Qué lecciones pueden aprender Europa y el resto del mundo tras los comicios de Portugal
Las elecciones lusas se han saldado con un voto récord para las distintas expresiones de la derecha portuguesa, que sumadas logran el 62% del voto. ¿Qué explica estos resultados?

Lisboa--Actualizado a
La capacidad de la extrema derecha para marcar la agenda mediática, la falta de propositividad de la izquierda y el abstencionismo de los barrios populares está suponiendo el auge de las formaciones ultra en toda Europa. El sistema electoral portugués ha castigado con especial dureza la fragmentación de la izquierda.
Portugal vivió este domingo 28 de mayo unas elecciones legislativas que han sacudido el panorama político nacional, y cuyo análisis ofrece valiosas lecciones para Europa y el resto del mundo. Estos comicios se han saldado con un voto récord para las distintas expresiones de la derecha portuguesa, que sumadas logran el 62% del voto.
La extrema derecha de Chega es la gran vencedora de la noche electoral, quedando a escasos 50.000 votos de la segunda posición y empatando en número de escaños con el Partido Socialista (PS). La formación ultra, con solo cinco años y medio de vida, obtiene el 22,56% de los votos. Además, la derecha tradicional de Alianza Democrática (AD) obtiene una cómoda primera posición con el 32,7% de los votos.
El Partido Socialista (PS) sufrió pérdidas significativas, lo que llevó a la dimisión de su líder, Pedro Nuno Santos. Pero sus votos no fueron captados por otras fuerzas progresistas. El resto de los partidos de izquierda, como el Bloco de Esquerdas (BE), la Coalición Democrática Unitaria (CDU) o los animalistas del PAN, también obtuvieron resultados decepcionantes. El avance de Livre no palía los daños sufridos en el bloque progresista.
Pero, en el contexto general de auge de la extrema derecha, ¿qué explica estos resultados?, ¿qué dinámicas ha vivido Portugal que ya hemos visto en otras partes de Europa?, ¿qué explica la debacle de los partidos de izquierda? Las causas son sin duda multifactoriales, pero aquí van algunas claves que explican lo ocurrido en el país vecino.
El vencedor... sigue siendo la abstención
Aunque las fuerzas de derecha están creciendo en toda Europa, y Portugal no ha sido una excepción, la abstención sigue siendo muy superior al voto conseguido por cualquier partido político.
Si bien es cierto que la tradición política portuguesa no es de altos índices de participación (64,38% en esta cita), y que en todos los países existen tasas significativas de abstencionismo, la suma de todos los votos del bloque de la derecha (AD + Chega + Iniciativa Liberal + ADN) no está muy alejada del número total de portugueses que se quedaron en su casa.
Las derechas obtuvieron más de 3.700.000 votos frente a los más de 3.300.000 portugueses que no votaron. La mayor movilización de voto de la derecha en la historia reciente Portugal ha representado un 62% del voto, pero solo un 39% del censo total. Estos datos no hacen menos impresionantes los resultados de AD o Chega, pero sí deberían servir para tener en cuenta que hay amplísimos sectores de la población portuguesa que no han acudido a votar por no sentirse representados.
La abstención es además un factor de clase: en los barrios obreros, con menor renta, la participación se desploma.
En el popular barrio lisboeta de Agualva, donde la mayoría de las familias tiene ingresos inferiores al salario mínimo, la abstención fue del 43%. Allí las fuerzas de izquierda obtuvieron un 42,33% de voto (casi nueve puntos más que en la media nacional). Por el contrario, en el barrio noble de Milharado –también en la capital lusa– la abstención sólo fue del 25%; allí las derechas obtuvieron el 68% del voto. Quince puntos de participación de diferencia a solo unos pocos kilómetros de distancia.
La extrema derecha consigue marcar agenda
La primera victoria de la extrema derecha no es electoral, sino mediática. En casos como Francia, Alemania o Italia los triunfos de Rassemblement National, Alternativa por Alemania y Fratelli de Italia solo llegaron tras conseguir marcar la agenda mediática.
La extrema derecha europea, gracias a su buen dominio de las redes sociales y a un ecosistema mediático propio que no duda en recurrir a bulos y desinformación, ha conseguido que temas como la seguridad, la inmigración o el nacionalismo hayan ocupado los debates electorales. Un escenario ante el que muchos de los partidos de derecha tradicional –e incluso la socialdemocracia– terminan cediendo y comprando sus marcos racistas y xenófobos.
El presidente francés Enmanuel Macron, el excanciller alemán Olaf Scholz o el primer ministro portugués Luis Montenegro han adoptado políticas migratorias más restrictivas debido a la presión de sus respectivas extremas derechas. En el caso portugués, el inicio de la campaña electoral estuvo marcado por la decisión del gobierno de notificar 18.000 expedientes de expulsión a migrantes en situación irregular.
La decisión, lejos de acallar las reivindicaciones de Chega, alimentó su discurso xenófobo y puso a la migración en el centro del debate durante toda la campaña. Ante esto, la izquierda ha optado por una respuesta reactiva, incapaz de responder de manera propositiva al debate securitario y migratorio; centrando sus intervenciones en calificar de "racista" a Chega, algo insuficiente una vez que al electorado le ha comenzado a parecer una "preocupación prioritaria".
Además, las redes sociales y sus discursos cortos y directos son el ecosistema natural de la extrema derecha global. Tik-Tok, X o WhatsApp son el ecosistema nativo de estas formaciones; en frente, la izquierda lusa no ha sabido replicar estos nuevos códigos de comunicación.
Chega penetra en el electorado con menos estudios y en las zonas con más migración
Consecuencia de su capacidad de marcar agenda, vemos como el discurso racista está calando en el electorado. De acuerdo con los datos del Registro Estadístico Anual de Portugal, Chega obtiene mejores resultados en aquellos municipios donde la población extranjera residente es más numerosa porcentualmente.
En Vila do Bispo la población extranjera representa el 42,2% del censo y los de André Ventura han obtenido un 28,46% del voto; en Albufeira, con un 37,1% de población migrante, la extrema derecha obtiene el 39,4%; y en Lagos, con el 36,3% de extranjeros residentes, Chega se alza con el 31,56%.
Otro patrón de voto claro ha sido el nivel de estudios y el apoyo a la extrema derecha. En los distritos electorales con mayor porcentaje de habitantes con estudios superiores el apoyo a Chega ha sido inversamente proporcional.
En Avenidas Novas el 61% de la población tiene formación superior y solo el 10,2% optó por Chega. En São Domingos de Benfica, donde el 57,2% de los vecinos ha ido más allá de los estudios secundarios, solo el 9,56% votó a la formación ultra. Si tomamos los diez distritos con más formación académica, la media de voto apenas supera el 10%, menos de la mitad del resultado cosechado a nivel nacional.
Fragmentación de la izquierda penalizada por el sistema electoral
De cinco partidos políticos de izquierdas presentados a nivel nacional, solo uno ha superado el 4,5% del voto, el Partido Socialista. El resto, Livre, la Candidatura Democrática Unitaria (CDU) del Partido Comunista, el Bloco de Esquerdas (BE) y los animalistas del PAN han quedado por debajo de ese umbral.
La suma de estos cuatro partidos rebasa los 630.000 votos y el 10,6%. Pero solo han obtenido 11 escaños, menos del 5% del total de diputados.
El sistema electoral portugués, idéntico al español con un reparto de escaños por circunscripciones mediante la ley D'Hont, ha penalizado a las fragmentadas fuerzas de izquierda. Solo en las enormes circunscripciones de Lisboa (48), Oporto (40) y Setúbal (19) –que absorben casi la mitad del total de 230 diputados– han obtenido diputados las fuerzas minoritarias.
Por ejemplo, la CDU, con una histórica tradición en la región del Alentejo –la más pobre del país–, no ha visto traducido en escaños su 14% de voto en Beja. Por su parte, el Bloco de Esquerdas ha obtenido 120.000 votos dispersos por todo el territorio, obteniendo solo un escaño; AD ha necesitado de media 22.266 votos para lograr un escaño. La izquierda paga su fragmentación y el sistema electoral ha multiplicado el daño.
La extrema derecha, cómoda en la oposición
En un contexto de crisis y reconfiguración del orden internacional, los sistemas políticos europeos tiemblan y quien consigue canalizar los miedos y la incertidumbre es la extrema derecha.
Todos los partidos ultras del viejo continente han adoptado un discurso “antiélite” de impugnación del sistema político tradicional. El voto protesta, que en la década de 2010 canalizaron Syriza, Podemos o la Francia Insumisa, hoy es de la extrema derecha.
Las formaciones ultra saben crecer en el conflicto. El no haber asumido responsabilidades de gobierno les ha permitido no desgastarse con la gestión diaria. Chega, al igual AfD y otros partidos ultras, están cómodos en la oposición y bajo la lógica del cordón sanitario, porque le permite seguir alimentando su discurso “antisistema” y de “victimización”.
La izquierda radical, aunque también señala las deficiencias estructurales del sistema, no ha conseguido poner en el centro del debate las cuestiones sociales. En Portugal se ha hablado más de corrupción e inmigración que de vivienda y salario mínimo. Y eso, explica mucho.


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.