Irán y EEUU acercan posiciones, pero no remite la tensión militar en el Golfo Pérsico
La desconfianza marca la reunión en Ginebra de Irán y EEUU, con un vago consenso para seguir negociando, pero sin cerrar la brecha sobre el plan nuclear y los misiles iraníes.

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La segunda ronda de negociaciones entre Irán y Estados Unidos para buscar un acuerdo sobre el programa nuclear iraní concluyó este martes en Ginebra con escasos avances, salvo cierto "consenso" para seguir negociando, a pesar del creciente riesgo de que la brecha existente entre los dos países y las presiones israelíes enciendan un conflicto en Oriente Medio de consecuencias impredecibles, como quedó reflejado en las amenazas formuladas en el marco de la reunión.
La delegación iraní presente en la ciudad suiza estuvo encabezada por el ministro de Exteriores, Abás Araqchí, y la estadounidense por el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y por Jared Kushner, yerno del presidente Trump. Había igualmente especialistas en economía presentes en los equipos negociadores, por si se pudiera haber alcanzado algún mínimo acuerdo de cooperación, destinado a acallar los tambores de guerra que suenan cada vez más fuertes en Oriente Medio.
No fue el caso. Aunque el ministro Araqchi dijo de forma enmarañada que se había alcanzado "un acuerdo general sobre una serie de principios directores, sobre los cuales se basará la redacción de un posible texto de acuerdo", inmediatamente echó un jarro de agua fría sobre quien pudiera estar ya pensando en una pronta hoja de ruta hacia el entendimiento.
"Esto no significa que llegaremos pronto a un acuerdo", puntualizó Araqchi. Y advirtió de que, pese a que se puede haber abierto "una nueva ventana de oportunidad con las negociaciones con Estados Unidos", al mismo tiempo, subrayó, "Irán está plenamente preparado para defenderse de cualquier amenaza y acto de agresión". Y, advirtió, las "consecuencias de cualquier ataque" a Irán "no se limitarán a sus fronteras", en una directa advertencia a Israel y a las bases que EEUU tiene en los países limítrofes.
Esta era la segunda ronda de negociaciones entre estadounidenses e iraníes tras la celebrada el 6 de febrero en Omán. En junio pasado, tras la guerra de doce días entre Irán e Israel, al que apoyó EEUU, se interrumpieron estos contactos entre Washington y Teherán destinados a intentar llegar a algún acuerdo sobre el desarrollo nuclear de los iraníes, cuya suspensión exigen la Casa Blanca y Tel Aviv, pues acusan al régimen de los ayatolás de emplearlo para fabricar armas atómicas.
Demasiadas líneas rojas e Israel siempre en la sombra
La reunión ya comenzó con muchos recelos de las dos partes. Irán había subrayado en las últimas jornadas que no renunciaría a su desarrollo nuclear, que califica de "civil" y sin pretensiones militares, y que no tocaría su avanzado programa de fabricación de misiles balísticos, que Israel quiere también limitarlo a armas de un alcance inferior a los 300 kilómetros. La presión de Tel Aviv sobre Washington ha estado presente desde que se plantearon estas negociaciones, aunque de momento la Casa Blanca ha optado por la negociación diplomática y ha dejado a un lado el camino bélico que propugna el gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
Las sombras se acrecentaron durante el encuentro. Apenas se habían sentado a la mesa de la negociación en la Embajada omaní de Ginebra, cuando en Teherán el líder supremo iraní, Alí Jameneí, acusaba al presidente estadounidense, Donald Trump, de tratar de acorralar a Irán en la negociación nuclear, prohibiéndole cualquier enriquecimiento de uranio. Irán rechaza tal opción, pues pondría punto final a su desarrollo atómico. Como mucho, podría ralentizar ese programa, para evitar las suspicacias sobre su uso militar, tal y como se indicó en estas conversaciones de Ginebra.
Jameneí también manifestó su oposición, como hicieron sus representantes en Ginebra, a la limitación de la fabricación iraní de misiles balísticos de largo alcance, que le pide EEUU presionado por Israel. Los misiles de que dispone el Ejército iraní se encuentran entre los más modernos de Oriente Medio y pueden alcanzar los 2.000 kilómetros de distancia y golpear así objetivos en Israel, como ocurrió en el choque armado de junio pasado. El Gobierno judío exige que se reduzca ese alcance a los 300 kilómetros. Si esto fuera así, contrapuso Jameneí, Irán "quedaría a merced de sus enemigos".
El ayatolá supremo iraní desafió directamente en esta alocución a Trump, a quien espetó que "no logrará destruir a la República Islámica". No sorprendió la alusión de Jameneí, pues el viernes pasado el presidente de EEUU remarcó la conveniencia de que la actual cúpula de poder en Teherán fuera defenestrada.
Maniobras militares para animar la reunión de Ginebra
Para aumentar la temperatura de la reunión, en su curso también se supo que Irán había ordenado cerrar algunas zonas del estrecho de Ormuz, que controla el paso al Golfo Pérsico, como epílogo de las maniobras militares celebradas oportunamente la víspera del encuentro de Ginebra.
Estos ejercicios navales desarrollados este lunes por las fuerzas de la llamada Guardia Revolucionaria de Irán, uno de los cuerpos más poderosos de las fuerzas armadas de Teherán, tuvieron como escenario Ormuz, puerta marítima entre el Golfo Pérsico y el océano Índico. El mensaje era claro: si hay una guerra abierta en Oriente Medio contra EEUU y sus aliados israelíes, uno de los pasos de Irán será bloquear este estrecho estratégico, por donde circula el 20% del petróleo mundial.
Lo confirmó la propia Guardia Revolucionaria al destacar que el objetivo de las maniobras era probar "la reacción rápida" iraní, a fin de "aprovechar de manera inteligente las ventajas geopolíticas de la República Islámica de Irán en el Golfo Pérsico y el mar de Omán".
No eran los iraníes los únicos buques presentes en la región. EEUU dispone en las inmediaciones de Ormuz a su portaaviones USS Abraham Lincoln con varios destructores y otros navíos de apoyo, y está desplazando hacia la zona al mayor de sus portaaviones, el USS Gerald Ford, una auténtica ciudadela militar flotante.
"Si no tenemos un acuerdo, lo necesitaremos (al portaaviones). Si tenemos un acuerdo, se irá. Se irá muy pronto. Tenemos uno ahí fuera que acaba de llegar. Si lo necesitamos, lo usaremos. Lo tenemos listo, una fuerza muy grande", amenazó Trump el viernes.
Una reunión donde primó la desconfianza
El riesgo de un conflicto abierto entre Irán y EEUU es muy alto, y la falta de avances claros en las negociaciones explican la preocupación manifestada por el portavoz persa de Exteriores, Ismail Bagaei, durante el encuentro de Ginebra en declaraciones a la televisión estatal iraní. Aunque el diplomático resaltó la presencia de expertos económicos en la delegación iraní, para avivar el interés comercial, Bagaei tuvo que reconocer que el marco de diálogo es "muy complejo".
"No hay confianza entre las partes; pero hay que continuar las negociaciones en estas condiciones" y "el tiempo que sea necesario", aseguró. Desde Budapest, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, subrayó tales resquemores también por parte de Washington. "No es fácil" alcanzar un acuerdo con Irán, porque, afirmó, este país está controlado por "clérigos chiíes radicales” que adoptan sus decisiones en virtud de la teología, y no por cálculos geopolíticos. Rubio se hacía así eco de las palabras de su jefe en la Casa Blanca al abogar por “un cambio de régimen” en Teherán para alcanzar ese entendimiento.
La desconfianza se agrava, además, porque se está negociando con las armas sobre la mesa, como recordó Trump en vísperas del encuentro. "No creo que quieran las consecuencias de no llegar a un acuerdo", declaró el presidente de EEUU a la prensa a bordo del Air Force One el lunes. "Podríamos haber llegado a un acuerdo en lugar de enviar los B-2 (bombarderos) para destruir su potencial nuclear. Y tuvimos que enviar los B-2", afirmó en referencia al ataque lanzado el 22 de junio pasado por EEUU contra tres instalaciones nucleares iraníes como colofón de la guerra de los doce días.
Si hay guerra, será a gran escala
El riesgo ahora es que EEUU acelere sus preparativos para atacar Irán si no avanzan más las negociaciones bilaterales. Según indicaron a la agencia Reuters dos altos funcionarios estadounidense, el Pentágono se está preparando para una operación militar "sostenida" y de varias semanas contra Irán, y solo espera las órdenes de Trump para ponerla en marcha.
De momento, según esas fuentes, se está dando prioridad a la diplomacia, como prefiere Trump, pero todas las cartas están ya sobre la mesa. De hecho, el propio Marco Rubio señaló el sábado pasado que, aunque Trump, apuesta por alcanzar un acuerdo con Irán, tal opción "es muy difícil de lograr". El despacho a Oriente Medio del portaaviones Gerald Ford muestra con toda su crudeza el alto riesgo de un choque armado.
Cuando EEUU atacó en junio pasado las instalaciones nucleares iraníes de Fordow, Natanz e Isfahan, también tenía dos portaaviones en la zona. Sin embargo, en esta ocasión, si se produjera un ataque masivo estadounidense, éste superaría el ámbito y capacidad de destrucción de aquella operación, denominada Martillo de Medianoche. Entonces se utilizaron sobre todo cazabombarderos furtivos que despegaron de EEUU y con los portaaviones y sus dotaciones como apoyo por si era preciso expandir las acciones. No fue así, porque la respuesta iraní contra bases estadounidenses en la región, especialmente la que el Pentágono mantiene en Catar, fue muy contenida.
Esta vez, sin embargo, las cosas podrían ser muy diferentes si Irán decidiera poner también toda la carne en el asador para defenderse de EEUU e Israel, que seguramente entraría en combate inmediatamente para aprovechar la ocasión e intentar destruir a su peor enemigo en Oriente Medio. Y si se siguen las consignas que están repitiendo Trump y sus pretorianos en los últimos tiempos, el objetivo de EEUU no serían solo las instalaciones nucleares, sino las cabezas de la hidra, en la cúpula teocrática, el alto mando iraní y el Gobierno civil del país.
EEUU no tiene la capacidad para lanzar una invasión terrestre a gran escala de Irán, como sí hizo con apoyo internacional (del que ahora no dispone) contra Irak en 2003. Pero sí puede utilizar toda su fuerza aérea y misilística para acometer esa decapitación del régimen islámico que viene defendiendo Trump una y otra vez, coreado por su buen amigo Netanyahu.
Sin embargo, un golpe así podría extender la guerra a casi toda la región en caso de que Irán atacara las bases de EEUU en Arabia Saudí, Jordania, Kuwait, Catar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Siria e incluso Turquía. También desataría la ira de los aliados de Irán en el islamista Eje de Resistencia, desde Irak al Líbano. Precisamente, otra de las demandas de Washington a Teherán es que rompa sus vínculos con estas milicias, algo que la cúpula iraní se niega a hacer.
En definitiva, la alternativa, pues, a las actuales negociaciones, pese a su lentitud, sería "muy, pero que muy traumática", como advirtió el propio Trump la semana pasada.
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