Rusia acelera su ofensiva en Ucrania y desoye el ultimátum de Trump
Tras el último fracaso negociador con Ucrania, Rusia rehúsa anteponer la diplomacia a la vía militar y desata la frustración de Trump, que acorta su ultimátum a Moscú.

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El tiempo para encontrar una salida negociada a la guerra de Ucrania se agota. Los renovados ataques lanzados este martes por el Ejército ruso en Zaporiyia y Dnipropetrovsk, con más de veinte civiles muertos, reafirman la intención del Kremlin de ampliar su geografía bélica, aprovechando que las armas occidentales no acaban de tener un impacto decisivo en la contienda. Frustrado por su incapacidad para obligar a Rusia a parar el conflicto, el presidente estadounidense, Donald Trump, lanza a Moscú un nuevo ultimátum de entre diez y doce días para que detenga los combates o pena de graves sanciones. La respuesta rusa es inquietante: tales amenazas son un "paso" hacia la guerra.
Después de reunirse este lunes con el primer ministro británico, Keir Starmer, uno de los líderes europeos que más se han destacado por su respaldo a Ucrania y su apuesta por las armas como única salida a la invasión de ese país por Rusia, Trump dio un nuevo impulso a su creciente presión sobre Moscú, aún a sabiendas de que al Kremlin cada día le importa menos lo que dice la Casa Blanca.
A la par que crece la frustración de Trump con la decisión de Rusia de seguir sus propios objetivos en Ucrania (mediante una guerra que el líder estadounidense quiere finiquitada para cómodamente explotar los recursos minerales ucranianos, según el pacto arrancado a Kiev), Moscú aumenta su desdén hacia un mandatario que cambia el paso a la mínima y, si un día es tu amigo, al día siguiente puede ser tu peor contrincante.
Moscú ha seguido con mucha atención el reciente acuerdo de la Unión Europea con Trump para la imposición de aranceles del 15%, además de multimillonarias inversiones en la economía estadounidense. Para el Kremlin la situación es evidente: Trump no es de fiar y no tiene amigos, solo socios momentáneos. Su único interés es el beneficio de su país (y el personal) y para ello está dispuesto a exprimir al resto del planeta.
El nuevo ultimátum de Trump
Hace unos días Trump amenazó con fuertes sanciones secundarias a los países que comercian con la Federación Rusa y le dio al presidente ruso, Vladímir Putin, un plazo de cincuenta días para aceptar un alto el fuego en Ucrania. En la noche de este lunes, ante la falta de respuesta de Moscú, Trump redujo ese plazo de casi dos meses a un periodo de "entre diez y doce días" para que Rusia se pliegue a aceptar un acuerdo de paz para el que no hay ni un solo punto de coincidencia con Ucrania.
Así, tras la reunión del lunes con Starmer, el presidente estadounidense dio el nuevo bandazo en sus amenazas a Rusia: "No hay razón para esperar. No se está viendo ningún progreso" para alcanzar algún tipo de acuerdo pacífico.
La tercera reunión entre Rusia y Ucrania celebrada la semana pasada para encontrar una salida pacífica a la guerra que enfrenta a los dos países desde febrero de 2022 se saldó con un nuevo fracaso en la ciudad turca de Estambul. Se impuso de nuevo la profunda brecha entre las posiciones, que oscilan entre la demanda ucraniana de la retirada total rusa de la quinta parte de su superficie ocupada y anexionada por Rusia, y la exigencia de Moscú de que sea Kiev quien ceda más territorio añadido al ya conquistado.
Pero sobre todo, la reunión de Estambul evidenció la incapacidad de Estados Unidos para mediar entre los dos países en guerra y el callejón sin salida en el que se encuentra Trump, cuya palabra ya vale muy poco en este conflicto. De ahí su apuesta por los ultimátums.
El problema para Trump es que en este caso no está negociando con la UE, a la que puede presionar y chantajear, sino con un hueso más duro de roer que considera a EEUU su igual y que ve en la guerra de Ucrania una circunstancia en la que la propia Rusia se juega su supervivencia, no un simple conflicto del que sacar beneficios materiales.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mostró inmediatamente su regocijo ante el anuncio de Trump de que intentará apretarle más las tuercas a Rusia con el citado ultimátum. Según el líder ucraniano, muy dado a los halagos para atraer respaldo a su causa, la "postura clara" de Trump llega "justo a tiempo, cuando puede cambiar mucho gracias a la fuerza en pos de una paz real".
Pero casi todo el mundo duda de que esas medidas "de fuerza", como dice Zelenski, basadas en sanciones secundarias a países que compran petróleo y gas de Rusia a precios muy bajos vayan a ser efectivas. Al fin y al cabo, esos aranceles del 100% son una declaración de guerra no tanto a Rusia como a países como China e India.
La reacción rusa a la decepción de Trump con Putin
"Estoy decepcionado con Putin", es la frase que más repite ahora Trump sobre quien fuera uno de sus más admirados mandatarios y con quien parecía que estaba dispuesto a formar un equilibrio de superpotencias que, de momento, ha dejado de lado. No parece, sin embargo, que sea el motivo de la decepción de Trump que Moscú continúe la guerra de Ucrania o la muerte de civiles bajo las bombas rusas. Trump sigue respaldando al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, con el mismo entusiasmo que le dedicaba antes de llegar al poder en enero y a pesar del genocidio de la población palestina de Gaza, con cerca de 60.000 asesinados desde octubre de 2023, o del uso del hambre como arma de guerra.
Por eso, no son extrañas las reacciones del Kremlin ante los golpes de timón que da Trump a la política exterior de la Casa Blanca y que han convertido la estrategia diplomática estadounidense en una mezcla de temor y desconcierto ante sus exabruptos en todo el planeta.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, señaló este martes que la Federación Rusa "toma nota de las declaraciones realizadas la víspera por el presidente Trump", pero, subrayó, "la operación militar especial continúa". Aunque desde que está Trump en el poder, Moscú evita los descalificativos denigrantes contra el presidente estadounidense (al contrario que éste), no por eso elude la firmeza en sus comunicados. El mensaje de Peskov fue transparente: Trump en estos momentos no está en disposición alguna para detener la ofensiva del Kremlin, salvo que acepte el cumplimiento de los objetivos rusos en esa "operación militar especial", que es como Moscú denomina a la invasión lanzada en Ucrania el 24 de febrero de 2022.
Peskov se permitió, eso sí, cierta ironía al comentar las relaciones entre EEUU y Rusia, que vivieron un momento de exaltación al llegar Trump al poder y que ahora han perdido todo ese vigor y viven un contexto de amenazas y desprecios. "Observamos cierta relajación, de hecho. El proceso de normalización de las relaciones avanza, por así decirlo, ni bien ni mal", explicó Peskov.
"Un paso hacia la guerra"
No tan amable fue el expresidente ruso y segundo responsable del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvedev, uno de los halcones del Kremlin, que normalmente deja caer sus amenazas sin tapujos para equilibrar las reacciones de los portavoces del círculo interior de Putin, como Peskov, que juegan un papel más moderado.
"Trump está jugando al juego de los ultimátum con Rusia: 50 o 10 días…Y debería recordar dos cosas. 1. Rusia no es ni Israel ni incluso Irán. 2. Cada nuevo ultimátum es un paso hacia la guerra. No entre Rusia y Ucrania, sino con su propio país", advirtió Medvédev en su cuenta de X.
Rusia no tiene mucho en cuenta los exabruptos de Trump, pero ya ha advertido contra las manifestaciones de algunos de los pretorianos del presidente estadounidense que han apostado por dar pasos más agresivos contra Moscú.
El 18 de julio, el Kremlin condenó las declaraciones de un general estadounidense que destacó las posibilidades que tendría la OTAN de apoderarse del enclave ruso de Kaliningrado, entre Polonia y Lituania. Kaliningrado, la antigua Königsberg alemana, es uno de los territorios claves de la defensa occidental de la Federación Rusa y el general estadounidense Christopher Donahue, comandante del Ejército de EEUU para Europa y África, aseguró que la OTAN podría tomar el enclave "desde el terreno en un plazo de tiempo inaudito". Y añadió: "ya lo hemos planeado y desarrollado". Sobre el papel, claro está.
Es evidente que, según se van enfriando las relaciones entre Trump y Putin, los halcones de ambos países, Rusia y EEUU, dejan oír su graznido cada vez más alto. La última y agria conversación telefónica que mantuvieron Putin y Trump llevó al presidente estadounidense a amenazar el 17 de julio con su ultimátum de los 50 días si no se alcanzaba un acuerdo de paz con Kiev. En esa ocasión, Medvedev afirmó que a Moscú ese ultimátum "le es indiferente". Ahora, con el nuevo ultimátum, Medvedev habla de "paso hacia la guerra".
En el aire la posible cumbre Putin-Trump en Pekín
Por el momento, este enrarecimiento de las relaciones ha llevado al Kremlin a dejar a un lado la posibilidad de una cumbre entre Putin y Trump en China a principios de septiembre, cuando se celebrará el 80 aniversario de la victoria sobre Japón en la Segunda Guerra Mundial.
Ese encuentro bilateral estaba siendo considerado a pesar incluso del malestar de Pekín después de que EEUU acusara a China esta semana ante el Consejo de Seguridad de la ONU de nutrir con componentes tecnológicos de doble uso a la maquinaria militar rusa, especialmente para la fabricación de misiles y drones. China negó de nuevo tales acusaciones, que lo que han logrado es restar opciones a un encuentro entre Putin y Trump en Pekín en torno al 3 de septiembre.
El propio portavoz del Kremlin no descartó más reuniones con Estados Unidos, pero no consideró muy factible esa eventual cumbre en China. No obstante, Peskov no fue tajante. "Si el presidente estadounidense decide visitar China durante esos días, por supuesto, en teoría, no se puede descartar una reunión de ese tipo", explicó. El Kremlin lanzaba así un cebo a la Casa Blanca que podría incluso ser determinante a la hora de que Washington cumpla su último ultimátum y sobre el alcance real de las nuevas sanciones con las que amenaza a Rusia.

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