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El Gobierno de Colombia y las FARC firman un acuerdo definitivo para la paz y cierran 50 años de guerra

La guerrilla más antigua de América Latina se convertirá en un movimiento político sin armas. El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, anuncia la convocatoria de un plebiscito en octubre para que el pueblo refrende los pactos rubricados en La Habana.

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Decenas de colombianos celebran en las calles de Bogotá la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC. - EFE

BOGOTÁ.- "La guerra ha terminado". La misma frase que Franco lanzó desde Burgos el 1 de Abril de 1939 para anunciar que empezaba la era de la victoria y el aplastamiento de la República, la empleó ayer el jefe negociador del Gobierno colombiano, Humberto de la Calle, para dar a conocer un acuerdo, sin vencedores ni vencidos, que pone fin a una guerra que durante más de medio siglo ha ocasionado más de ocho millones de víctimas en Colombia.

En el acto de la firma, celebrado en La Habana, con Cuba y Noruega como países garantes y Venezuela y Chile como acompañantes, el Jefe de la delegación de las FARC, Iván Márquez, destacó: "Hemos ganado la más hermosa de las batallas, la de la paz: tierra, democracia, apoyo a las víctimas, política sin armas…comienza el debate de las ideas".

El acuerdo consta de 200 páginas divididas en seis puntos. El primero incluye una transformación estructural campo, erradicando la pobreza mediante una reforma rural integral. El segundo acuerdo prevé la participación política de las FARC, fortaleciendo el pluralismo, siempre bajo la prohibición de la violencia.

El tercer acuerdo está dedicado al cese bilateral del fuego y el cese definitivo de hostilidades, con garantías plenas de seguridad para que los desmovilizados no sean víctimas del paramilitarismo, como ha sucedido en otros momentos de la historia.
El punto cuarto del pacto de paz incluye la erradicación del narcotráfico y de los cultivos ilegales, desde el respeto a los campesinos y un enfoque de salud pública en lo que respecta al consumo de drogas.

El punto cinco se refiere a las víctimas del conflicto y a la aplicación de una justicia transicional especial, con la creación de una Comisión de la Verdad y tribunales especiales que investigarán y sancionarán los crímenes contra el Derecho Internacional Humanitario y de los Derechos Humanos. No sólo serán juzgados miembros de las FARC, sino también a los miembros del Estado o civiles que hayan intervenido en el conflicto. Finalmente, un último punto señala los mecanismos de implementación de los acuerdos, su seguimiento y verificación con instituciones internacionales como Naciones Unidas, que controlará el desarme que debe producirse en un plazo de seis meses.

Una vez firmado el acuerdo, el presidente colombiano Juan Manuel Santos debe presentarlo en el Parlamento solicitando la convocatoria de un plebiscito para la aprobación de los acuerdos por parte de la ciudadanía colombiana, que deberá celebrarse el domingo 2 de octubre. Por su parte las FARC han empezado a preparar una Conferencia Nacional Guerrillera, que se celebrará en la primera quincena de septiembre en un lugar de los llanos y que reunirá a unos 600 mandos de primer, segundo y tercer nivel, procedentes de todos los frentes y que deberán dar su visto bueno a los acuerdos.

En las últimas horas, tanto el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, como el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y mandatarios de países latinoamericanos y de la Unión Europea han felicitado al presidente Santos tras la firma de los acuerdos. 

En Colombia se vive este jueves una jornada muy especial de euforia, especialmente en los lugares que han sido azotados por el conflicto durante décadas. También, y muy especialmente en las grandes capitales, las fuerzas contrarias a la paz, lideradas por el expresidente Álvaro Uribe, se aprestan a una furibunda campaña por el no en el referéndum. Si triunfara esta posición, se vendría abajo todo el edificio de la paz, construido durante más de cuatro año en las conversaciones de La Habana.