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Europa y EEUU se vuelcan con la solución de los dos Estados, pero Netanyahu presiona con más asentamientos ilegales

"Los asentamientos constituyen una grave violación del Derecho Internacional Humanitario y constituyen el mayor lastre para Israel en materia de seguridad", sentencia Borrell.

Benjamin Netanyahu en Gaza
Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, junto a varios soldados durante su visita a Gaza este pasado domingo. REUTERS

"Me horroriza saber que, en medio de una guerra, el Gobierno israelí está a punto de comprometer nuevos fondos para construir más asentamientos ilegales. Esto no es defensa propia y no hará que Israel esté más seguro. Los asentamientos constituyen una grave violación del Derecho Internacional Humanitario y constituyen el mayor lastre para Israel en materia de seguridad", ha asegurado este lunes Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea.

Las posiciones sobre la guerra en Oriente Próximo tienen muchos matices y diferencias en Europa y en Estados Unidos. Pero hay una máxima que vertebra toda la posición de Occidente: la solución al conflicto más enquistado del globo solo puede ser política y fundamentada en la construcción de los dos Estados. El Alto Representante ha dejado claro en numerosas ocasiones que el fin del problema nunca vendrá de la mano de la vía militar. "Ningún Ejército puede garantizar la seguridad de un país más que la paz", ha reivindicado el español desde Barcelona, donde se ha celebrado la cumbre euromediterránea, de la que se ha ausentado Israel.

También Estados Unidos ha reiterado en las últimas horas su respaldo a esta vía. "Una solución de dos Estados es la única manera de garantizar la seguridad a largo plazo tanto del pueblo israelí como del palestino. Para garantizar que tanto israelíes como palestinos puedan vivir en igualdad de condiciones de libertad y dignidad. No dejaremos de trabajar para lograr este objetivo", ha afirmado Joe Biden, presidente de Estados Unidos, a través de X (antiguo Twitter).

Este mensaje lo trasladó también Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, a su paso por Israel y Palestina la semana pasada. El inquilino de La Moncloa abrió la puerta al reconocimiento del Estado palestino por parte de España. Y se dijo dispuesto a hacerlo de forma unilateral si no había un consenso más amplio entre los 27 socios comunitarios. A pesar del revuelo mediático y político en la derecha que han causado las palabras de Sánchez, al que Israel ha acusado junto a Bélgica e Irlanda de "apoyar el terrorismo de Hamás", el propio Partido Popular llevaba en su programa electoral del 23 de junio el compromiso de "trabajar para la resolución de conflictos, especialmente el israelo-palestino, por medio de la solución de dos Estados".

Esta es precisamente la postura de la UE en torno a Israel y Palestina, que se mantiene intocable desde hace décadas: respaldo a la solución de los dos Estados, con las fronteras de 1967 y con la ciudad de Jerusalén compartida y bajo un estatus especial. Pero en Bruselas apenas han pasado de las declaraciones sobre el papel a esfuerzos concretos para consumarlo. El mundo árabe ha reprochado a los europeos su falta de contundencia a la hora de presionar a Tel Aviv para que respete la legislación internacional.

Muchos son los escollos que dificultan desenroscar uno de los conflictos más largos y complejos del mundo. Las sensibilidades religiosas, el nulo apetito político, la debilidad del liderazgo palestino unida a la radicalización de los mandos israelíes o el hartazgo y la desesperanza de la sociedad. Pero uno de los más difíciles de resolver es el de los colonos. Los asentamientos, declarados ilegales por numerosas resoluciones de la ONU, se han triplicado desde los acuerdos de Oslo firmados ahora hace 30 años, imposibilitando la continuidad de un futuro Estado palestino. Desde la ciudad condal, Borrell ha reconocido que "uno de los mayores obstáculos" para acabar con el conflicto es la colonización ilegal de Cisjordania. "Israel tiene derecho a la paz y la seguridad, pero eso es incompatible con la extensión ilegal de asentamientos", ha denunciado.

Más gasolina para los colonos

En medio de esta presión diplomática, el Gobierno que dirige el ultranacionalista Benjamín Netanyahu ha dejado claro que la suya seguirá siendo una política de mano dura. Desde los 90, el líder del Likud se ha opuesto a cualquier avance en un proceso de paz que concluya con el establecimiento de un Estado palestino.

"Continuaremos hasta el final, hasta la victoria. Nada nos detendrá y estamos convencidos de que tenemos el poder, la fuerza, la voluntad y la determinación para lograr todos los objetivos de la guerra, y lo haremos", señaló el domingo durante la primera visita a la Franja de Gaza desde que comenzó la guerra actual.

En paralelo, anunció la aprobación de una partida de fondos especiales cuantificada en 43 millones de dólares para aumentar y fortalecer los asentamientos. Tras su visita a la región hace unos días, Borrell denunció el estallido de violencia extrema por parte de los colonos en Cisjordania, donde en lo que va de año han sido asesinados más de 400 palestinos y 35 aldeas han sido arrasadas con la complicidad de las autoridades hebreas que, según el diplomático español, están dotando a los colonos con armas.

Los esfuerzos de la comunidad internacional por hacer de esta crisis una oportunidad para reavivar el diálogo hacia una paz duradera y sostenible se ven empañados por una situación compleja sobre el terreno. En la capital comunitaria defienden que la única vía posible hacia la paz pasa por una Autoridad Palestina reforzada que asuma el control de Gaza cuando se depositen las armas. Pero la organización que lidera Mahmoud Abás está muy debilitada y deslegitimada dentro y fuera. En el lado hebreo, está por ver si los errores encadenados de su primer ministro permiten al eterno superviviente Netanyahu sobrevivir políticamente cuando la contienda acabe.

En este escenario de volatilidad global máxima, los 31 ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN se reúnen el martes y miércoles en los cuarteles generales de Bruselas. La Alianza Atlántica está teniendo un papel secundario en el conflicto de Oriente Próximo. No tiene efectivos en la región más allá de los soldados que ayudan en Irak a la lucha contra Estado Islámico. Y está obligada a mantener el equilibrio entre Israel y muchos de los Estados árabes que son aliados. La preocupación, sin embargo, es que el polvorín de tierra santa desvíe la atención política y mediática, así como la asistencia financiera, de Kiev a Jerusalén. No obstante, fuentes aliadas sentencian que la prioridad de la Alianza Atlántica continúa siendo apoyar a Ucrania el tiempo que haga falta, porque a diferencia que el conflicto en Israel y Palestina, este se libre en los confines europeos y la seguridad euroatlántica se juega mucho.

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