Human Rights Watch y Amnistía Internacional. Por esta razón, especialistas en la región como Martorell describen esta operación como una "limpieza étnica". Por su parte, Turquía la calificó como una "operación antiterrorista", premisa con la que justificó el desmantelamiento de su sistema de autogobierno y lo sustituyó por otro tutorizado por ellos mismos.
Desde entonces, "en las escuelas no se enseña árabe, sino turco" y "las universidades y centros de enseñanza superior están vinculados con los centros de estudios de Turquía". Además, "la policía está organizada por los servicios secretos turcos". De esta forma, Ankara controla esta población, pese a que la ciudad no aparezca en sus mapas nacionales.
Una muestra de esta colaboración entre ambos países son los numerosos acuerdos alcanzados para el suministro de recursos básicos a Siria. En mayo de 2025, Ankara y Damasco firmaron el acuerdo marco de energía y recursos, a raíz del cual los sirios comienzan a importar electricidad desde Turquía y el gasoducto de Kilis-Alepo fue rehabilitado.
A finales del año pasado, el ministro de Energía turco, Alparslan Bayraktar, anunció que planeaba cerrar un acuerdo de exploración energética -por ejemplo, yacimientos petroleros- con el país vecino. En este punto, cabe destacar que el Kurdistán sirio concentra la mayor parte de los recursos minerales del país.
El abandono de Washington
EEUU ha cumplido un papel fundamental en hacer que la cooperación entre Ankara y Damasco sea provechosa no solo para ambos países, sino para los intereses del propio Estado norteamericano. La figura esencial en este esquema es la de Tom Barrack, un empresario amigo de Trump al que el presidente estadounidense ha colocado como embajador de EEUU en Turquía y enviado especial a Siria.
En 2019, durante su primer mandato, Donald Trump retiró la ayuda de EEUU a las SDF. En 2025 la imagen del nuevo dirigente sirio, Ahmed Al Sharaa, charlando con Trump en el Despacho Oval selló el inicio de la nueva estrategia de Washington en Siria. En ella, los kurdos y sus aspiraciones autónomas no tienen cabida.
Entre 2015 y 2019, las SDF contaron con el apoyo estratégico de EEUU para combatir al ISIS. Dos razones principales llevaron al país norteamericano a tomar esta decisión. Por un lado, su enemistad con el régimen de Bashar Al Asad, que por aquel entonces todavía gobernaba en Damasco, y al que Washington no deseaba reforzar. Por otro, la imposibilidad de las potencias occidentales "de combatir al ISIS en Siria con sus propias tropas", apunta Martorell. Por esta razón, reforzaron a las SDF tanto militarmente como mediante inteligencia.
Todo cambió con la llegada de Trump al poder en 2019. Su doctrina se alejó del intervencionismo clásico estadunidense y recortó las inversiones en sus proxis bajo la premisa de que el país gastaba "demasiado" en "guerras ajenas". La vuelta del republicano a la Casa Blanca en 2025 inauguró una nueva era en la política exterior estadounidense bajo el nombre de doctrina Donroe. Esta se caracteriza por el intento de EEUU de controlar el hemisferio occidental y apagar los fuegos bélicos en Oriente a través de acuerdos simplistas que sean favorables a Washington y al entorno de Trump.
Esto supone pasar por encima de los difíciles equilibrios que exigen conflictos complejos. Es en este contexto que Al Sharaa y Trump se han aproximado. El dirigente árabe busca la reconstrucción de una Siria devastada por una década de guerras y la consolidación de un poder centralizado en Damasco en el que el islam tenga un papel relevante. Por su parte, el magnate estadounidense quiere favorecer un gobierno centralizado que mantenga bajo raya las dinámicas que puedan desestabilizar la región.
Esta meta casa a la perfección con el modelo de país que propone Al Sharaa. De esta forma, el cambio de rumbo de EEUU se ha traducido en el recorte de los apoyos extranjeros de las SDF, ahondando así en su falta de alianzas en la región. "Los kurdos están rodeados de enemigos por todas partes", señala Martorell. Y es que muchos de sus aliados vienen de mucho más lejos.



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