¿Qué hace reír a los mayores?
El paso de los años no parece tener una única fórmula para el humor. Hay quien gana con la edad en sentido del humor y carcajadas.

Madrid-
Reírse a carcajadas no tiene edad, aunque con los años no todo el humor se recibe de la misma manera. Las personas mayores pueden disfrutar de las bromas sobre la vejez e incluso reconocerse en ellas, pero también rechazan aquellas que recurren a tópicos o las que les convierten en objeto de burla.
Mabel Cardoso tiene 70 años y vive sola. Pero eso no significa que pase el día sin compañía: "Me río sola constantemente", explica. El sentido del humor se activa casi a diario y, de alguna manera, también le hace compañía. Lo considera una parte esencial de su vida.
Sin embargo, hay algo que no le hace ninguna gracia: las bromas sobre la vejez. "No me molesta que se bromee con ello, pero no me genera risa y mucho menos cuando quien bromea aún no ha llegado a esta etapa de la vida", explica.
La experiencia de Cardoso no es una excepción. Un estudio publicado en 2026 en Cogent Gerontology, titulado Si no me riera lloraría, concluyó que el humor en la vejez se convierte en una forma de afrontar dificultades y sobrellevar algunos de los problemas asociados al envejecimiento. Sin embargo, también habla de los límites: no todas las bromas son aceptables y los chistes sobre la edad se vuelven una forma de edadismo cuando convierten a las personas mayores en un estereotipo.
Más sentido del humor
Juan Carlos Olmedo, de 80 años, lo vive de otra manera. Afirma que con el paso del tiempo no ha perdido la capacidad de reírse: "Siento que ahora tengo más gracia, me da igual todo y mi sentido del humor ha aumentado con el paso de los años", cuenta. También cree saber por qué: "Me he perdido muchas risas por estar pendiente del trabajo, de los hijos y del dinero".
Juan Carlos Olmedo (80 años): "Me he perdido muchas risas por estar pendiente del trabajo y del dinero"
Este jubilado explica a Público que hacerse mayor ha cambiado también la distancia con la que mira algunas cosas. Preocupaciones que antes ocupaban buena parte de su tiempo ahora pesan menos y situaciones que quizá antes le habrían irritado pueden sacarle una sonrisa.
También hay quién mantiene el sentido del humor gracias a sus seres queridos. Este es el caso de Jesús Iruzubieta, de 82 años, que explica que se ríe mucho con sus nietas, pero sobre todo de sí mismo: "Me hago muchísima gracia y en mi caso sí me hacen gracia los chistes sobre las personas mayores, muchas veces me siento identificado", explica.
La experiencia de Cardoso, Olmedo y Iruzubieta muestra distintas formas de relacionarse con el humor en la vejez. Y también plantea una pregunta: ¿Cambia el sentido del humor con los años o cambia, sobre todo, aquello que nos preocupa y la importancia que le damos?
Humor edadista
Durante mucho tiempo, la vejez ha sido un personaje recurrente de la comedia: el abuelo despistado, la señora que protesta por todo, el tropiezo, la frase repetida. La edad se convirtió en un conjunto de tópicos fáciles de reconocer.
Pero una cosa es reírse de alguien y otra, muy distinta, reírse con él. El humor puede ridiculizar y dejar fuera, especialmente cuando parte de clichés sobre lo que significa hacerse mayor. También puede servir para mirar con cierta distancia los cambios y las dificultades que llegan con la edad, siempre que la persona pueda reconocerse en ese humor.
Un gran ejemplo de ello son las viñetas de Paco Santero que se publican en la newsletter de La Buena Vida de Público, que abordan el edadismo desde el humor y ponen el foco en las situaciones cotidianas en las que los estereotipos sobre la edad se hacen visibles.



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