Manual para un boicot: así funcionan las campañas contra las empresas que apoyan a Israel
La violencia contra civiles en Cisjordania y la Franja de Gaza y la tibia respuesta de los países occidentales han llevado a muchos ciudadanos a sumarse a las iniciativas de boicot contra Israel como las promovidas por el movimiento BDS

Madrid-
En los últimos meses han circulado por redes sociales varios listados de empresas y marcas que, según informan, se lucran del apartheid de los palestinos, la colonización de sus tierras y del genocidio en curso en la Franja de Gaza. La mayoría de ellos cuentan con el sello del BDS, es decir, del Movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel.
Desde 2005, este colectivo hace gala de su nombre promoviendo campañas de boicot contra las empresas, entidades políticas, deportivas y culturales que consideran cómplices del régimen israelí. Sus informes más recientes sugieren que el impacto de estas acciones ha aumentado significativamente en los últimos años.
El objetivo son las empresas que desarrollan su actividad en los territorios palestinos ocupados o las que hacen posible la ocupación
Pero ¿cómo determinan hacia qué entidades dirigir sus campañas? Principalmente se centran en empresas, israelíes o no, que desarrollen parte de su actividad en los territorios palestinos que Israel ocupa ilegalmente, lucrándose así de la colonización. Asimismo, denuncian a quienes hacen posible que dicha ocupación sea posible.
Según el sitio web del movimiento, saber qué empresas cumplen con estos requisitos requiere de una investigación "precisa y convincente" que así lo demuestre. Además, antes de iniciar una campaña, el BDS tiene en cuenta la interseccionalidad de la empresa –por ejemplo, si abarca varios nichos de mercado–, el atractivo mediático de la marca y, por último, el potencial de éxito que pueda tener el boicot.
Una empresa que suma varios de estos requisitos es la estadounidense Caterpillar (CAT), que fabrica algunos de los bulldozers que Israel utiliza para destruir los hogares, pozos, granjas y escuelas palestinas, entre otras infraestructuras civiles. Algunas de ellas, incluso, estaban financiadas por la UE. Sobre sus escombros, el Ejecutivo de turno construye campos de entrenamiento militar para las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) o permite los asentamientos ilegales de colonos.
La colonización y el apartheid también cuenta con un sofisticado sistema de vigilancia y control de la población palestina que depende de muchas empresas para su funcionamiento. Entre ellas se encuentra Hewlett Packard, más conocida por sus siglas HP. La entidad es una de las más señaladas por el BDS debido a que proporciona hardware y software para drones inteligentes, alambradas, sistemas de reconocimiento facial u otras infraestructuras que Tel Aviv califica de "defensa".
Es importante recordar que, además de los territorios palestinos, Israel también permanece de forma ilegal en parte de Siria. En concreto, en unos 1.200 km² de los Altos del Golán. De hecho, fue en los asentamientos israelíes de este territorio donde nació uno de los ministros más extremistas del actual Gobierno israelí: el etnonacionalista Bazalel Smotrich (Sionismo Religioso), impulsor de la anexión de Gaza y contrario la presencia de los árabes en su propio territorio.
Desde la ocupación del territorio sirio en 1967, varias empresas han desarrollado su actividad allí. El BDS ha puesto el foco especialmente en una de ellas: Mey Eden, la marca detrás de la compañía Eden Springs Ltd, que embotella el agua mineral extraída del territorio usurpado y la exporta al resto del mundo.
Objetivo: desnormalizar el colonialismo
Los Altos del Golán, al igual que aproximadamente el 50% de la Cisjordania que actualmente Israel considera suya, fueron señalados por la resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU como territorios ocupados ilegalmente. Aquel documento, discutido y publicado en 1967, también exigía a Israel que se retirase de todos ellos. Desde entonces, este mantra se ha incluido en otras resoluciones del mismo organismo, como la 446/1979 o la 2334/2016.
Pero Israel nunca desmanteló sus asentamientos en estos territorios. Por el contrario, ha permitido que los colonos avancen, de facto, en la anexión de cada vez más tierras palestinas, lo que ha obligado a la población autóctona a desplazarse. Durante el tiempo que Tel Aviv ha despreciado las resoluciones de la ONU, la UE y otras potencias del norte global han cerrado con ella acuerdos comerciales y políticos.
El BDS se creó entonces para hacer lo que los estados no estaban haciendo, confirma a este periódico Patricia Lezama, activista del BDZ Vizcaya –por sus siglas en euskera–. Esto es: presionar a Israel para que cumpla con los mandatos de la ONU, con los de la Corte Internacional de Justicia (CIJ)–que insta a los Estados a tomar medidas para prevenir el genocidio en Gaza y declara ilegales los asentamientos en tierras palestinas–, así como el derecho humanitario. Por todo ello, Lezama asegura que el BDS "es un movimiento por la justicia".
El BDS presiona a Israel para que cumpla con los mandatos de la ONU, las sentencias del CIJ y respete derecho humanitario
El reto que se proponen no es menor, ya que Israel cuenta con una amplia legitimidad. No en vano, continúa siendo calificado por el Norte Global como "la única democracia de Oriente Medio". Por eso, el objetivo principal del BDS es, en palabras de Lezama, "des-normalizar un Estado genocida cuyo objetivo es eliminar a la población nativa [palestina]".
Cómo hacer un boicot
Para el BDS, "todo lo que venga de Israel es propaganda para sustentar su imagen normalizadora y democrática", afirma Patricia Lezama. Ahora bien, enfrentar la totalidad de la actividad empresarial y cultural israelí parece una tarea imposible. Por ello, el movimiento lleva a cabo lo que se conoce como boicot estratégico. Según recoge en su página web, este método "históricamente exitoso" está "inspirado en el movimiento sudafricano del apartheid, el movimiento estadounidense por los derechos civiles y las luchas anticoloniales indias e irlandesas".
Llevada a la práctica, consiste en reducir el foco de los objetivos y centrarse en un número limitado de empresas y productos "para lograr el máximo impacto". ¿Y cómo se seleccionan estas compañías? Según su sitio web, de nuevo, priorizando aquellas que tienen un alto grado de complicidad con en el aparatheid y el genocidio, las que sean más relevantes en términos de marca y las que tienen mayor posibilidad de boicotear.
Todo ello depende no sólo de la empresa, sino también del territorio en el que se lance la campaña. En este sentido, el BDS se rige por el principio de autonomía. Así, por ejemplo, el BDZ de Vizcaya, en el que participa Patricia Lezama, lleva meses dirigiendo sus esfuerzos contra Metro Bilbao "por comprar servicios de seguridad a una empresa israelí".
Se trata de la empresa I-SEC Aviation Security S.L y según explicaron colectivos propalestinos a Naiz, fue creada en 1982 "por varios ex miembros del Servicio General de Seguridad de Israel, el Shin Bet, y agentes de seguridad de la compañía Israel Airlines". Su director general es Rom Shaked, quien "fue jefe del Grupo de Analistas de Inteligencia en la Unidad 8200 de Inteligencia Militar, la mayor de las FDI".
El BDZ aseguró que, "al tratarse de una empresa creada por miembros del Ejército y de los Servicios de Inteligencia de Israel" era "innegable su implicación directa en los ataques militares israelíes en Gaza y en toda Palestina".
Este ejemplo muestra como las campañas de boicot tienden a adaptarse a cada territorio según la idiosincrasia del mismo. Pese a la autonomía de sus nodos territoriales el BDS cuenta con varios órganos de coordinación. Uno, a nivel regional, organizan los diferentes colectivos de un territorio. Otro, nivel internacional.
Aquí, el máximo organismo de discusión es el Comité Nacional del BDS, cuyas siglas son BCN. Los participantes en este organismo son, en su mayoría, palestinos. Patricia Lezama lo describe como "la mayor coalición de la sociedad civil palestina" fuera de sus territorios. La activista subraya la importancia de que el movimiento "fuera creado por los palestinos" y que "sean ellos quienes lo lideren".
Objetivos prioritarios vs. orgánicos
Para permitir la adaptabilidad de los objetivos del BDS a cada territorio, el BDS diferencia entre los objetivos prioritarios y los orgánicos. Los primeros son las empresas y marcas con un "historial de complicidad con el apartheid", muy conocidas y "fácilmente boicoteables por la gente de a pie", ha explicado a este periódico Héctor Grad Fuchsel, portavoz de la Red de Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP).
Una cuestión básica para que el boicot funcione es que los productos objetivos puedan ser sustituídos por otros. Pone como ejemplo el banco Santander, señalado en redes sociales por invertir en empresas armamentísticas que podrían estar teniendo un papel fundamental en la intervención militar de Gaza.
Grad, que además es profesor de la Universidad Complutense de Madrid señala que, debido a los recortes en educación que está llevando a cabo la administración autonómica, los estudiantes dependen más que nunca de la financiación de este banco para, por ejemplo, "viajar al extranjero para estudiar".
Además, "prácticamente todas las entidades bancarias tienen acciones en empresas de armamento". Por tanto, esgrime el activista, dado que no existe alternativa al Santander en el contexto universitario, la entidad no sería un objetivo "fácilmente boicoteable" y, por tanto, no se encuentra entre los prioritarios.
Las diferencias entre objetivos prioritarios y orgánicos ayuda a no perderse en los listados de boicot
Ahora bien, el banco puede considerarse un objetivo orgánico. Estos son definidos por el BDS como aquellos que no cumplen con los requisitos para ser "fácilmente boicoteables" pero que pueden resultar relevantes y asequibles en determinados territorios en los que existe un colectivo del BDS, como es el caso de la seguridad del Metro de Bilbao. Estos objetivos orgánicos cuéntan con el apoyo de la campaña internacional del BNC.
Esta diferenciación permite, según Grad, que las personas se enfoquen en boicotear a las empresas que resulten más útiles para presionar a Israel, evitando así perderse en los "interminables listados de marcas que aparecen por redes". Y, por el momento, parece que esta estrategia está funcionando.
Una carrera de fondo
En el informe sobre el impacto del BDS entre julio y diciembre de 2024 se afirma que las campañas de boicot, desinversiones y sanciones han ganado gran popularidad en todo el mundo, gracias a la cuál han comenzado "a influenciar las políticas de algunos Estados".
El informe recoge varios ejemplos como la votación de la Asamblea General de la ONU, en la que se aprobó una resolución que pedía a los Estados imponer sanciones a Israel por primera vez en 42 años o la retirada de la invitación de este Estado a la ceremonia del Nobel en Estocolmo (Suecia).
En lo que respecta a las empresas cómplices del apartheid y del genocidio, el BDS se hace eco de la noticia del Gobierno de Colombia de sustituir sus aviones militares por otros que no procedan de fabricación israelí.
Asimismo, un condado de California (EEUU) decidió dejar de invertir en la empresa de bulldozers Caterpillar, foco de varias campañas del BDS. Además, otros condados de diferentes estados de EEUU asumieron el compromiso de no invertir en empresas cómplices del apartheid o del genocidio, como entidades financieras o armamentísticas.
El BCN reconoce en su informe que estos avances también influenciados por muchos otros factores más allá de sus acciones políticas. Sin embargo, consideran que el movimiento ha tenido "un papel inequívoco en su consecución". Una reflexión que es compartida por Patricia Lezama, quien define este activismo como "una carrera de fondo" en la que "ha habido mucho trabajo de sensibilización, de trabajo en red y de salir a la calle para hablar de boicot cuando esa palabra todavía chirriaba". Ahora, confía, "ese trabajo de pedagogía está dando sus frutos".




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