Programa, programa y programa: la izquierda demócrata avanza en EEUU por la economía y no por las guerras culturales
Los candidatos progresistas están logrando ganar primarias en el Partido Demócrata con un mensaje que apuesta por la sanidad pública, el acceso a una vivienda digna, la rebaja del coste de vida y el traspaso de dinero desde el conglomerado político-corporativo al bolsillo de la gente trabajadora.

Washington D.C-
La izquierda se ha hecho fuerte dentro del Partido Demócrata durante el ciclo de primarias. La victoria de candidatos progresistas se ha vivido como una pequeña revolución que ha descolocado a la vieja cúpula de la formación y ha incomodado al sector moderado. En un contexto de galopante conservadurismo, donde la reelección de Donald Trump en 2024 parecía un claro rechazo al progresismo, están triunfando candidatos arropados por el socialismo. Aunque parezca algo impensable, el secreto de su éxito es simple: centrarse en la economía, dejar las guerras culturales y volver a construir desde la base.
El mensaje de campaña es básico, pero no por eso tibio: sanidad pública, acceso a una vivienda digna, rebajar el coste de vida y, sobre todo, sacar el dinero del conglomerado político-corporativo para ponerlo al servicio de la gente trabajadora. Las propuestas son "sacar el dinero del bolsillo de los políticos, para ponerlo en tu bolsillo" del progresista Abdul El-Sayed, o "poner impuestos a los multimillonarios" de los Socialistas Democráticos de América (DSA).
Si la victoria de El-Sayed -que rechaza la etiqueta de socialista- en un swing state (Estado bisagra) como Michigan fue un hito significativo, el triunfo de la socialista Angie Nixon en Florida, territorio Trump, ha sido una auténtica sorpresa esta semana. Aunque aún siguen siendo procesos de primarias dentro del Partido Demócrata, ver ganar a una socialista en un territorio que desde Barack Obama no ha vuelto a teñirse de azul demócrata es una clara señal de que se está reconectando con las bases. En una entrevista en la CBS, Nixon recordaba que Florida "no es rojo [republicano], es simplemente que los demócratas no han invertido en él".
Tanto en el programa de Nixon como en el de El-Sayed, o el de Melat Kiros (DSA) en Colorado, o de Chris Rabb (DSA) en Pennsylvania, tienen la misma propuesta estrella: Medicare para todos. Es decir, instaurar un sistema de sanidad pública en un país donde tener un seguro médico no siempre es garantía de que se va a salir del hospital sin tener que abonar una factura. Además, la propuesta llega en un momento especialmente sensible: el verano pasado Trump logró aprobar en el Congreso su Big Beautiful Bill ("gran y hermosa ley") para ampliar las excepciones fiscales a las grandes fortunas a costa de recortar presupuesto para el Medicare y otros subsidios.
A consecuencia de la ley fiscal, se prevé que para la próxima década unos 11 millones de estadounidenses pierdan la cobertura médica. Además, la Big Beautiful Bill también implicó que no se renovaran muchos de los subsidios adicionales que incluía el programa conocido como Obamacare, para ayudar a los asegurados a pagar su seguro médico. En junio de este año, la Kaiser Family Foundation (KFF) notificó que la inscripción en dicho programa había caído un 13% tras la expiración de los créditos fiscales destinados a estos subsidios adicionales. Según la KFF, la inscripción bajó desde un máximo de 22,1 millones de personas en febrero de 2026.
En otras palabras, cada vez hay más estadounidenses que no pueden permitirse el seguro médico o que tienen que bregar para poder mantenerlo. Motivo por el cual una propuesta como la de Medicare para todos va ganando fuerza. De hecho, la idea no es exclusivamente del DSA o especialmente nueva. El senador independiente Bernie Sanders fue quien en 2016 popularizó el término, aunque nunca pudo llegar a ponerlo a prueba, pues Hillary Clinton se impuso para el ticket presidencial.
Una de las grandes razones por las que liderar una propuesta así es tan complicado, en gran parte, es el gran lobby de las aseguradoras médicas y farmacéuticas. La plataforma Third Way, conocida por su vinculación con el sector moderado del partido demócrata, ya anunció que se preparaba para librar "una guerra" contra el ala progresista y aquellos candidatos que defiendan ideas como el "Medicare para todos".
Better Solutions for Healthcare (BSFH), uno de los grandes grupos de presión del sector de las aseguradoras médicas, realizó su primera donación de 50.000 dólares a Third Way en 2024, según el medio especializado Sludge, que tuvo acceso a la última declaración del grupo. Third Way también ha recibido dinero de otros grupos de presión del sector de la salud: la aseguradora CVS Health y la farmacéutica Johnson & Johnson han mantenido un flujo constante de donaciones. En 2024, CVS Health donó 50.000 dólares a Third Way, la misma cifra que había abonado en 2023, y en 2025 Johnson & Johnson donó 25.000 dólares.
Aunque El-Sayed ya demostró que se puede ganar una contienda incluso cuando el dinero fluye en tu contra. El gran lobby de presión proisraelí AIPAC hizo la inversión más cara de su historia en una sola contienda de primarias para intentar hundir al médico de 41 años por sus críticas al genocidio israelí en Gaza.
De hecho, aquí está el otro elemento clave del ascenso de las izquierdas: utilizar las estrategias tradicionales de movilización, acercándose a la gente y movilizando grandes campañas de voluntarios. Muchos candidatos del DSA han demostrado que no hace falta tener a las grandes corporaciones inyectando dinero en su candidatura para ganar. Quien sentó las bases de eso fue Zohran Mamdani en Nueva York, con una legión de voluntarios que marcaron la diferencia para que después pudiera ser investido alcalde.
Al centrarse en acciones más vinculadas a estar con la gente, hacer puerta a puerta o publicar vídeos en redes sociales, los candidatos también muestran una coherencia en su programa que habla por sí sola. El éxito de estos también viene de un hecho muy simple: dejar de sumar etiquetas y ver quién es el más "progresista" con declaraciones que no llegan a ningún lado para demostrarlo con hechos.
Uno de los ejemplos más evidentes fue Mamdani: no se obsesionó en recordar que es musulmán o que es inmigrante. No se dedicó a acumular etiquetas para construir su marca para sumar puntos ante la opinión pública. Mamdani demostró que le preocupaban esos colectivos porque se interesó por sus problemas, como cuando anunció que lograría que los platos de los carritos de comida halal volvieran a costar ocho dólares. Sin grandes discursos, el socialista demostró que a él realmente le importaba lo que pensaba la comunidad musulmana. Mamdani estaba demostrando a la comunidad musulmana que los veía realmente como personas con unos problemas materiales y no como un simple cuota política que sirve para ganar puntos ante determinados círculos.



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