La inversión millonaria en el asedio militar a Irán pone en entredicho la promesa de 'America First' de Trump
El presidente de EEUU ya ha invertido millones de dólares en aumentar la presencia militar en Oriente Medio, a pesar de que se trata de una medida que no le garantiza paliar su creciente impopularidad.

Washington DC-
Hace casi una semana que los buques y cazas estadounidenses desplegados en Oriente Medio están en posición para atacar Irán. Una “Armada”, tal como la ha descrito Donald Trump, compuesta por dos de los portaaviones más grandes del mundo, el USS Abraham Lincoln y el Gerald Ford, y numerosos destructores navales. El asedio marítimo también cuenta con el apoyo de cazas F-16 y otros aviones de combate movilizados expresamente a la región. Una exhibición de músculo que costará millones a un presidente que prometió no involucrarse ni invertir en conflictos exteriores.
El pasado jueves el presidente se concedió 15 días de gracia a los ayatolás para cerrar un acuerdo sobre el programa nuclear si no quiere descubrir las “graves consecuencias” de un fracaso en las negociaciones. A pesar de que el despliegue está pensado para ejecutar un ataque en cualquier momento, no es garantía de que este pase. En los últimos días se ha hablado de que Trump podría plantear un ataque controlado, mientras que el Pentágono le desaconseja hacerlo por el riesgo de guerra regional. También está la posibilidad de que se trate de una herramienta de presión para precipitar el acuerdo.
Farol o no, el despliegue apunta maneras para ser una sangría presupuestaria por parte de un presidente que prometía el America First. El Pentágono aún no ha ofrecido cifras oficiales de la movilización en Irán, pero los analistas estiman que la capacidad adicional de tropas en Oriente Medio desde finales de diciembre ya ha costado entre 350 y 730 millones de dólares. A esto hay que sumarle todo el dinero ya invertido durante el último año con un notable aumento de la presencia militar en la región.
Trump ha incrementado la presencia militar en la zona durante el primer año de su segundo mandato. Un análisis realizado por la Universidad de Brown señala cómo solo en las acciones destinadas a presionar Irán se gastó 2.250 millones de dólares, mientras que el total para Oriente Medio -incluidos los ataques a los hutíes- eleva el balance de 2025 a más de 12.000 millones de dólares. Dentro de este paquete se enmarca el gasto de la Operación Martillo de Medianoche con el que se movilizaron los bombarderos B-2 para atacar instalaciones nucleares iraníes en junio.
El presidente está librando un caro y delicado pulso con Irán que los votantes no acaban de entender. Igual que pasó con la intervención en Venezuela, la acción va en contra del lema America First y, en función del desenlace, podría socavar aún más la popularidad del presidente. El magnate es tan consciente de que su política exterior no le está siendo favorable en las encuestas que pasó de puntillas durante su discurso del estado de la Unión en el Congreso.
En su intervención se volvió a mostrar ambiguo sobre Teherán, insistiendo en que prefiere la “diplomacia”, pero que no dudaría en usar la fuerza. Apenas citó el despliegue actual en Oriente Medio. La única mención fue para la operación Martillo de Medianoche, que ya se demostró que no dañó demasiado su imagen al no acabar en una guerra regional. Aun así, el republicano es consciente de que los estadounidenses no saben a ciencia cierta cuál es la finalidad de toda esta “armada”. Pero pueden imaginar que va a suponer una factura altísima que, si es posible, es mejor barrer bajo la alfombra.
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