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La inesperada victoria de la reforma sanitaria de Obama

La apuesta por el 'Obamacare' restará municiones a los republicanos, que basaron gran parte de su campaña en las legislativas de 2010 en criticar esta medida

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La Casa Blanca se había preparado para lo peor. El equipo de Obama llevaba semanas calibrando estrategias para encajar la derrota. La decisión ayer del Tribunal Supremo de Estados Unidos de apoyar los principios de la reforma sanitaria sobre la que el presidente tanto apostó, supuso una inesperada victoria para el candidato de cara a las presidenciales de noviembre. No tanto porque los estadounidenses votarán demócrata por haberla aprobado sino porque le quitará municiones a los republicanos que basaron gran parte de su victoria de las legislativas de 2010 en criticar el 'socialismo' del 'Obamacare'.

Por 5 votos a 4, y con el inesperado apoyo del presidente del Tribunal, el conservador John Roberts, los jueces aprobaron la disposición más polémica de la medida aprobada en marzo de 2010, la que introduce la obligación para todo estadounidense de contratar un seguro médico privado. En el eterno debate entre poder federal y poder estatal, libertad individual y papel del Estado, el máximo órgano judicial de Estados Unidos decidió respaldar el controvertido 'mandato individual'.

Obama, en una intervención formal en la Casa Blanca, evitó el triunfalismo, consciente de que esta sigue siendo una medida muy impopular en un amplio sector de la población. Para los 250 millones de personas que tienen seguro, la medida, dijo, no cambiará mucho; los 30 millones que no gozan de cobertura médica tendrán facilidades para acceder a un plan privado, que tendrán que pagar de su bolsillo. 'Creo que ha quedado claro que no hice esto por política, lo hice porque es bueno para el pueblo americano'. El presidente se apuntó el tanto que su predecesor demócrata en el puesto Bill Clinton, no pudo conseguir, cuando su esposa y ahora secretaria de Estado, Hillary Clinton, presentó un plan parecido en 1993, hace casi veinte años (que regulaba más severamente el mercado de los seguros).

Fue un día histórico por muchas razones. El Tribunal Supremo, que hace unos días emitió un veredicto mucho más confuso sobre la ley de Arizona contra la inmigración ilegal, no tenía a tanta gente pendiente de su veredicto desde que en diciembre 2000 confirmara los resultados electorales en Florida y otorgara la presidencia a George Bush.

El propósito de la reforma sanitaria era ampliar esta protección a 17 millones de personasPero no todo fueron celebraciones en la Casa Blanca. Si bien el Tribunal Supremo respaldó el 'mandato individual' otorgó más libertad a los estados a la hora de ampliar Medicaid, la cobertura médica que protege a los más desfavorecidos, un programa compartido entre Washington (que paga casi 60% de la factura) y los estados. El propósito de la reforma sanitaria era ampliar esta protección a 17 millones de personas (un coste de 930.000 millones de dólares entre 2014 y 2022).

Ahora por ejemplo los 26 estados que recurrieron la ley de Obama ante los tribunales (donde viven la mitad de las personas que teóricamente se verían beneficiadas por la ampliación de Medicaid) podrán resistir la imposición del gobierno, algo que podría agravar las diferencias cada vez más grandes entre ricos y pobres.

Como decía el analista William Galston de la Brookings Institution, 'los ganadores celebran y los perdedores se movilizan'. Se verá en las próximas semanas. Convencidos de que el juico del Tribunal les iba a ser favorables, los conservadores no estaban preparados para la derrota.

La reacción de Mitt Romney fue escueta. El contendiente republicano se limitó a asegurar que lucharía contra el plan de salud y lanzó un llamamiento a los votantes conservadores. 'Para rechazar el plan de salud de Obama, habrá que rechazar a Obama'. Romney tiene poco margen de maniobra. Cuando era gobernador de Massachusetts introdujo una ley parecida en su estado en 2006 , algo que los demócratas le recordarán son piedad cuando empiece la campaña electoral.

El senador por Florida, Marco Rubio, cuyo nombre suena regularmente como candidato a la vicepresidencia, no fue mucho más imaginativo. 'El tribunal se pronuncia sobre la constitucionalidad de las leyes, no sobre la validez de la idea. Y aunque haya dicho que [la reforma sanitaria] es constitucional sigue siendo una mala idea [...] que cuesta dinero'.

Es el ángulo de ataque que les queda a los conservadores. Un arma tradicional en el arsenal republicano. La nuevas medidas costarán dinero al contribuyente (ya que la penalización económica por no tener seguro no se considerará como una multa sino como un impuesto). 'No podemos permitirnos el Obamacare', declaró Reince Priebus, jefe del partido. El plan de salud supone además una intromisión inaceptable en las vidas de los ciudadanos, un argumento que asegurado la popularidad del Tea Party.

La reforma sanitaria será sin duda un factor en noviembre pero como muestran los sondeos no será ni mucho menos el que determine el resultado de las urnas. Una encuesta de la cadena ABC y del Washington Post del mes pasado aseguraba que 52% de los estadounidenses listaban como tema prioritario de preocupación la economía. El plan de salud venía en segundo lugar pero con tan solo 7% del interés de los votantes.