Cuando un sénior se reinventa: Óscar Arestizabal, de químico ecológico a entrenador de balonmano
El técnico bilbaíno, tras su prejubilación, se desplazó a Fuerteventura como entrenador

Madrid--Actualizado a
Óscar Arestizabal nació hace 66 años en Bilbao. Mientras crecía se hizo químico. A los 40 Óscar decidió dejar de trabajar para otros y montó con otros dos colegas su propia empresa. Siempre había creído en una química sostenible, en una química verde, que se aproximara más a la farmacia que a la industria del petróleo. Y ahí, como a sus socios, les llegó el éxito profesional.
Así, en 2003, inició una aventura empresarial con dos compañeros con un objetivo claro: desarrollar productos alineados con el respeto al medio ambiente, y lo consiguieron, con productos para la sanidad ambiental que no dañaran el ecosistema. El reconocimiento llegó pronto.
Para el año 2006 el éxito estuvo más que reconocido. Ganaron el Premio Europeo de Medio Ambiente al producto, además de premios en Euskadi y otros reconocimientos a nivel nacional. Un año después pasaron a formar parte de una red internacional de ciencia con base en Estados Unidos. Fue el resultado de mucho trabajo, el suficiente como para convertirse, a nivel estatal, en la primera empresa de su sector en certificarse en ecodiseño.
Del éxito profesional a la pasión por el balonmano
Como muchos, Óscar tenía planes para su jubilación. Según explica a Público, la pérdida de su mujer lo cambió todo. Siempre había llevado una vida activa, muy vinculada al mundo del deporte, en concreto al balonmano. Tenía claro que no quería ser un jubilado de los que deciden tomarse la licencia del descanso.
Decidió entonces dar salida a lo que siempre había sido su gran hobbie y su gran pasión, el balonmano. Antes de jubilarse se formó como entrenador y se sacó el título nacional y el europeo, fue entonces cuando comenzó a entrenar equipos en su ciudad. Hubo varios intentos de dedicarse por completo a ello, pero como pasa en muchos otros deportes, el balonmano da de comer a muy pocos y los demás lo hacen por pura afición. Tenía claro que no viviría de ello. Por eso, al jubilarse, decidió, en sus propias palabras, “no quedarse con la duda de saber que sienten quienes se dedican de forma profesional a lo que les apasiona”.
Tomó este deportista sénior la iniciativa de buscar un lugar fuera de Bilbao para entrenar, incluso en el extranjero, pero la vida le puso en el camino de forma inesperada una de las islas de nuestro archipiélago canario, Fuerteventura, mediante la llamada de una conocida que le propuso entrenar a un club de categoría territorial, con aspiraciones de ascender a Plata femenina. Tras conocer las condiciones y hablarlo con sus hijos y amigos, la respuesta fue afirmativa. “A ti te mueve”, fue la frase que le dijo el director deportivo del club en el que entrenaba entonces. Para él supuso tirarse a la piscina, pero a día de hoy, tres años después, no puede alegrarse más de haber tomado la decisión. Encontró un lugar donde retirarse sin dejar de estar activo. Pasó del éxito profesional a la pasión de su vida, el deporte y el balonmano.
De Bilbao a Fuerteventura
En la isla entrena distintas categorías, infantiles, cadetes y escuelas y convive con todo tipo de jugadores y jugadoras. “Todo el mundo me dice que no parece que tenga mi edad”, comenta. Más allá de vivir una vida más sana y activa, trabajar con adolescentes le mantiene en contacto con generaciones muy distintas a la suya, lo que le obliga a mantener una mentalidad abierta y receptiva, aunque no puede negar que el salto generacional cada vez es mayor y no siempre es sencillo conectar.
Pero conocer cómo ven la vida quiénes vienen detrás, qué les motiva y qué les preocupa, le ha reafirmado en una idea: ser entrenador es mucho más que explicar qué hacer en el terreno de juego. “Yo soy un elemento que aporta y que tiene que aportar“, insiste.
Arestizabal concede una importancia central a la dimensión psicológica y pedagógica que tiene la figura del entrenador: cómo se marcan los objetivos, cómo se trabaja y, sobre todo, como se comunica.
A sus compañeros de club les recuerda a menudo el impacto que tienen sus palabras, la forma de corregir o sancionar, porque en edades tempranas ese impacto puede ser definitivo. También subraya las diferencias que ha encontrado al entrenar equipos masculinos y femeninos, siempre desde su experiencia personal.
Según explica a nuestro medio, en general las jugadoras necesitan comprender el porqué de las decisiones, sentir que cada indicación tiene sentido. Entender estas diferencias, sostiene, es clave para conectar con los equipos. “El balonmano es un deporte, pero el femenino y el masculino se entrenan y se juegan de forma distinta; si no tienes claro eso, te vas a estrellar” suele advertir.
La experiencia le ha dado perspectiva también para tratar con las familias. A los padres les recuerda que los entrenadores comparten con sus hijos algo especial: el propio balonmano, aquello que más les gusta. Y a sus jugadoras de entre 13 y 16 años, les recuerda siempre que sus estudios son una parte fundamental y que no deben descuidarlos. De la misma forma insiste en que eviten la comparación y trabaja para que entiendan que un equipo se construye con la suma del cien por cien de cada una. Quizá ahí esté, al final, su propia definición del éxito: no en haberlo hecho todo, sino en haber dado el cien por cien en cada una de las etapas.
Por si fuera poco el cambio, además ha sacado tiempo para un nuevo deporte, el tiro con arco, del que ya es campeón en arco olímpico en su categoría y subcampeón en Canarias. El que tuvo retuvo.
Óscar Arestizabal es un sénior reinventado a sí mismo. Con el éxito profesional no le llegó la felicidad. Ahora como entrenador de balonmano en Fuerteventura, su hija y su hijo estabilizados y trabajando, está más cerca de conseguirla.

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