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Venezuela La dolarización de Venezuela

La hiperinflación provoca que comercios fijen y acepten pagos en la moneda de EEUU

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Un hombre cuenta bolívares en una calle de Caracas el 29 de enero de 2019 | AFP/Luis Robayo

Cuando la hija de Víctor Álvarez salió al patio después de clase tenía el dinero justo para comprar un ‘pansito’ (bocadillo), pero prefirió esperar porque no tenía hambre. Por la tarde, cuando por fin se decidió a comprarlo, el precio había incrementado y ya no le alcanzaba. Este es solo un ejemplo cotidiano de la grave crisis hiperinflacionaria que sufre Venezuela, que superó el 1.600.000% en 2018 y se prevé que sea todavía más alta este año. Ante este panorama el dólar americano se está apoderando en los últimos meses de buena parte de los comercios de Caracas que tienen esta moneda para uso corriente. Es lo que en economía se conoce como un proceso de dolarización.

Víctor Álvarez es economista e investigador, premio Nacional de Ciencias de Venezuela, explica que la causa de este fenómeno es que el bolívar ha perdido sus tres funciones básicas como moneda: 1- como unidad de precio, eliminada por las constantes variaciones de los costes, 2- como medio de pago, desaparecida por la ingente cantidad de billetes que se necesita para comprar cualquier producto por sencillo que sea y 3- como reserva de valores y ahorro, anulada por la continua devaluación de la divisa. “Como el poder de compra no vale, la gente tiende a protegerse refugiándose en el dólar”, apostilla el también profesor universitario.

El efecto es palpable en las calles de Caracas donde se aceptan dólares en casi todos lados

El efecto es palpable en las calles de Caracas donde se aceptan dólares en casi todos lados. Incluso hay negocios en los que ya no se aceptan bolívares, como por ejemplo las tiendas de productos electrónicos y de tecnología y, en menor medida en los talleres de venta de repuesto de vehículos. Las piezas suelen comprarse fuera del país en esta moneda y los vendedores necesitan garantizarse la inversión. Esto obliga que cuando aceptan bolívares lo hagan en función de la tasa diaria correspondiente.

Es una de las razones por las que ha disminuido tanto el tráfico en Caracas en los últimos años. Los recambios son cada vez más caros para el bolsillo del venezolano y solo pueden comprarse coches de importación en “moneda dura” (dólar o euro), después de que ya no se fabriquen en el país debido al problema inflacionario. Cuando un coche se estropea es muy probable que el usuario no tenga dinero para repararlo y se quede en casa.

“Todo se ha encarecido por el coste del dólar. Nos está consumiendo la vida”, lamenta el dueño de una tienda de repuestos en el centro de la capital que no puede comprar todas las piezas que necesitan su comercio. Para el consumidor que puede pagar las reparaciones, se le añade el problema de hallar un comercio que tengan lo que necesitan. Las baterías son una de las cosas más difíciles de encontrar en estos momentos.

A raíz de este problema ha ganado popularidad el portal de compraventa ‘Mercado libre’ donde multitud de venezolanos entran para buscar los accesorios para sus vehículos. Aunque aquí el precio suele ser más elevado tiene la ventaja de poder encontrar lo que se necesita. “El problema es que nadie sabe la procedencia de las mercancías. No hay control”, relata Gabriel que hace unos días quedó con un desconocido en un centro comercial para hacerse con un nuevo eje de cambio para su moto. El origen de estas piezas lo tiene muy claro el dueño del taller: “El mercado negro. Ahorita vienen mucho de Colombia”, asegura.

La dolarización es en buena parte responsable del desabastecimiento de productos básicos y medicinas

Pero la dolarización afecta de una manera más cruel a los sectores que están obligados a aceptar la moneda venezolana como las farmacias o las tiendas de alimentos. “Los comercios que facturan en bolívares rápidamente los cambian a dólares después de cada factura”, explica Álvarez.

La dolarización es en buena parte responsable del desabastecimiento de productos básicos y medicinas que sufre la nación caribeña. Al haber dependido históricamente del petróleo, Venezuela apenas tiene producción interna y debe importar todo lo referente maquinaria, materias primas e insumos. Como esta importación se hace en dólares las farmacias y tiendas de alimentos apenas tienen dinero para nutrir a sus clientes, y además se ven obligados a poner precios elevadísimos.

Los más afectados son los ciudadanos que no tienen contacto con la moneda norteamericana. Moisés trabaja en una empresa importadora de alimentos y gana 90.000 bolívares al mes, cinco veces más que el sueldo mínimo. “Yo ganó bien. Y no puedo comprar comida. Un kilo de queso ya vale 12.000”. También explica que le suben el sueldo cada mes pero que la inflación lo anula en pocos días y su poder adquisitivo baja para obtener cualquier cosa que esté en dólares.

Inflación en dólares

En los últimos meses, los venezolanos que tienen acceso a moneda dura están viendo que no les cunde como antes. Los precios crecen más rápido que la tasa dólar/bolívar en el mercado negro —donde se cambian— y necesitan más dólares para comprar lo mismo. Es lo que se ha venido conociendo como “inflación en dólares”, que algunos economistas no sabían explicar.

Álvarez aclara que es erróneo llamarlo así y que solo se trata de una “sensación” provocada por unas nuevas medidas bancarias del gobierno que han conseguido frenar el ascenso del llamado “dólar paralelo”, pero no el de la hiperinflación. Anteriormente, los bancos se veían obligados a acudir al mercado negro para proteger su sobrante convirtiéndolo en dólares, pero ahora ya no pueden disponer de este sobrante. De tal manera que el mercado tiene menos demanda de dólares y por lo tanto su precio sube menos. Se trata de una batería de medidas que Maduro está llevando a cabo para intentar frenar la monstruosa inflación de Venezuela que, de cumplirse el pronóstico del FMI para 2019, superaría el 10.000.000%.