ICE, las temibles siglas del nuevo brazo policial de Trump
A partir de este mes de enero el presupuesto anual del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) se multiplicará casi por cuatro, augurando una persecución de personas migrantes mucho más intensa de la que se ha vivido hasta ahora.

Washington--Actualizado a
La nueva cotidianidad de los Estados Unidos de Donald Trump está marcada por escenas donde, a plena luz del día, hombres encapuchados detienen en medio de la calle a personas y las cargan dentro de furgones negros. Los pasamontañas, gafas de sol y derivados para mantener el anonimato se han convertido en parte del uniforme de los agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). Antes de usar la Guardia Nacional para intimidar a los bastiones demócratas, Donald Trump ya había enviado a Los Ángeles, Chicago y Portland grandes contingentes del ICE para sembrar el terror.
A falta de la existencia de una policía federal con jurisdicción para controlar el orden público —eso recae en cuerpos estatales y locales en primera instancia—, el presidente estadounidense ha encontrado en el cuerpo de inmigración su propio brazo policial al que puede movilizar donde quiera bajo el pretexto de su cruzada contra los migrantes. Del mismo modo, Trump también ha encontrado un resquicio en la Guardia Nacional para poder desplegar militares dentro del territorio doméstico bajo la declaración de supuestas emergencias. Para muchas ciudades demócratas, ambas facciones se han convertido en un binomio inseparable en los nuevos mecanismos que el presidente está encontrando para extralimitar su poder.
En el casi primer año del segundo mandato de Trump, el ICE ya ha demostrado ser un vehículo eficaz para esparcir el terror allí donde va. Una sensación de indefensión que no trastoca la vida de las personas sin papeles, sino que resuena en todas aquellas poblaciones racializadas y a merced de una posible detención. Desde septiembre, el Tribunal Supremo ha autorizado los arrestos por perfil racial, por lo que muchos ciudadanos de pleno derecho también están expuestos a las actividades del cuerpo. Una investigación de ProPublica encontró hasta 170 ciudadanos estadounidenses que habían sido apresados por el ICE.
En paralelo, el miedo a ser apresado por el ICE también se ha extendido a toda aquella persona con residencia legal en el país que exprese ideas contrarias a la Administración. El precedente está en la detención de los estudiantes Mahmoud Khalil y Rumeysa Ozturk por su participación en las protestas propalestinas que ya desató un miedo generalizado en los campus universitarios, tanto entre alumnado como investigadores, a que sus líneas de investigación o posicionamientos políticos pusieran en peligro sus visados. Indirectamente, el cuerpo de Inmigración tenía una función de policía política y aunque el número de detenciones de este tipo no sea altísimo, bastó con unos pocos casos para sembrar el temor en la mente de toda la comunidad educativa.
Nuevo método basado en el número de arrestos
El ICE se creó en 2003 en el marco del departamento de Seguridad Nacional y su principal foco era detener a los criminales, centrarse en “lo peor de lo peor”, como describió John Sandweg, exdirector del cuerpo en una entrevista a Politico. Incluso en la era Obama, el ICE tuvo una gran actividad, pero el modus operandi no eran redadas masivas y aleatorias: estudiaban con cuidado los objetivos antes de proceder. Esto, de hecho, es lo que en un inicio esperaban las organizaciones que trabajan con migrantes cuando Trump inició el mando. El director de la organización Carecen, Abel Núñez, expresaba a principios del año pasado sus dudas de que hubiera redadas masivas ya que no era la manera de funcionar del cuerpo. Pero ahora la metodología ha cambiado bajo las directrices de la nueva Administración.
Este nuevo método, basado en el número de arrestos y no en el tipo de perfil que se acaba deteniendo, ha derivado en que muy pocas de las personas que acaban bajo las garras del ICE cuenten con un historial criminal. La premisa para el despliegue de los agentes de inmigración es la de expulsar los “extranjeros ilegales criminales”. Sin embargo, los datos muestran una gran ineficacia en ese cometido. En Chicago, donde ha tenido lugar uno de los mayores operativos del ICE bajo el nombre “Operación Midway Blitz”, los datos reflejan cómo después de tres meses de dispositivo y más de 600 detenidos, tan solo el 2,6% tenía antecedentes.
Los macrooperativos del ICE de estos meses solo son la antesala de lo que se espera de cara al 2026. Gracias a la ley fiscal que Trump logró aprobar en el Congreso en julio (conocida como Big Beautiful Bill) el presupuesto actual de 10.000 millones de dólares para esta agencia federal se multiplicará hasta los 75.000 millones en 2026. El presupuesto anual destinado al cuerpo federal es abismalmente superior al destinado a todas las demás agencias de su tipo en el país: la Oficina Federal de Prisiones, el Servicio de Marshals, la Agencia Antidrogas, la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos y el FBI.
Esta inyección económica en el cuerpo va a la par de la campaña de reclutamiento que ha iniciado el departamento de Seguridad Nacional para engrosar las filas del ICE con 10.000 nuevos agentes. Todo con el afán de hacer más viable operativos a mayor escala. La abogada del Centro para los Derechos Constitucionales (CRR, en sus siglas en inglés) Samah Sisay prevé que, con estas perspectivas, en 2026 haya una mayor presencia en las calles. Sisay destacaba en una conversación a Público que lo que ha cambiado bajo esta nueva administración también es la agresividad con la que actúan estos agentes.
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