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Elecciones en EEUU Los demócratas van a por la mayoría en el Senado

Treinta y cinco de los cien senadores también se someten a elecciones el 3 de noviembre para renovar sus escaños; ocho de ellos están en riesgo de perderlo, de los que siete son republicanos. El partido de Biden tiene una minoría en la cámara alta de 47 a 53 escaños. Un Senado demócrata será un aliado fundamental para una presidencia de Biden o un severo contrapoder si al final es Trump quien está en la Casa Blanca.

Imagen de archivo del candidato demócrata Joe Biden. REUTERS
Imagen de archivo del candidato demócrata Joe Biden. REUTERS

En el último debate electoral que mantuvieron Donald Trump y Joe Biden antes de las elecciones, el 22 de octubre, el presidente, para defenderse de los ataques del candidato demócrata, tiró a menudo de la misma fórmula: "¿Y por qué no lo hiciste tú, Joe, cuando estuviste no hace mucho en la Casa Blanca de vicepresidente durante ocho años?". Parecía un argumento fuerte, pero Biden, tímidamente y casi en voz baja, le daba la respuesta: "No teníamos el congreso".

El próximo 3 de noviembre no sólo está en disputa la Casa Blanca: también hay elecciones en ambas cámaras del congreso: la baja, la Cámara de los Representantes, tendrá elecciones totales; y la alta, el Senado, parciales: toca renovar un tercio de los senadores. La primera está desde 2019 ampliamente en manos de los demócratas y hay muy escasos indicios de que eso vaya a cambiar. La segunda, con mayores competencias e importancia legislativa, está por los pelos en manos republicanas y mucho más en disputa estos comicios. Los demócratas sólo necesitan ganar cuatro escaños para recuperar el control de esa cámara.

Si Biden cumple con los sondeos, será el 46º presidente de los Estados Unidos, pero su mandato se verá limitado y la magnitud de sus propuestas se verá muy mermada si los demócratas no controlan el Senado. Y lo mismo: si es Trump quien gana, un Senado demócrata podría corregir y hasta bloquear muchas decisiones del presidente y ejercer como potente contrapoder. El combate electoral por el Senado pasa a menudo desapercibido, pero es trascendental para ambos partidos y para el futuro de las políticas que desarrollará Estados Unidos en hasta la mitad de esta década.

Según los sondeos, ocho de esos 35 escaños están en empate técnico en las encuestas y pueden cambiar de partido

La actual cámara alta tiene mayoría republicana: hay 53 escaños de ese partido frente a 47 senadores demócratas. Los cien escaños en total salen de los dos que le corresponde a cada uno de los 50 Estados puesto que al Distrito de Columbia (que no es un Estado, aunque asigna tres miembros al Colegio Electoral que elige al presidente) no le corresponde ninguno. El 3 de noviembre, de esos cien escaños, 35 senadores se presentan a elecciones y se juegan el asiento, entre ellos, el del influyente líder de la cámara, el republicano Mitch McConnell, de 78 años, senador por Kentucky desde 1985 y esposo de la secretaria (ministra) de Transportes de la administración Trump, Elaine Chao.

Según los sondeos, ocho de esos 35 escaños están en empate técnico en las encuestas y pueden cambiar de partido; de ellos, sólo uno es demócrata, el de Doug Jones, por Alabama. Los siete once que penden de un hilo son republicanos. Los demócratas sólo necesitan ganar cuatro para tener una mayoría de 51 a 49 a favor del partido de Biden. En 2018, en las elecciones de medio mandato que afectaron a la Cámara de los Representantes, los republicanos ya perdieron el control de la cámara baja al perder 40 escaños. Los demócratas lograron movilizar el voto contra Donald Trump. Es el escenario que el partido busca tener el próximo martes.

De los siete escaños republicanos que pueden recuperar los demócratas, tres de ellos fueron de este partido en elecciones recientes. Se trata del que tiene Thom Tillis por Carolina del Norte, Joni Ernst por Iowa y Steve Daines por Montana. Los otros escaños que están en serio peligro para los republicanos, pero en feudos tradicionalmente de ese partido (lo que podría jugar a su favor) son los de Susan Collins por Maine –aunque Collins es una tradicional crítica de Trump y esto la puede beneficiar–, David Perdue y Kelly Loeffler por Georgia, y el del peso pesado republicano y amigo de Trump Lindsay Graham, por Carolina del Sur.

Los de Biden quieren emular el "asalto"de 2019

Aunque la Cámara de los Representantes tiene menos competencias que el Senado, la nueva cámara que surgió en enero de 2019, bajo control demócrata, se dejó notar: entre otras cosas, lanzó el proceso revocatorio contra Trump (el impeachment); bloqueó el acuerdo comercial con México y Canadá y no lo aprobó hasta que no se incluyeron aspectos laborales y medioambientales; y desde esta cámara han salido las propuestas iniciales de los paquetes de ayuda finalmente aprobados por el Senado y la administración Trump (con más o menos correcciones según el caso) para paliar los efectos de la crisis desatada por la pandemia. Tan es así, que la presidenta de la cámara baja, la demócrata Nancy Pelosi se ha convertido en una de las personas más atacadas por Donald Trump.

En 2018 hubo también comicios parciales en el Senado, pero entonces no les tocó el turno electoral a senadores débiles, sino muy bien consolidados en sus respectivos territorios y sin el asiento en disputa. Esta vez es todo lo contrario. Un control demócrata en la cámara alta junto a una presidencia del mismo partido en manos de Joe Biden, le darían a este partido un poder muy amplio y con escasas cortapisas republicanas en ambas cámaras. En este caso, los progresistas Bernie Sanders y Elizabeth Warren serían los líderes del partido en el Senado lo que, en principio, debería darle un giro hacia la izquierda no sólo a las iniciativas que promueva esta cámara alta sino a las propuestas que salgan de la Casa Blanca y que necesiten ser refrendadas por el Senado, como sucede con las leyes federales.

Si los demócratas sólo lograran ganar tres escaños, se daría un empate a 50 en el Senado y sería fundamental una victoria de Biden para la Casa Blanca

Los temas fundamentales que tendría que trabajar el partido demócrata en un escenario así serían, en primer lugar, tumbar la reforma fiscal aprobada por Donald Trump, que implicaba una rebaja enorme en el pago de impuestos para las grandes fortunas y las empresas. Junto a esto, la administración Biden tendría el campo abierto para sus reformas sanitarias (el ya llamado Bidencare) para extender los seguros médicos públicos; el plan climático y energético para la transición sostenible y la limitación de las emisiones; los futuros paquetes de ayudas por la pandemia; la política migratoria, sobre todo para, como ha prometido Biden, meter en el sendero de la regularización a más de diez millones de inmigrantes.

Si los demócratas sólo lograran ganar tres escaños, se daría un empate a 50 en el Senado. En ese caso, sería fundamental una victoria de Biden para la Casa Blanca puesto que el presidente elige el vicepresidente del Senado, que tiene, entre otras competencias, votar para desequilibrar los empates en la cámara alta.

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