Jubilación, ¿oportunidad o condena?
Los factores económicos, laborales y de salud hacen que la despedida del mundo laboral sea un alivio o una etapa de incertidumbre. Las reacciones a dejar el trabajo son tan diversas como el propio colectivo sénior.

El mundo de las personas mayores es tan variado en edad, condiciones sociales, económicas y de vida que no hay un estereotipo para afrontar la jubilación. Tampoco es igual para un hombre que para una mujer. Público habla con algunos de sus protagonistas para conocer su adaptación a una vida sin obligaciones laborales. Hay respuestas para todos los gustos.
Sylvia Lezama fue durante más de 30 años personal ejecutivo en España de McCann, una de las agencias de publicidad con más prestigio internacional. De hecho, se prejubiló como directora adjunta de la compañía en la delegación nacional. Esta mujer independiente y sofisticada, a sus 73 años, responde tajante y sin rodeos que "dejar de trabajar fue para mí una mala noticia, empezar una vida que no quería".
Sylvia Lezama: "Dejar de trabajar fue para mí una mala noticia, empezar una vida que no quería".
Para Lezama, "jubilarme no ha sido una liberación, en los primeros tiempos fue duro". Además, admite que "no sabía qué hacer con mi tiempo libre. Tenía que reinventarme". Pero, por supuesto, se acabó adaptando. Eso sí, antes de la jubilación definitiva aceptó por un tiempo trabajar en otro sector profesional. "Hoy mismo volvería a incorporarme si pudiera", afirma Sylvia.
Sin embargo, cuando llegó el momento, aprendió a disfrutar de levantarse a la hora que le diera la gana, de leer el periódico por la mañana, de tener una vida activa a través del ocio y la cultura y de la red de amigas que gracias a su trabajo había hecho en lugares muy diferentes de España y el mundo.
Otra visión muy distinta de la jubilación tiene la suscriptora de Público Itziar del Salto. Dedicada buena parte de su vida laboral a trabajar como comercial en tiendas de muebles, asegura con rotundidad que "fue una liberación, sin duda alguna".
La sensación de "libertad y de poder de decisión me cambió mi vida para bien", admite esta trabajadora que empezó su vida laboral siendo casi una niña, y donde ha tenido que soportar trabajos muy duros en situaciones muy precarias.
Por eso, para Itziar, "hacer lo que más me gusta es no tener la espada de Damocles sobre la cabeza, no pensar si me van a echar o cómo sacar a mi hija adelante, es un privilegio".
Brecha de género también en la jubilación
También en la jubilación hay brecha de género, pero en este caso a favor de la mujer, según el también ya retirado Bartolomé Freire, psiquiatra y psicoterapeuta durante 40 años y autor del libro La jubilación, una nueva oportunidad.
Los expertos coinciden en que la mujer, aunque esté jubilada, sigue teniendo más peso en las labores del hogar, cuidan de las nietas y nietos, valoran y disfrutan mucho de las amigas y se integran con más facilidad que los hombres mayores en actividades y cursos para pensionistas que se organizan desde los ayuntamientos o asociaciones.
Pilar Rodríguez, presidenta de la Fundación Pilares, advierte, siempre que tiene ocasión, de que las personas mayores constituyen el grupo de población más heterogéneo y diverso. Para esta experta y exdirectora general del Imserso, es importante recordar que cada persona es diferente y puede responder de forma única.
"He perdido calidad de vida desde que se jubiló mi marido, ahora es mi sombra"
"La mujer sigue ejerciendo de cuidadora de su entorno y tiene menos tiempo para aburrirse", explica Carmen Aguado, ama de casa jubilada de Murcia. Esta mujer, que trabajó fuera de casa hasta que se casó, lamenta haber perdido calidad de vida "desde que se jubiló mi marido, porque antes era la dueña de mi casa y ahora no me lo quito de encima, es mi sombra". Según afirma, "está en la cocina cuando cocino, viene a la compra, exige ir a pasear todos los días a la misma hora, se mete en cómo me organizo con los nietos".
Rafael Sierra, quien fuera director de la Obra Social de Caja Duero antes de la fusión de la entidad financiera, asegura que "jubilarme fue una liberación, porque tras retirarme de ese cargo, el nuevo trabajo dentro de la Caja no me atraía nada"
De la misma opinión es Koldo Benito, de los Yayoflautas. A su juicio, "para los que trabajábamos duro y con bajos sueldos, como yo que fui camionero pero sin camión propio, jubilarse es una liberación". Este pensionista de 1.200 euros al mes sabe que no podrá permitirse lujos, "pero tengo el piso pagado, los hijos ya casados y con sus vidas y me divierto con amigos en el tute (juego de cartas) todas las tardes, disfruto de los nietos que son bien majos y paseamos mucho juntos mi mujer y yo". Pero, sobre todo, para Koldo ha sido muy positivo involucrarse en el activismo para solicitar mejores pensiones. "El día que hay protestas me divierto, ya toca al gobierno de turno escucharnos", admite.
"La mujer tiene menos tiempo para aburrirse como cuidadora universal"

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