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Guerra en Libia Los Emiratos Árabes Unidos, el agente del caos en un Oriente Próximo convertido en un polvorín

La situación en Oriente Próximo es probablemente la más grave de toda su historia. Las guerras y la inestabilidad reinan por doquier y el agente principal de todo ese caos es el príncipe Mohammad bin Zayed de los Emiratos Árabes Unidos.

Mohammad bin Zayed, príncipe heredero de Abu Dhabi  y uno de los hombres más poderosos del país. / Reuters
Mohammad bin Zayed, príncipe heredero de Abu Dhabi y uno de los hombres más poderosos del país. / Reuters

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

El principal agente del caos reinante en Oriente Próximo son los Emiratos Árabes Unidos (EAU) con el príncipe Mohammad bin Zayed (MBZ) a la cabeza, un mandatario que está utilizando sus imponentes recursos diplomáticos, financieros y militares para desestabilizar la región servicio de sus ambiciones estratégicas y al amparo de las grandes potencias, Israel, Estados Unidos y la Unión Europea, por este orden.

En su punto de mira está el factor llamado islam político. Las potencias citadas temen como al diablo a una ideología que nunca ha conseguido despegar ni aplicar su ideario, que en casi todas partes está perseguida, y que solo con mentarla les pone carne de gallina. MBZ es la persona ideal para este trabajo, reúne las condiciones requeridas y les viene como anillo al dedo para ejecutar sus intereses en los distintos escenarios regionales.

Históricamente, el islam político se ha vinculado a los Hermanos Musulmanes. Es una ideología que pretende aplicar el islam en los países musulmanes. En el pasado, en más de una ocasión ha propiciado el terrorismo, por ejemplo en Egipto o Siria, aunque en los últimos lustros la mayoría de sus líderes han condenado toda forma de violencia. La cuestión clave es saber si una vez llegaran al poder respetarían las reglas del juego, una oportunidad que nunca se les ha dado y que tampoco se les dará en el futuro inmediato.

En estos momentos el principal valedor regional del islamismo moderado es la Turquía del presidente Recep Tayyip Erdogan, mientras que enfrente se sientan por este orden los EAU, Egipto y Arabia Saudí. Estos países consideran que el islam político pone el peligro la estabilidad y amenaza la continuidad de sus respectivos regímenes, de ahí que estén luchando codo con codo donde quiera que se presenta una señal incipiente de islamismo.

El islam político ve a Occidente en su conjunto como un escenario donde reinan corrupciones de todo tipo y una vulgaridad extrema y desprovista de moral. En realidad, se presenta como una alternativa a lo que perciben como la decadencia de Occidente. Probablemente, las ideologías que están detrás el islam político y de China sean a día de hoy las alternativas más claras a la debilitada civilización judeocristiana.

Uno de los frentes en los que se desarrolla esta guerra es Libia. El martes Turquía acusó a los EAU de sembrar el caos con sus intervenciones en Libia y Yemen. El ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, respondía así a los ataques que Ankara recibe a diario por ayudar al gobierno de Trípoli internacionalmente reconocido, pero solo en teoría.

De hecho, los EAU y Egipto, que respaldan a Khalifa Haftar, ciudadano estadounidense y viejo colaborador de la CIA, así como Grecia, Chipre y Francia, denunciaron un día antes, el lunes, "la intervención militar turca en Libia". Los dimes y diretes entre estos países se producen continuamente sin que ningún contendiente haya demostrado tener fuerza suficiente para resolver el conflicto.

"Si me pregunta quién está desestabilizando esta región y quién está causando el caos, le responderé sin dudarlo que es Abu Dabi (los EAU)" dijo el martes ministro Cavusoglu. "Ellos son la fuerza que ha desestabilizado Libia y ha destruido Yemen", añadió poniendo todos los puntos sobre las íes.

Las relaciones entre los dos países se deterioraron significativamente en 2017, cuando los EAU y otros estados árabes impusieron duras sanciones contra Qatar, un país que tolera y fomenta el islam político y que abandonó la guerra de Yemen poco después de empezada hace cinco años. Para agravar las cosas, Qatar mantiene relaciones cordiales con Irán, una circunstancia que eriza los pelos de los demás países del Golfo Pérsico.

Como sea que Turquía mantiene unas buenas relaciones con los Hermanos Musulmanes desparramados por Oriente Próximo, los EAU, Egipto y Arabia Saudí están a las greñas con Ankara. Para esos países, el islam político es el diablo en persona y no quieren que se le permita sacar el cuello ni un poco en todo el ámbito del mundo árabe.

Pero el ministro turco Cavusoglu no se detuvo ahí, sino que fue un poco más allá al denunciar que los EAU están apoyando a grupos radicales en Somalia. En Somalia los EAU establecieron una base en la que entrenaron al ejército del país africano durante varios años, a partir de 2014, con el visto bueno de la Unión Africana, precisamente para derrotar a los rebeldes islamistas.

Más recientemente, en mayo de 2019, un senador estadounidense acusó a los EAU de sembrar la discordia entre distintas regiones de Somalia y el gobierno central. El hecho de que el presidente somalí elegido en 2017 no se sumara al boicot de Qatar, enfrió las relaciones con los EAU.

Sin embargo, las actividades de los EAU por todas partes cuentan con el respaldo expreso o tácito de la Casa Blanca e Israel, además del apoyo de una Unión Europea que Angela Merkel y Emmanuel Macron están conduciendo hacia el caos, y no solo en lo tocante a la política exterior.

Además, el ministro turco de Exteriores acusó a Francia de estar jugando a favor de los EAU y sus aliados en la guerra libia. La nefasta política exterior europea en todos los frentes de Oriente Próximo se guía únicamente por lo que sus mandatarios ven como más conveniente en cada momento, y desde luego, colabora abierta y subrepticiamente con los EAU, Israel y Estados Unidos en la lucha contra el islam político.

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