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Viajes Europa covid Bruselas intenta evitar un cerrozajo de fronteras interiores en Europa como el de primavera

Portugal ha sido el último país en anunciar restricciones fronterizas para frenar la propagación del virus.

Imagen de archivo de un aeropuerto alemán.
Imagen de archivo de un aeropuerto alemán. EFE/EPA/HAYOUNG JEO/Archivo

El aumento de contagios y fallecidos en las últimas semanas y el miedo a las mutaciones del virus, junto al rifirrafe entre la Comisión Europea y AstraZeneca por la falta de vacunas, ha llevado a los Estados miembros a plantearse un posible cerrojazo de fronteras. Un escenario que intenta evitar a toda costa Bruselas, recordando el cierre caótico de la pasada primavera, que puso en peligro la solidaridad europea y el suministro de bienes de primera necesidad entre socios, dejando aisladas a las regiones más afectadas por el virus.

Ante la posibilidad de un nuevo cierre de fronteras interiores para frenar la expansión del virus, poniendo en entredicho la integridad de la zona Schengen, la Comisión Europea busca alternativas. Entre ellas, la prohibición de los viajes no esenciales, tal y como explicó en rueda de prensa este jueves la comisaria Ylva Johansson al término de la reunión con los ministros y ministras de Interior. Una solución para frenar la propagación y evitar el cierre de fronteras de forma unilateral, y que algunos países ya habían puesto encima de la mesa.

Para el Ejecutivo comunitario, "uno de los mayores logros de la Unión Europea es el derecho de los ciudadanos a circular y residir libremente en cualquier país de la UE", además del motor de la economía. Por ello considera necesario "un enfoque coordinado, predecible y transparente en la adopción de restricciones a la libertad de circulación con el fin de evitar la propagación del virus, salvaguardar la salud de la ciudadanía y mantener la libre circulación dentro de la UE en condiciones seguras".

El pasado 13 de octubre, en plena segunda ola, los Estados miembros adoptaron una serie de medidas para limitar la propagación del virus, como son los requisitos de cumplir una cuarentena o someterse a una prueba PCR antes o después de viajar. Tres meses después, los Veintisiete piden nuevas medidas para controlar la curva de la tercera ola, aunque se comprometen a priorizar medidas sanitarias, tal y como se hizo en otoño.

Hasta ahora había un mapa que muestra los niveles de riesgo de cada zona mediante un sistema de semáforos. Desde el 25 de este mes la Comisión Europea ha hecho una nueva actualización, donde a los colores existentes (rojo, naranja, verde y gris), ha añadido el rojo oscuro para identificar a las zonas en las que hay una incidencia del virus muy elevado, con una tasa de notificación en los últimos 14 días superior a 500 cada 100.000 habitantes.

Según el mapa que ha publicado el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC, en sus siglas en inglés), en la última actualización, toda España estaría de rojo oscuro, salvo Navarra, Asturias y Cantabria. También se librarían la Comunitat Valenciana y Murcia, pero no por buenos resultados, sino por no haber presentado sus datos actualizados.

A pesar de que corresponde a cada Estado miembro decidir qué medidas aplicar a las personas que viajen a sus territorios, Bruselas propone desaconsejar los viajes no esenciales para evitar el cierre de fronteras y garantizar el funcionamiento ininterrumpido del mercado único y las cadenas de suministros. La Comisión Europea recomienda a los Estados "adoptar, mantener y reforzar intervenciones no farmacéuticas, como la recomendación de no salir de casa y el cierre temporal de determinadas empresas en zonas clasificadas como rojo oscuro". Propuesta que corresponde al Consejo considerar y que deben aceptar los Estados miembros.

Cierre de fronteras en seis países

Portugal es uno de los países que más está sufriendo los estragos de la pandemia en las últimas semanas, viendo cómo sus servicios básicos de atención están colapsados. Por ello ha anunciado este jueves el cierre de su frontera con España, por un plazo inicial de dos semanas, a partir de este domingo. Lo hace cerrando la frontera terrestre, pero también limitando las salidas por mar y aire. Medida anunciada tras la aprobación de un nuevo estado de emergencia, que además del perimetral de fronteras, permite la contratación de personal sanitario extranjero y de jubilados.

Esta no es la primera vez que se cierra la frontera entre Portugal y España. Ya ocurrió durante la primera ola, entre el 17 de marzo y el 1 de julio. En la reunión con sus homólogos europeos, el ministro de Interior luso, Eduardo Cabrita, insistió en que la medida acordada no era una decisión unilateral, aclarando que se ha hecho en coordinación con el Ejecutivo de Pedro Sánchez, en línea con las recomendaciones de Bruselas.

Lisboa es la sexta capital que anuncia el cierre de sus fronteras en la UE para poner freno al virus. El país más precoz fue Dinamarca, que ha previsto la limitación entre el 12 de noviembre y el 11 de mayo, aunque reconoce que espera que pueda levantar su medida a la entrada de la primavera. Hungría fue el segundo país en tomar esta drástica decisión. La tomó durante el periodo navideño, aprobando el cierre de fronteras entre el 30 de diciembre y el 1 de marzo. Un poquito más laxo ha sido Austria, que ha previsto el aislamiento entre el 9 de enero y el 7 de febrero. Finlandia también he previsto esta medida entre el 11 de enero y el 25 febrero. Y, en último lugar, Bélgica ha anunciado el cierre de su frontera al turismo hasta el 1 de marzo.

La capital de Europa ha vetado los viajes de ocio desde y hacia otros países de la Unión Europea desde el pasado 27 de enero y hasta el próximo 1 de marzo. Las autoridades del país confían en que esta medida ayude a contener el virus y evite desplazamientos no esenciales durante el periodo de vacaciones de Carnaval. Sin embargo, el primer ministro, Alexander de Croo, ha explicado que estas medidas incluyen algunas excepciones, como los desplazamientos profesionales y de ciudadanos transfronterizos, visitas parentales, de estudiantes y viajes por imperativo familiar, ya sea por enfermedad o defunción.

Desde el pasado lunes 25 de enero, los ciudadanos belgas y residentes que tengan permiso para viajar, a su vuelta del extranjero deberán de hacerse un test PCR en su primer día de retorno. Después deberán guardar cuarentena y realizarse una nueva PCR una semana después. Para los no residentes, Bélgica exige una prueba doble de PCR (a la salida y a su llegada al país), así como respetar una cuarentena de una semana. Además, aquellas personas que vengan de Reino Unido, Irlanda, Sudáfrica o Latinoamérica deberán guardar una cuarentena de diez días, en lugar de siete.

Alemania veta la entrada desde zonas con mutación

Alemania ha dado los primeros pasos para restringir los movimientos y evitar así el cierre de fronteras. Berlín defiende que todos los países deben de comprometerse a exigir un test previo al viaje y guardar cuarentena a su llegada, aunque exige a la UE un nuevo protocolo para ralentizar la propagación de las nuevas variantes del virus. Y ha tomado las riendas al respecto.

Si el Ejecutivo de Angela Merkel ya anunciaba a principios de esta semana que estaba estudiando la posibilidad de reducir "casi a cero" los vuelos internacionales para protegerse de nuevas variantes del virus, este viernes ha dado a conocer el veto de entrada a cualquier ciudadano o ciudadana que proceda de zonas con dichas mutaciones. Según Efe, la medida entrará en vigor este sábado y afectará a aquellas personas que "ingresen por vía aérea, terrestre o marítima en el país, hasta previsiblemente el 17 de febrero".

No es una sorpresa, ya que en el encuentro entre ministros de Interior de este jueves el alemán Horst Seehofer ya adelantó "el peligro que representan las diferentes mutaciones del virus exige que estudiemos y debatamos medidas drásticas". Entre los países afectados se encuentran Reino Unido, Sudáfrica y Brasil, pero también Irlanda y Portugal.

Así, advirtió a sus vecinos que, "para proteger a nuestra población, no deberá de haber entradas desde regiones donde estas variantes del virus estén descontroladas", instándoles a adoptar medidas estrictas para evitar restricciones de libre circulación con el resto de socios.

El cierre de fronteras preocupa especialmente a los países que tienen una mayor dependencia del turismo, como es el caso de España, y por ello defienden la libre movilidad y las medidas de control sanitarias. El ministro Fernando Grande-Marlaska ha defendido frente a sus homólogos europeos medidas "consensuadas, coordinadas y coherentes con las que aplican dentro del territorio de cada Estado miembro". Así, el ministro de Interior ha advertido de que "cualquier restablecimiento de controles que necesite durar más de unos días deberá de ser proporcionado y objeto de consenso y coordinación".

Con el objetivo de frenar el efecto dominó entre las capitales y acabar con los cierres de fronteras unilaterales, la Comisión Europea ha anunciado esta semana que no permitirá que las vacunas fabricadas en territorio europeo puedan exportarse a terceros países sin la luz verde del Ejecutivo comunitario. Una medida que, junto a la reciente autorización de este viernes de la vacuna de AstraZeneca, espera que dé confianza a los Veintisiete.

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