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Las mujeres reclaman su lugar en las calles de Londres

Sólo 126 (un 14%) de las 900 placas en edificios de la ciudad recordando a grandes personalidades británicas están dedicadas a mujeres. En toda Gran Bretaña se imponen los hombres. Ahora una campaña quiere reconocer el lugar de las “heroínas femeninas no reconocidas”, pero también en estoy hay quien no está de acuerdo.

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Una placa azul conmemorativa de Virginia Woolf (1882 - 1941) en una pared de Londres, Reino Unido.

Un paseo por la exclusiva zona de St. James, en el centro de Londres, y una placa azul en un edificio nos indica que desde aquí salió Chopin para dar su último concierto. Al este de la ciudad, otra recuerda dónde vivió de niño Jack Cohen, el fundador de los supermercados Tesco y en el 126 de Picadilly Street hay una tercera placa en memoria de Nipper, el perro que sirvió de inspiración para el logo de las tiendas HMV.

Por supuesto, Dickens también tiene la suya en Londres pero si salimos de la ciudad encontraremos más de 50 con su nombre. Otra recuerda el lugar donde Tolkien durmió dos noches. La paloma Mary, que llevaba en su cuello mensajes a Francia durante la segunda Guerra Mundial, tiene la suya en Exeter e incluso hay una en la ciudad de Norwich destacando que The Beatles hicieron cola una vez frente a ese edificio para tomarse unos Fish and Chips.

Y mientras tanto, la tenista Charlotte Cooper —primera mujer en ganar una medalla olímpica y cinco veces el torneo de Wimbledon—, la espía Gertrude Bell, la bailarina Isadora Duncan o la actriz Judy Garland siguen esperando este reconocimiento.

Ellas son sólo algunas de las centenares de mujeres olvidadas que ahora Patrimonio Inglés quiere recordar. Justo este año, que se cumple un siglo desde que las mujeres accedieron al voto —la sufragista Emmeline Pankurst y sus hijas Christabel y Sylvia por fin han conseguido su placa—, se ha puesto en marcha una campaña pidiendo el apoyo de los ciudadanos  porque, como explica Anna Eavis, su directora: "El sistema se basa en nominaciones públicas y por eso necesitamos que ellos nos envíen sus sugerencias".

Desde 1866 las placas azules sirven no sólo para recordar a grandes personalidades, también como guía para recorrer esos lugares de Londres que permanecen tal y como estaban cuando sus laureados vecinos residían allí. Porque una de las condiciones para colocarlas es que el homenajeado lleve al menos 20 años muerto pero también que el edificio se mantenga de tal manera que si él o ella estuviera ahora aquí, lo pudiera reconocer. Como el edificio de Bloomsbury donde vivió Virginia Woolf o la vivienda de Belgravia donde Mozart compuso su primera sinfonía.

"Si la gente quiere conocer nuestra historia de Londres, puede ir y quedarse un minuto fuera y mirar una casa donde sabe que esa persona ha vivido. Creo que eso es maravilloso", dice la actriz Judi Dench, que se ha convertido en la cara de la campaña para promover que se coloquen más placas de mujeres: "Hasta ahora, se ha honrado a algunas mujeres brillantes como Florence Nightingale y Ava Gardner, pero hay muchas, muchas más heroínas femeninas desconocidas que merecen reconocimiento". De ahí su llamamiento a todos los londinenses: "Nomina a las mujeres que admiras, a las que hicieron grandes y notables cosas a lo largo de la historia y a las que no fueron silenciosas. La herencia inglesa necesita tu ayuda".

La actriz británica Judi Dench descubre una placa azul en recuerdo del actor y director teatral Sir John Gielgud en Londres, en abril de 2017. AFP/ Niklas Hallen

La primera placa dedicada a una mujer fue a la actriz Sarah Siddons pero para verla tuvieron que pasar diez años desde que se había colocado la primera dedicada a un hombre. Entonces ellos dominaban la vida pública y las mujeres aún no podían votar, ni ejercer muchas profesiones y ni siquiera podían sacarse un título universitario. Pero ahora todo eso ha cambiado y el objetivo es que las placas azules lo reflejen. "El predominio de las placas en los hombres refleja una ceguera histórica tanto del papel que las mujeres han desempeñado en nuestra sociedad como del tipo de roles que se consideran dignos de celebración", considera Eavis.

Porque en los primeros 40 años de vida de las denominadas blue plaques sólo se dedicaron cinco a mujeres. Y todavía hubo que esperar más para poder ver las de Ada Lovelace —pionera de la computación—, Rosalind Franklin —científica que ayudó a descubrir el ADN—, o Nancy Astor —la primera mujer que se sentó en el parlamento—. Con el compromiso de poner fin a esta rotunda injusticia han surgido también fundaciones como la Blue Plaque Rebellion,  que recogen la historia de mujeres que merecen estar entre las próximas elegidas con el objetivo de que la gente las conozca y pueda nominarlas.

Aunque como en todo, también en esto hay quien está en contra. Es el caso de Mike Read, el exlocutor de radio que ahora ejerce de jefe del Consorcio Británico de Placas, responsable de la supervisión de las que se colocan fuera de Londres. Acusa a Patrimonio Inglés y a su campaña en favor de las placas de mujeres de "populista": "Si bien todos somos iguales, no tiene sentido reescribir la historia para provocar una repentina erupción de placas dedicadas a las mujeres. Esto se equilibrará de forma natural y gradual a medida que un número cada vez mayor de mujeres asuma roles importantes y tenga más oportunidades en todos los sentidos".

Casualidad o no, las últimas placas colocadas en Londres corresponden a mujeres. El pasado día 6 de diciembre se descubrió la dedicada a la botánica Agnes Arber en Primrose Hill. Días antes, otra a Daphne Steele, la primera matrona negra que llegó a Reino Unido desde Guyana en los años 50 como parte del grupo de enfermeras que vinieron del Caribe para crear el NHS, el servicio nacional de salud británico. Y en noviembre se descubrió otra en la casa donde pasó su infancia la actriz Margaret Lockwood, la protagonista de Alarma en el Expreso, de Alfred Hitchcock; quien, por supuesto, también tiene la suya en la vivienda de South Kensington que fue su residencia entre 1926 y 1939.

Y aunque ahora se produjera una oleada de nominaciones de nombres femeninos, desde Patrimonio Inglés recuerdan que a veces se ven obligados a rechazar algunas de las nominaciones —de media, rechazan tres nombres por cada placa que colocan— porque ademas de llevar dos décadas muerto y que el edificio se mantenga reconocible, hay que cumplir otros requisitos: que la persona haya hecho una gran y perdurable contribución a la sociedad, que si alguna petición ha sido rechaza anteriormente hayan pasado diez años para volver a considerar ese nombre o que no puede haber más de dos placas por edificio.

Sólo 18 viviendas tienen dos placas, porque incluso en una ciudad tan grande como Londres puede darse el caso de que dos personalidades compartieran edificio o fueran vecinos en el mismo momento o en épocas distintas, como ocurre con Sigmund Freud y Anna Freud, Virginia Woolf y George Bernard Shaw o Jimmy Hendrix y Handel.

Sean de hombres o de mujeres, para no perderse ninguna, en la web de Blue Plaque hay un buscador y en su App, un mapa donde poder localizarlas todas.