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Trump, retrato de "un acosador en serie"

El presidente de Estados Unidos, señalado en varias ocasiones como acosador, apoya de forma sistemática a los denunciados por abuso sexual, como a su candidato al Tribunal Supremo, el juez Brett Kavanaugh.

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El presidente estadounidense, Donald J. Trump. - EFE

Se situó dentro de la zona acotada para la manifestación y elevó al aire un cartel con un mensaje en ruso e inglés: "¡Dimite!". En el reverso, una fotografía de la familia Trump con el título de una serie de televisión levemente alterado. La "c" en The Americans, dibujada con la forma de la hoz y el martillo ("Witch hunt!"). No tardó mucho en verse rodeado de curiosos y gente dispuesta a discutir. Era una concentración de fanáticos de Donald Trump, pero él permaneció impertérrito ante las vehementes palabras que le dirigían. Pasado un rato le dejaron en paz. ¿Qué hacer ante alguien que no se inmuta?

La historia política de EEUU está llena de discursos icónicos. La presidencia de Trump difícilmente dejará literatura memorable

El tipo vestía camiseta de tono rosado con una leyenda impresa sobre el torso. La serigrafía de un discurso presidencial, firmado por el 45º Presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump. Palabras solemnes: "Intenté follármela. Estaba casada. Lo intenté como una puta, pero no pude llegar ahí". Más adelante, se podía leer: "Las empiezo a besar. Es como un imán. Simplemente besarlas. Ni siquiera me espero. Y cuando eres una estrella, te dejan hacerlo. Puedes hacer lo que quieras. Agarrarlas por el coño. Lo que quieras".

La historia política de Estados Unidos está llena de discursos icónicos. La presidencia de Donald Trump difícilmente dejará literatura memorable, aunque sí una cantidad inabordable de libros de todo signo y un rastro infinito de polémicas. Las sexuales lo perfilan como un "acosador sexual en serie y un abusador". Así lo piensa Jessica Leeds, que contó en su día cómo Trump se abalanzó sobre ella en un avión para besarla y manosearla. También Samantha Holvey, que describió sus paseos por los camerinos de Miss América mientras las aspirantes se cambiaban de ropa. O Rachel Crooks, recepcionista en la Torre Trump, en Nueva York, a la que supuestamente dejó atónita después de que la besara en las mejillas y en la boca sin su consentimiento.

Ocho de las mujeres que en el pasado han descrito este tipo de comportamientos del ahora presidente se unieron este miércoles a través de un comunicado. Expresan su rechazo a la reacción de Trump a las cuatro denuncias por presunto acoso sexual que han surgido en los últimos días contra su candidato al Tribunal Supremo, el juez Brett Kavanaugh. Tras conocerse la primera, la de Christine Blasey Ford, Donald Trump mantuvo un insólito perfil bajo. Pero la cuerda que amordabaza su locuacidad se fue aflojando y, aunque en las últimas horas ha abierto por primera vez la puerta a retirar la candidatura del juez, no ha dudado en desacreditar a la tercera de las presuntas víctimas de Kavanaugh, Julie Swetnick. La disparó apuntando hacia su abogado, Michael Avenatti, de quien dijo que "es bueno haciendo acusaciones falsas".

Todo un presidente de Estados Unidos negando en un arrebato de tuit la denuncia de una violación grupal

Pongámonos en la piel de esta mujer. Todo un presidente de Estados Unidos negando en un arrebato de tuit la denuncia de una violación grupal. La figura más poderosa del país ejerciendo de juez totalitario frente a una ciudadana que detalla una violación en una declaración jurada. No se le permite ni el beneficio de la duda. Que sea cierto o no el testimonio, no le corresponde juzgarlo al presidente. Y menos minutos después de que se haga pública una denuncia así de grave. Por la tarde (noche en España), combinó en rueda de prensa su convicción de que son mentiras con su disposición a cambiar de opinión. Así es el universo mental de Trump, donde una cosa y su contraria conviven en armonía.

Nada nuevo en la actitud de Donald Trump si de abusos a mujeres se refiere. El pasado mes de diciembre, apoyó hasta el último momento al candidato republicano al Senado por Alabama, Roy Moore, de quien, durante la campaña, se desvelaron posibles abusos a menores. Entonces fueron los electores quienes sentenciaron lo que ya había prescrito para la justicia.

La actriz estadounidense Alyssa Milano protesta junto a otras manifestantes contra el candidato al tribunal Supremo, Brett Kavanaugh. - EFE

Trump aplica y sugiere para casos así una táctica muy sencilla: negarlo todo de manera insistente (método también conocido como "fake news"). Todas las historias son invenciones (aunque no todas quienes le acusan tengan como abogado a Avenatti). En el libro Fear de Bob Woodward, el periodista recoge el siguiente consejo de Donald Trump a un amigo: "Tienes que negar, negar, negar y hacerlas retroceder. Si admites algo o algún tipo de culpabilidad, estás muerto". De momento, Brett Kavanaugh ha negado insistentemente, aunque el retrato casi beatífico que él mismo ofreció de su adolescencia y juventud empiece a resquebrajarse.

Trump aplica y sugiere para casos así una táctica muy sencilla: negarlo todo de manera insistente

A un mes de las elecciones que coronaron a Donald Trump, The Washington Post  hizo pública la grabación de la que salen las palabras que el solitario ciudadano anti-Trump lucía en su camiseta de tonos rosas. Las profirió en 2005. Una conversación con el presentador de televisión Billy Bush (sí, es de la familia). Mientras los electores escuchaban cómo Trump presumía de "agarrarlas por el coño", los demócratas creyeron haber agarrado definitivamente la victoria. Y los republicanos, que la aventura se acababa. "Asqueado" se mostró el actual presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan. De "repugnante" lo calificó Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado. Trump se había casado con Melania meses antes de aquellas palabras. El 68% de las mujeres veían de manera desfavorable o muy desfavorable a su marido a un mes de las elecciones.

La ahora primera dama hizo público un comunicado en el que calificaba de "inaceptables" las palabras de su marido en el vídeo, pero pronto viraba de rumbo para defenderlo, porque no representaban "al hombre que conozco". En realidad, su hombre ya había dejado claro que le parecía mal que las mujeres denunciaran a los acosadores. Por ejemplo, en el verano de 2016, cuando dimitió Roger Ailes, presidente de su canal favorito, la Fox. ¡Con lo mucho que él les había ayudado!, se quejó el entonces candidato. Preguntado por cómo se sentiría si su hija Ivanka hubiera sufrido el mismo acoso que las denunciantes, Trump sugirió que en tal caso ella se buscara otro trabajo.

Melania Trump concluía el mensaje sobre las desagradables palabras machistas de su marido deseando que "la gente acepte su disculpa, como he hecho yo". Y, por lo visto, así fue: Trump ganó las elecciones. También muchas mujeres lo hicieron (si es que alguna vez creyeron tener algo que perdonarle). Lo podemos concluir de un dato: el 47% de votantes de Trump fueron mujeres. De ellas, y contra los estereotipos clasistas más extendidos sobre los votantes trumpistas, un 14% tenía formación universitaria.

Ellas representan la gran esperanza demócrata de cara a las elecciones legislativas de noviembre

Los datos proceden de una encuesta publicada este verano por el Pew Research Center y revelan algo que puede parecer muy pequeño pero que podría tener consecuencias mayúsculas. Una de las características de este trabajo demoscópico es que hizo un seguimiento mensual de la evolución de la opinión de los partipantes en el sondeo, lo que permite tener un retrato preciso de sus cambios de humor. Y mientras la base electoral de Trump no fluctúa en exceso en lo que llevamos de presidencia, es por el lado de las mujeres donde se le está agrietando el sólido pilar.

El 14% de las mujeres con estudios universitarios que votaron por él lo ven cada vez con peores ojos. En marzo de 2018, un 26% de ellas tenía poca o ninguna simpatía por Donald Trump. Nueve puntos más que al poco de ganar las elecciones. También crece un 13% la desafección entre las mujeres sin estudios universitarios.

Ellas, que han organizado dos grandes manifestaciones desde que Trump es presidente, representan la gran esperanza demócrata de cara a las elecciones legislativas de noviembre. No solo las votantes, también las nuevas candidatas que se presentan ofreciendo una imagen de (todavía lenta) renovación del partido. Una apuesta en femenino para agarrar al presidente por los votos.