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El joven que arrojó a un niño del Tate Modern contó a sus cuidadores que quería "matar a alguien"

Ya había contado a sus cuidadores que planeaba hacerlo, según una grabación que ha visto la luz ahora. Aún así, meses antes de lo ocurrido se le retiró la supervisión.

Jonty Bravery, el joven que arrojó a un niño del Tate Modern. / CAPTURA - Metropolitan Police
Jonty Bravery, el joven que arrojó a un niño del Tate Modern. / CAPTURA - Metropolitan Police

Cristina Casero

Desde que ocurrieron los hechos el pasado 4 de agosto, la información ha ido llegando con cuentagotas. Ese mismo día conocimos la noticia: un joven había lanzado a un niño de seis años desde una terraza de una altura de diez pisos de la Tate Modern de Londres causándole heridas de gravedad. Cuando cumplió los dieciocho años se desveló la identidad del joven e incluso su rostro: se llamaba Jonty Bravery.

La siguiente revelación fue que presenta un trastorno del espectro autista, un trastorno obsesivo compulsivo y que es probable que presente también trastorno de personalidad. Y, por último, se supo que se había declarado culpable y había reconocido ante la policía que lo planeó todo para mostrar su frustración por el tratamiento que estaba recibiendo.

Ahora, a sólo unos días de que se conozca la sentencia (el próximo 17 de febrero) y como resultado de una investigación conjunta entre la BBC y el diario Daily Mail, ha visto la luz una grabación realizada casi un año antes de lo ocurrido, en en otoño de 2018, en la que Bravery revelaba a sus cuidadores su plan: "Se me ha metido en la cabeza que tengo que matar a alguien en los próximos meses", les dice.

Incluso se puede oír que les da detalles sobre cómo pensaba hacerlo: quiere visitar algún edificio alto del centro de Londres y empujar a alguien desde allí. Bravery llega a mencionar el Shard, el edificio más alto de la capital británica, aunque explica que "puede ser cualquiera mientras sea alto y podamos subir y visitarlo y pueda empujar a alguien desde allí".

En la grabación, Bravery también da sus argumentos para llevar a cabo su plan: "Sé que si lo hago morirá e iré a la cárcel y quiero ir a la cárcel para salir de aquí". En un momento dado llega a decir que incluso le da igual quien sea la víctima: "Puede ser un amigo o puede ser cualquiera", dice.

Bravery habla en plural -"mientras podamos subir"- porque en el momento de la grabación vivía las veinticuatro horas bajo la atención de varios cuidadores. Ellos debían evaluar los riesgos de cualquier salida que quisiera llevar a cabo y acompañarle en caso de autorizarla.

Meses antes le habían retiraron la supervisión

Pero también ahora se ha sabido que, a pesar de haber expresado sus planes meses antes, desde la primavera de 2019 Bravery tenía permiso para realizar salidas sin supervisión. También que esa no fue la única vez que habló de herir a alguien y que cuando ocurrieron los hechos en la Tate ya había sido acusado de un ataque racial.

Uno de los cuidadores sostiene que puso a sus superiores al corriente de la situación y destaca que le pareció "extraño" cuando vio que "no se tomaron muchas precauciones atendiendo a lo grave que podía acabar siendo el asunto".

Los máximos responsables del organismo encargado de la atención a Bravery no niegan que se le retirara la supervisión pero sí que se les hubiera informado de las intenciones de éste.

Debate en Reino Unido

La grabación que ha visto la luz ahora ha abierto el debate en Reino Unido sobre la atención, el cuidado y la supervisión que están prestando los organismos públicos a los pacientes con problemas de salud mental.

Algunos, como el experto Sir Stephen Bubb, a quien cita la BBC, sostienen que el cierre de hospitales de larga estancia que la administración consideraba costosos ha desencadenado problemas a la hora de encontrar instalaciones adecuadas y personal suficiente para atender a estos pacientes y hacer frente a situaciones como la de Bravery.

El niño sigue recuperándose

El pequeño, de nacionalidad francesa y que se encontraba de vacaciones con sus padres en Londres cuando ocurrieron los hechos, sigue recuperándose seis meses después de las múltiples heridas que sufrió.

En su último comunicado, hecho público hace dos semanas, la familia revelaba que había comenzado a mover las extremidades y a pronunciar algunas sílabas. Confiaban en que muy pronto pudiera ser capaz de beber aunque fuera con la ayuda de una pajita.