Los contrapesos en EEUU que hasta ahora no han servido para frenar la deriva de Trump
Trump ha empezado a hacer fuera de Estados Unidos lo que lleva todo este año haciendo dentro del país: imponer su voluntad por la fuerza, la única norma a la que el magnate obedece.

Washington DC-
Casi un año después del inicio de su segundo mandato, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha liderado una incursión militar en Venezuela, convirtiendo el país caribeño en una especie de protectorado, y amenaza con anexionarse Groenlandia. Aunque la campaña imperialista ha dejado en shock a Europa, Trump simplemente ha empezado a hacer fuera de Estados Unidos lo que lleva todo este tiempo haciendo dentro del país: imponer su voluntad por la fuerza, la única norma a la que el magnate obedece.
La unilateralidad que ha aplicado a Venezuela, saltándose el derecho internacional, es la misma que ha aplicado al poder legislativo y judicial estadounidense. "Mi propia moral, mi propio criterio. Es lo único que puede pararme", decía así de convencido el republicano en una entrevista con The New York Times poco después de secuestrar a Nicolás Maduro. Con esa misma sensación de omnipotencia es con la que regresó a la Casa Blanca y, bajo la cúpula de la Rotonda del Capitolio, juró como el 47º presidente del país bajo la siguiente premisa: "Dios me salvó para volver a hacer América grande". Los aires mesiánicos con los que Trump se revistió después de sobrevivir al atentado de Butler son los mismos que le han llevado a desafiar el orden constitucional, planteando incluso un tercer mandato.
Trump ha usado las órdenes ejecutivas como el principal taladro con el que erosionar el sistema de checks and balances (pesos y contrapesos) que cimenta la democracia estadounidense. En su primer año de vuelta al Despacho Oval Trump ha firmado más de 220 decretos, más que en todo su primer mandato. Eso solo teniendo en cuenta los que firmó hasta el 15 de diciembre. Buena parte de estos decretos han sido recurridos ante los tribunales por su dudosa legalidad, desatando una crisis constitucional sin precedentes y convirtiendo a los jueces en la principal línea de defensa.
Al mes de llegar al poder, el presidente empezaba su campaña de miedo con la purga del funcionariado a cargo de Elon Musk - quien protagonizó la crónica de un divorcio anunciado con Trump-. Una campaña que poco a poco ha ido penetrando en todos los poros de la sociedad estadounidense: la persecución ideológica en las universidades, las presiones a los despachos de abogados y jueces, la declaración del antifascismo como "organización terrorista" y las agresivas redadas lideradas por los agentes de antiinmigración, que están convirtiéndose en el brazo armado del presidente.
Un año después de que el presidente empezara a aplicar implacablemente su agenda, la pregunta sigue siendo la misma que al principio: ¿cómo se pueden frenar las aspiraciones absolutistas de Trump? El interrogante sigue siendo el mismo, pero con la urgencia añadida de que ya se pueden ver las primeras grietas del gran experimento estadounidense, que justo este año cumple 250 años. Y la respuesta también es la misma que ya se entreveía al inicio del mandato: los padres fundadores no contaban con que alguien como Trump llegaría al poder y que muchos de los actores del sistema de contrapesos no intervendrían.
"Hay dos aspectos que hacen única la situación. Primero, que nuestro sistema estaba muy influido por las normas no escritas. Los líderes se comportaban de determinadas maneras porque entendían que existía en el país y en el sistema político una idea compartida de lo que es apropiado, de cómo hay que comportarse. Pero Trump simplemente no es así. No le importa. Y eso lo hace único entre los presidentes: simplemente no le importa", expone David Karol, politólogo de la Universidad de Maryland. "El segundo aspecto en el que todo esto es único es la pasividad del Congreso. Hasta qué punto el legislativo ha permitido que Trump haga muchas cosas abusivas, porque los miembros republicanos del Congreso le han tenido miedo. Ese es el principal aspecto que creo que la gente no siempre entiende", añade.
Damian Murphy, politólogo del Center for American Progress y que durante 15 años trabajó en los pasillos del Senado, coincide con Karol: "Durante buena parte de este último año, el Congreso ha incumplido sus responsabilidades de supervisión para exigir cuentas al poder ejecutivo".
El único que tiene el poder para destituir al presidente es el Congreso a través del proceso de impeachment. Actualmente, tanto la Cámara de los Representantes como el Senado están bajo control republicano y la idea de un posible impeachment es inimaginable. Además de que Karol señala cómo Trump sobrevivió a dos durante su primer mandato: "Es el único presidente que ha sido sometido a un impeachment en dos ocasiones y que ha salido ileso. Eso se debe a que la mayoría de los republicanos se mantuvieron a su lado".
A pesar de que el control absoluto de Trump sobre el partido ha empezado a resquebrajarse, la realidad práctica sigue siendo otra. El fracaso de la votación en el Senado para bloquear futuras acciones militares del presidente en Venezuela es el último ejemplo. Los senadores republicanos que apoyaron a los demócratas para que la propuesta saliera adelante vieron cómo sus esfuerzos, a la hora de la verdad, se veían hechos añicos con el voto de desempate del vicepresidente J. D. Vance.
A la sumisión actual del Congreso hay que sumarle una mayoría conservadora que controla el Tribunal Supremo y que se ha mostrado magnánima con Trump en muchas de sus resoluciones. "El Tribunal Supremo es una parte importante de toda esta crisis. Han ido en la línea de Trump, no al cien por cien, pero en gran medida. Hay algunos casos que vienen ahora: el de los aranceles, el de la ciudadanía por nacimiento y algunos otros. Veremos qué hacen. La polarización también forma parte de esa historia. En general, ya prevemos que ciertos jueces casi siempre van a estar de su lado, y otros casi siempre en su contra. Y así no es como se suponía que debía funcionar el sistema", dice Karol.
"En las condiciones actuales, Nixon sobreviviría"
Aun así, para Karol, lo que está resultando definitorio del regreso de Trump es el sistema mediático y la polarización de la sociedad. "El sistema, tal como lo diseñaron los padres fundadores, no estaba pensado para los partidos políticos. No anticiparon que surgirían partidos políticos. Y, por supuesto, surgieron muy rápidamente, pero durante un largo período había muchas divisiones dentro de los partidos", expone Karol, que cita el caso del expresidente Richard Nixon.
"Nixon tuvo que irse porque su propio partido dejó de apoyarlo cuando las pruebas de su mala conducta se volvieron abrumadoras y estaba en un momento de alta impopularidad. Muchos republicanos dejaron de apoyarlo. Pero era un momento diferente, cuando nuestros partidos estaban menos polarizados, cuando todo el mundo vivía en el mismo entorno informativo. Y esto ya no es así, por eso creo que en las condiciones actuales el presidente Nixon sobreviviría. Y ese es un gran cambio", afirma Karol.
La esfera mediática que la extrema derecha ha ido construyendo en torno a Trump desde que llegó al poder en 2016 está en su apogeo máximo. Un síntoma de cómo este entorno mediático ha cambiado es la sala de prensa de la Casa Blanca, donde la nueva administración cada vez da más espacio a estos comunicadores afines en detrimento de los medios tradicionales. A lo largo del primer año de Trump también se puede contabilizar cómo las preguntas críticas han ido perdiendo terreno ante las complacientes con el Gobierno. Las ruedas de prensa de la Casa Blanca cada vez están perdiendo más su función fiscalizadora debido a esta sustitución.
El paralelismo con Nixon planteado por Karol resulta aún más incómodo por el hecho de que Trump está inmerso en el escándalo de los papeles de Epstein -que le ha valido el descrédito entre las bases MAGA- y porque ahora mismo está en uno de sus picos de popularidad más bajos. La última encuesta publicada por Gallup a finales de 2025 mostraba cómo la aprobación del presidente se situaba en un 36%, empeorando el momento más bajo de su primer mandato, cuando el nivel de descontento se situó en un 37%. Pero, aun así, a los republicanos les está costando rebelarse dentro del Congreso contra Trump.
Tanto Karol como Murphy señalan las elecciones legislativas del próximo mes de noviembre como el principal horizonte desde donde se puede restaurar el funcionamiento del sistema de contrapesos estadounidense. "Y dado que los demócratas no necesitan ganar muchos escaños, podrían tener un aumento menor al promedio en el número de escaños y aun así obtener la mayoría en la Cámara de Representantes. Así que creo que es probable que ganen la mayoría en la Cámara y puedan crear problemas para Trump", afirma Karol.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.