El programa de acogida temporal de menores saharauis cae de 11.000 a 3.000 plazas en una década
El número de familias españolas que participan en el programa Vacaciones en Paz se ha reducido un 70% en los últimos diez años.
Los expertos consultados por 'Público' señalan como principales causas la crisis económica de 2008, la pandemia de covid y la paulatina desvinculación de los gobiernos españoles de la causa saharaui.

Madrid--Actualizado a
Bashir chapurrea el español, al igual que su hija mayor, Adala. La joven de 22 años aprendió en el verano de 2016, cuando viajó a España en el marco del programa Vacaciones en Paz, que desde los ochenta organiza acogidas temporales de niños saharauis que residen en los campamentos de refugiados de Argelia a causa de la ocupación ilegal de Marruecos del Sáhara Occidental. Bashir afirma que Adala es la última de sus hijos que disfrutó de este programa. "Él no podrá ir", enuncia señalando a su hijo menor, de tan solo 3 años, que corretea por la alfombra de la jaima, ajeno a la conversación que se tiene a su alrededor.
La razón es que, año tras año, se reducen las plazas que las comunidades autónomas ofertan en este programa de acogida. O lo que es lo mismo: cada vez son menos las familias españolas que acogen a menores saharauis durante la época estival. Si en la primera década de los dos mil las familias españolas acogían cada verano a unos 11.000 niños y niñas saharauis, en la segunda década esta cifra ha descendido hasta los 3.000, aproximadamente, según los datos aportados por varios representantes del Ministerio de Juventud y Deportes de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Esto supone, aproximadamente, la desaparición del 70% de las plazas de Vacaciones en Paz que se ofertan en España. En el verano de 2026, los hogares españoles han acogido a 2.800 niños, confirman desde la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Madrid.
Las razones de este fenómeno son generacionales y económicas, señala Mohamed Said Dadi viceministro de Juventud y Deporte de la RASD. Desde su despacho en el campamento de Rabuni (Argelia), explica que "desde los años noventa hasta aproximadamente 2005, las familias [españolas] que participaban en el programa eran, en su mayoría, gente mayor solidaria con el Sáhara Occidental". Con el paso del tiempo, estas personas han envejecido y se han visto obligadas a reorganizar sus prioridades sin que exista un relevo generacional.
Para Amparo Lerma, presidenta de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Madrid, en el pasado la cuestión saharaui estaba "mucho más presente en los medios de comunicación y en la sociedad", lo que promovía "un conocimiento mayor" de la causa. "Muchas personas tenían algún vínculo" con ella, que sin embargo no parecen haber heredado las generaciones siguientes. No es fácil comprobar esta afirmación, ya que ni el CIS ni otras entidades sociológicas españolas han publicado estudios sobre la evolución del apoyo social a la causa saharaui.
Lo que sí es verificable es el desentendimiento de los diferentes gobiernos de la democracia española con el proyecto de autodeterminación de su antigua provincia. La muestra más evidente de este abandono se produjo en 2022, cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (PSOE), comunicó al rey alauita, Mohamed VI, en una misiva que consideraba "la propuesta marroquí de autonomía presentada en 2007 como la base más seria, creíble y realista para la resolución de este diferendo".
El segundo factor que, según Mohamed Said Dadi, influyó en la reducción de las plazas de acogida, fue la explosión de la burbuja inmobiliaria en 2008. El colapso financiero dio lugar a una crisis económica que hundió el PIB —en 2009 se situó en el -3,8%— y golpeó especialmente a las clases medias y bajas españolas. Aquello "tuvo un efecto directo en las familias", explica a Público Amparo Lerma.
El crack financiero de 2008 asentó ciertas dinámicas en la economía española, que pese haber dado notables signos de recuperación, no ha devuelto a los jóvenes adultos y ni a las familias a las condiciones de vida previas a la crisis. Según los datos del INE y Eurostat, el porcentaje de población en riesgo de pobreza es dos puntos porcentuales más alto en 2025 que en 2008, mientras que la edad media de emancipación ha ascendido por encima de los 30 años (30,2 años).
El factor económico es especialmente relevante si se tiene en cuenta que son las familias de acogida las que asumen la mayor parte de los gastos asociados a la estancia de los niños y niñas en España. El nivel de carga que asumen las familias depende de las subvenciones aprobadas por las administraciones públicas. En el caso de las familias de acogida residentes en Madrid, Lerma explica que el Ayuntamiento pone su disposición una ayuda que cubre los gastos de los billetes de avión y de los seguros sanitarios de los menores. De esta forma, explica la también coordinadora de Vacaciones en Paz en la asociación madrileña, las familias que viven en la capital solo corren con los gastos de manutención y ropa.
Amparo Lerma: "Las circunstancias [de las familias de acogida] han cambiado, pero las de los menores saharauis no"
Sin embargo, fue la pandemia de la covid-19 de 2020 la que asestó un golpe "radical" a Vacaciones en Paz. Ya "no es que hubiera menos familias, es que directamente se cerró el programa durante dos años", evidencia Lerma. La suspensión de las acogidas rompió "una dinámica que llevaba mucho tiempo funcionando". Cuando en 2022 se retomó el programa, se pasó de 5.000 plazas a unas 3.000. "Familias que antes acogían dejaron de hacerlo" y quienes iban a ser acogidos no pudieron abandonar los campamentos, de manera que "hubo una generación de niños que no pudo venir a España".
Contra el goteo de pérdidas de familias, la red de asociaciones de solidaridad con los saharauis de todo el Estado llevan a cabo cada año una campaña de comunicación a través de redes y medios de comunicación, con el objetivo de localizar a nuevas familias que deseen sumarse al programa. La tarea no es fácil, asume Lerma, pero sí "necesaria": "Las circunstancias [de los españoles] han cambiado, pero la realidad de los niños y niñas saharauis no".
Los menores continúan necesitando salir del desierto y de las durísimas condiciones climáticas que supone en verano, cuando las temperaturas alcanzan los 50 grados. "Siguen necesitando nuestra solidaridad y, de una vez por todas, de la comunidad internacional y del Gobierno de España para que por fin haya un referéndum de autodeterminación que les permita recuperar sus tierras". En resumen, concluye Amparo Lerma, "nos siguen necesitando."
Origen y gestión de Vacaciones en Paz
Tal y como recoge CEA-Sáhara, la Coordinadora estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara, los orígenes de Vacaciones en Paz se remontan a 1976, un año después de que Marruecos ocupara ilegalmente la antigua colonia española. Aquel verano se organizaron unas colonias infantiles en las costas de Argelia para los niños y niñas saharauis que habían sido desplazados desierto adentro con la Marcha Verde.
Durante ese tiempo, podían alejarse de la guerra que desató aquella ocupación, y que debía durar hasta 1991, cuando se firmó el primer armisticio entre las partes -y que volvió a reanudarse en 2020-. En 1979, el movimiento de solidaridad con los saharauis organiza la acogida de los primeros 100 menores en España, sentando el primer precedente de Vacaciones en Paz, que se iría consolidando y ampliando año tras año, especialmente a mediados de los ochenta, confirma Amparo Lerma a este periódico.
Actualmente, la coordinación del programa depende, del lado saharaui, de la Dirección Central de Vacaciones en Paz, adscrito al Ministerio de Juventud y Deportes de las RASD. Este organismo es el encargado recopilar la información de los niños cuyos padres o tutores quieran acogerse al programa. La parte española queda en manos de las asociaciones en solidaridad del pueblo saharaui repartidas por todo el Estado. Ellas son las que criban a las familias que desean entrar al programa en torno a criterios básicos -que incluyen no tener antecedentes penales ni sexuales- y posteriormente las asesoran y acompañan.
También el Gobierno español cumple con un papel fundamental en el programa al aprobar en Consejo de Ministros, cada año, una regulación específica que permite conceder a los menores saharauis un permiso de residencia temporal de 91 días para que puedan viaja de Argelia a España. Cuando este periodo acaba, los menores deben volver con sus familias en los campamentos de refugiados en Argelia.
El proceso de selección de los niños que acuden cada año a España se hace en base a dos criterios. El principal es por año de nacimiento. Cada año entra en el programa una nueva generación de menores saharauis. Tal y como explica Alien Abdullah a este periódico, el verano de 2026 debía haber sido el primero para aquellos nacidos en 2016, pero no fue posible. "Mandamos solo a los de 2015. Realmente los de 2016 tienen derecho a ir, pero como no hay familias [de acogida], pues no se puede", abunda el director de Cooperación del Ministerio de Sanidad saharaui.
Las familias que acogen a niños con 8 años normalmente repiten cada verano hasta que el menor sale del programa, con 12 años. Si hay familias nuevas que se adhieren al programa, las asociaciones informan al delegado del Frente Polisario de la comunidad autónoma y este, a su vez, informa a la Dirección Central de Vacaciones en Paz del total de plazas nuevas disponibles. En otras ocasiones, las familias "reclaman" a determinados niños, "porque ya lo conocen o es familiar de otro niño al que han acogido en otro momento".
El engranaje del programa
Mahfud Dadah tiene 38 años y guarda un grato recuerdo de los tres veranos que pasó en Badajoz junto a su "familia española", así como de los otros dos que estuvo en Alacant. Durante aquellas estancias aprendió español, idioma que todavía habla con fluidez y con un marcado acento extremeño. Atiende a Público en la Dirección Central de Vacaciones en Paz, ubicada en las inmediaciones del Ministerio de Juventud y Deportes, en Rabuni. Sin embargo, no fue aquella experiencia la que le llevó a trabajar como técnico en dicha oficina, sino la falta de oportunidades en el sector de la ingeniería, en el que se formó, en los campamentos de refugiados.
Su relato se detiene cuando una mujer saharaui entra en las oficinas para consultar si su hijo podrá acudir a España en el verano de 2026. Tras consultar su ordenador, Mahfud Dadah explica en hassanía -dialecto árabe que hablan los saharauis- a su interlocutora que, de momento, no ha quedado ninguna plaza libre. Como explica posteriormente a este periódico, esta es la respuesta más habitual que reciben quienes acuden a hacerle una consulta similar.
No siempre fue así, explica mientras se adentra en uno de los oscuros pasillos que surcan la Dirección General de Vacaciones en Paz. La penumbra es consecuencia de la arquitectura del desierto: todas las construcciones tienen las ventanas estrechas que permanecen casi siempre cerradas para impedir el paso de la arena y del calor a las estancias. A la derecha y a la izquierda de la estancia del pasillo por el que avanza Mahfud Dadah están las habitaciones-archivos de los lugares en los que son acogidos los niños y niñas saharauis cada verano.
En total, son cinco puertas. La primera da al Sector 1, donde se guardan los registros de quienes han acudido a alguna de las ocho provincias andaluzas. El Sector 2 contiene los de de quienes han visitado las comunidades autónomas de Aragón, Cantabria, Castilla y León, Galicia, Madrid y el País Valencià. El Sector 3, a Castilla la Mancha, Navarra, Euskadi y Principado de Asturias, mientras que el contiene la información de los niños y familias de acogida de Canarias, Catalunya, Illes Balears, Extremadura, La Rioja y la Región de Murcia. Por último, el Sector 5 guarda información de las acogidas en otros países, como Italia, Francia, Alemania, Bélgica, Austria, Reino Unido e, incluso, EEUU.
La cantidad de menores que acoge cada comunidad depende de su tamaño, explica a Público Amparo Lerma. "No hay ninguna que acoja más o en la que hayan bajado más las acogidas que en otras", detalla. "El descenso es generalizado", concluye.








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